Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Sonsoles de Frías, nueva virgen consagrada: «Cuando he cumplido la voluntad de Dios es cuando realmente he sido feliz»

Los planes de Sonsoles de Frías siempre fueron ser esposa y madre. «Yo buscaba en el matrimonio, pero tenía la certeza de que no era mi vocación». Supo que el Señor la llamaba a algo diferente, «pero seguía emperrada en el matrimonio». Ella buscaba a su príncipe azul, aunque en realidad «Él ya me estaba esperando». «Cuando yo ya me bajé del burro –cuenta–, fue cuando el Señor me dijo: «¡Soy yo tu amor!»».

Por eso Sonsoles, que se acaba de consagrar en el orden de vírgenes, dice, como san Pedro, «la paciencia del Señor es nuestra salvación», aunque también lo explica con sus propias palabras: «Al Señor le gusta hacer las cosas al chup-chup, no al microondas». Porque «cuando he cumplido la voluntad de Dios es cuando realmente he sido feliz». «Al final has visto, ¿no?, voy a ser esposa y madre; lo que yo quería hacer, lo voy a hacer de forma diferente». «Impresionante», resume, porque además el orden de vírgenes fue la primera opción que su director espiritual le propuso, aunque ella volvió a hacer un requiebro intentado alguna forma de vida religiosa.

A esta dimensión de esposa y madre, junto a la de virgen, se refirió el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en la consagración de Sonsoles de Frías y Adelina Crespo como nuevas integrantes del Ordo virginum, en la catedral de Santa María la Real de la Almudena, el pasado sábado, 4 de diciembre. Fue en una ceremonia en la que concelebraron el obispo auxiliar monseñor Jesús Vidal; el vicario de Vida Consagrada, Elías Royón, SJ, y el vicario general, Avelino Revilla, junto a otros sacerdotes. También ayudaron en la celebración varios seminaristas, que emocionaron especialmente a Sonsoles, por su juventud y por sus felicitaciones de corazón. «Me pareció precioso esas felicitaciones sinceras de gente que te acababa de conocer».

Allí estaban en la catedral su familia –faltaba su madre, fallecida el pasado 2 de octubre, a los 92 años–, todos «muy bien» aunque quizá algo «chocante para los más jóvenes: en el siglo XXI, una mujer virgen que se entrega al Señor cuando el sexo es el rey del mambo…». También su grupo de Acción Católica, realidad en la que Sonsoles vive su fe, y que fueron quienes le regalaron la alianza, uno de los signos, junto al velo, de su consagración. Y sus amigos y compañeros de trabajo, ahora un poco revueltos con la reconversión de Bankia en CaixaBank, que se le ha juntado todo a Sonsoles en esta semana porque además cambia de oficina, de compañeros… «Me sorprendió que gente que pensaba que no iba a venir, aquí estaban, y les pareció precioso». De hecho, una de sus compañeras le regaló la medalla de la Virgen –«de la Almudena», especifica– que llevaba en la ceremonia: «Sonso, quiero que tengas un recuerdo mío», le había dicho. Y otro, «¡Sonso, que te he hecho un montón de fotos!».

La mirada, solo en el Señor
Las otras vírgenes consagradas le recomendaron a Sonsoles que ese día solo tuviera la mirada fija en el Señor. Y así salió ella por el pasillo central de la catedral, dispuesta a vivir a fondo cada parte de la celebración. «Si nosotras hubiéramos tenido que elegir las lecturas de nuestra consagración, yo creo que no hubieran sido tan acertadas». Durante la primera, del profeta Baruc, cuando se refería a dejar el vestido de luto y vestirse de fiesta, «Adelina y yo nos mirábamos y decíamos: “¡Somos nosotras!”». También se vieron reflejadas en el salmo, «el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres»; en la carta de san Pablo a los efesios, haciendo referencia a «ese amor de la Iglesia, de preocuparte los unos por los otros, de alegrarte con sus alegrías…». Y en Evangelio, con ese anuncio de san Juan Bautista para preparar el camino del Señor que viene. La consagración significa «hacer un camino desde Cristo; solo desde Cristo, con Jesucristo, al lado de Jesucristo, con la fuerza de Jesucristo», les dijo el cardenal Osoro.

«Vuestra forma de vida es el seguimiento evangélico», las exhortó también el arzobispo durante la homilía, «con la sensibilidad y al personalidad que cada una de vosotras tenéis». Una tarea esencial en sus vidas, les recordó, es la oración: «Contemplar la belleza de Jesucristo, aquel que nos ama». «Vosotras –continuó–, para ayudar a toda la Iglesia diocesana, cultivad el sentido de pertenencia a Cristo, cultivad el sentido de pertenencia a la Iglesia», que es «nuestra Madre»; «cuidad la dimensión contemplativa de vuestra vida»; «tened asiduidad en el camino penitencial», interés en profundizar en el «conocimiento de la Escritura, del Magisterio de la Iglesia», y «tened pasión por hacer visible el reino de Dios con vuestra consagración y con vuestra vida, con una presencia coherente en medio de este mundo».

El cardenal Osoro animó en su homilía a las nuevas consagradas a amar «a la Iglesia como la Iglesia es y se presenta». La de los santos es «bella», dijo, pero la Iglesia de los que aún caminan por la tierra «necesitamos de vuestro amor, de vuestra entrega, de esa pasión por Jesucristo Nuestro Señor para que Él reluzca plenamente en la vida de la Iglesia». Y esto era lo que Sonsoles estuvo constantemente repitiendo en su interior toda la celebración: «Señor, que yo te transparente a ti». El cardenal también se refirió a esas palabras de san Pablo: «El que comenzó en nosotros la obra buena, él mismo la va a llevar a término».

Letanías y postración
Uno de los momentos que Sonsoles vivió con mayor intensidad fueron las letanías a los santos, postrada ante la cruz, encomendándose y dando gracias especialmente a santa Escolástica, «una de las primeras vírgenes consagradas en España», a santa María Goretti, a santa Teresa de Ávila, o a san Ambrosio, «uno de los que más importancia dio al Ordo virginum, y que tuvo una hermana virgen consagrada». Junto a ello, la recepción del anillo y el velo unida a las palabras de la liturgia: «No olvidéis nunca que habéis sido consagradas a Cristo y dedicadas al servicio de su cuerpo, que es la Iglesia». Y con esto se queda precisamente Sonsoles: con la disponibilidad «para lo que el Señor me pida, y en este caso, para lo que el obispo me pida», que es de quien depende el orden de vírgenes directamente. En definitiva, «la disponibilidad a lo que la Iglesia necesite, tanto en la parroquia, como en la diócesis, como en nuestros hermanos».

Desde el sábado hasta ahora, externamente no ha cambiado nada para Sonsoles, que ya vivía como una virgen consagrada, «¡pero la cantidad de gracias que yo he recibido ese día…!». Y expresa un deseo acompañado de una cita evangélica: «Que todas esas gracias den fruto. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis».

Infomadrid / B. Aragoneses

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