Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Reforma laboral: la dignidad del trabajo y el trabajo digno

En su Mensaje a la 109 reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT (17 de juniode2021), el Papa Francisco insistió en la necesidad de buscar soluciones que “nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de la negociación colectiva, y que promueva el bien común, una base que hará del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación. En ese sentido, el trabajo es verdadera y esencialmente humano. De esto se trata, de que sea humano”.

Así subrayó, por una parte, que debemos dar prioridad a las personas que trabajan en situaciones precarias y vulnerables, acabando con las desigualdades “que están minando la salud de toda la familia humana”; y, por otra, que es esencial una correcta comprensión del trabajo, atendiendo particularmente a la relación entre trabajo y cuidado, comenzando por el cuidar a los trabajadores.

Como siempre ha hecho la Doctrina Social de la Iglesia, el papa Francisco insiste en la centralidad de la defensa de la dignidad del trabajo y del trabajo en condiciones dignas. El trabajo está estrechamente vinculado al reconocimiento y el desarrollo de la dignidad de la persona. Por eso, “el gran tema es el trabajo” (FT 162) o, como dijo san Juan Pablo II, “el trabajo humano es la clave esencial de toda la cuestión social”, si queremos mirarla desde el bien de la persona (LE3).El trabajo hay que valorarlo siempre desde la dignidad de la persona que lo realiza (LE6).

Aplicando este principio a las relaciones laborales, el papa Juan Pablo II afirmó que una política laboral es correcta cuando los derechos de la persona trabajadora son plenamente respetados, pues “la realización de los derechos del hombre del trabajo no puede estar condenada a constituir solamente un derivado de los sistemas económicos (…) al contrario, es precisamente la consideración de los derechos objetivos del hombre del trabajo (…) lo que debe constituir el principio adecuado y fundamental para la formación de toda la economía” (LE17).

Esto es lo que está en juego en la reforma laboral en nuestro país. La legislación laboral tiene como objetivo fundamental colaborar a que se respete la dignidad del trabajo y que se realice en condiciones dignas, en definitiva, que el trabajo “sea humano”. En defensa del bien de las personas y del bien común de la sociedad, lo que debería primar siempre es que la nueva legislación laboral colabore lo más eficazmente posible a eliminar las desigualdades en las relaciones laborales, a acabar con la temporalidad, la precariedad y la inseguridad laboral, a reforzar la negociación colectiva en condiciones justas y eliminar las desigualdades que deterioran las condiciones laborales de muchos trabajadores y trabajadoras. Esta es la reforma que se necesita; no obstante, tampoco se puede olvidar que el principal problema laboral es la falta de trabajo que afecta a millones de personas, especialmente jóvenes, por lo cual habrá de facilitar a las empresas la creación de empleo y el acceso a un trabajo digno a tantas personas que ven con incertidumbre su futuro.

Y es bueno que sea fruto del diálogo social. Es un hecho muy positivo que Gobierno, organizaciones empresariales y sindicales hayan recuperado con fuerza el diálogo social que ya ha dado resultados muy importantes en diversos acuerdos. En el diálogo sobre la reforma laboral es también deseable que se llegue a un acuerdo que supere los intereses particulares. Pero que, sobre todo, se deje guiar por la defensa del trabajo digno y la dignidad del trabajo, para que avancemos en que el trabajo sea un elemento central en la configuración de la economía, para que esta tenga un “rostro humano”, como tanto insiste el papa Francisco. Como señaló la Conferencia Episcopal Española en “Iglesia, servidora de los pobres”: “La política económica debe estar al servicio del trabajo digno. Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social” (ISP32).

Ahora bien, siendo de una gran importancia la legislación laboral, no todo se acaba en ella para avanzar hacia el reconocimiento de la dignidad del trabajo y del trabajo digno. Es responsabilidad de toda la sociedad dar al trabajo la importancia decisiva que tiene, empeñándonos cada día en la defensa del trabajo digno, redescubriendo la dignidad de todo trabajo, no solo del empleo, haciendo realidad que “el gran tema es el trabajo”. Y en ello las comunidades cristianas tenemos una particular responsabilidad pues, como ha señalado el papa Francisco: “Hoy el trabajo está en riesgo. En un mundo donde el trabajo no se considera con la dignidad que tiene y que da (…) El mundo del trabajo es una prioridad humana. Y, por lo tanto, es una prioridad cristiana (…) Donde hay un trabajador, ahí está el interés y la mirada de amor del Señor y de la Iglesia” (Visita pastoral a Génova, encuentro con el mundo del trabajo, 27 de mayo de 2017).

Madrid, 23 diciembre de 2021
+Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria
Responsable de la Pastoral del Trabajo
Antonio Javier Aranda López
Director del departamento de la Pastoral del Trabajo

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