Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Padre Piloni: que la visita del Papa a Asís inspire gestos concretos

¿Qué actitud debemos tener hacia los más necesitados? En su cuarta meditación en vídeo del ciclo «Señora Santa Pobreza», en vista de la llegada de Francisco a la Basílica de Santa María de los Ángeles, el ministro provincial de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña ofrece algunos elementos de reflexión a partir del episodio del leproso curado por San Francisco.

Ciudad del Vaticano, 10 de noviembre 2021.- La reflexión de hoy del padre Francesco Piloni gira en torno al amor y al querer. Se detiene en la necesidad de seguir el ejemplo de Cristo, especialmente en la relación con los demás necesitados. El primer regalo que los pobres tienen que esperar de nosotros», dice, yendo al meollo de la cuestión, «no es tanto un plato de sopa como el establecimiento de la amistad y la fraternidad». Esta solidaridad plena debe ser percibida y tangible, porque el otro puede ser mejor comprendido cuando la relación se basa en el amor.

El punto de partida de la reflexión no es sólo el cuidado de los leprosos por parte de San Francisco, sino el hecho de que el Seráfico eligió la misma condición para él y para sus hermanos, ya que Cristo quiso por nosotros «ser considerado leproso». «Las florecillas de San Francisco» habla de uno de estos marginados que es impaciente y tan incomportable y obstinado, intolerante con la actitud de los hermanos que lo cuidan, y por eso rechaza sus cuidados. De ahí el encuentro con el santo, al que el leproso, quejándose, le reclama que no sólo debe soportar una enfermedad, sino también que aquellos que Francisco ha puesto a su lado no le sirven como deberían.

Asís: el programa del Papa Francisco con los pobres
La respuesta del pobre es concreta. Se ofrece a atenderle en persona y se pone a su entera disposición. «Quiero que me laves todo porque apesto tanto que no me soporto» pide el pobre hombre y lo consigue. Con devoción, sus miembros fueron limpiados por las manos del Serafín. El milagro que se produjo en su alma: así como la carne comenzó a ser curada, así el alma comenzó a ser curada. La misericordia que se le ofrece -comenta el padre Piloni- permite la curación total y toca «sus entrañas», redimiendo de una situación de sufrimiento físico y mental.

Es el amor en el enfoque lo que permitió el milagro y calificó esa relación de ayuda. «La forma de realizar el amor es la cuestión seria», repite el religioso. En resumen: la fuente del amor está en Dios y Cristo es el modelo de la verdadera caridad. Y esto también es cierto hoy en día. El padre Piloni identifica el componente afectivo de la misericordia como parte fundamental del testimonio. El ejemplo que cita es el de un joven que trabajaba para Cáritas y que un día, tras repartir durante semanas paquetes de comida a una familia que permanecía fría y desprendida, decidió llevar un ramo de flores. «Por fin nos han visto», respondieron.

Esto es lo que significa «amar como Cristo ama». La parábola evangélica del buen samaritano explica bien en qué consiste esta misericordia a imitar. El texto lucano relata cómo un hombre que había sido golpeado y dejado inconsciente por unos ladrones fue ayudado por un samaritano que «lo vio», «se compadeció de él» y lo auxilió. Todos los pasajes son importantes e indican una acción que comienza con los ojos y luego involucra el corazón y las manos.

No es un simple «compromiso» con los pobres. Se trata de «comprometerse», explica el Papa Francisco, reiterando la necesidad de que se active y alimente en el corazón un cierto grado de afectividad. Cuidar sin amor equivale a una actuación seca y vacía que en el Evangelio se representa con ir «más allá», ir por libre. Como el sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano.

Eugenio Bonanata y Daniele D’Elia
Imagen: San Francisco de Asís

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