Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Monseñor Montoya anima a plantearse este Adviento «si mi vida es un estímulo para la conversión de otros»

Cáritas Diocesana de Madrid comenzó el tiempo de Adviento con un encuentro preparatorio este lunes, 29 de noviembre, en el que el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Santos Montoya, habló sobre Adviento: momento de esperanza. El prelado quiso comenzar agradeciendo la labor de todas las personas vinculadas a la entidad: «El verdadero ejercicio de la caridad es el de todos vosotros».

Ante los congregados en el Centro de Estudios Sociales de la entidad, aseguró que con la llegada del Adviento, que marca el inicio de un nuevo año siguiendo el calendario religioso, «es conveniente hacer balance» a modo de examen, parar para ponderar «qué es lo que me mueve» en la vida, cómo es «mi testimonio cristiano» y «si mi vida es un estímulo para la conversión de otros», pero también «por dónde deberíamos avanzar en el próximo curso».

Una de las primeras lecciones que comunica este tiempo litúrgico, expresó el obispo auxiliar al referirse a las lecturas apocalípticas de los últimos días, es que «nada más empezar el nuevo año, nos habla del final». «Lo mejor en el cristianismo siempre está por venir», dijo, por eso estas lecturas no hacen al cristiano ser «catastrofista», sino que «tratamos de ver la realidad con toda su extensión». Una realidad que «se encarga de ponernos ejemplos todos los días de cómo se nos está hablando de esta provisionalidad de la vida», lo que no quiere decir que se le «esté aguando la fiesta a nadie».

El acompañamiento de Cáritas
El Adviento habla de la realidad del fin último manifestado en «finales parciales» de situaciones turbulentas en la vida, a las que Cáritas trata de acompañar ya desde su propio logo, recordó monseñor Montoya, que es una cruz dibujada con cuatro corazones. Pero también «habla de un comienzo último al final de los tiempos», y por tanto de comienzos parciales, en los que también ayuda Cáritas. El «Ven, Señor, Jesús», que recoge el sentido del Adviento y que se repite en cada Eucaristía, es un signo de «la necesidad que tenemos de esta presencia real de Jesús para poder salir al paso de las necesidades de los demás». Es la expresión «maranatha» o el «venga a nosotros tu Reino» del padrenuestro, añadió el prelado.

El trabajo de Cáritas, que «no se desentiende del prójimo», viene a responder a aquellos que acusan a los cristianos de estar alejados de las realidades del mundo. «La vida eterna no es una escapatoria, sino la mirada exigente para atender al otro aquí y ahora, sabiendo que hay una realidad que trasciende este mundo». «Accedemos a Dios a través del otro», puntualizó.

«Cáritas por tanto es pregonera del Adviento», porque anima a la esperanza a todos aquellos a quienes atiende. Y aunque e veces no dé «la respuesta esperada», la realidad es, como se está viendo en pandemia, que «la caridad no cierra», y por tanto «no se cierra a seguir ofreciendo esa mano que ayude a salir del bache y a dar sentido a esas vidas tan complicadas que conocéis». Huyendo del mero asistencialismo, pero también de «angelismo», Cáritas tiene un mensaje que le da la centralidad de su ser: la persona del Mesías.

Llamados a la alegría y la esperanza
El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, por su parte, presidió la Eucaristía del primer domingo de Adviento en la basílica de la Concepción, retransmitida por TRECE. «La esperanza es un valor fundamental para permanecer en la vida», aseguró durante la homilía. Pero no es cualquier esperanza, puntualizó, «es Dios con nosotros». En este comienzo de año litúrgico, el cardenal Osoro detalló los deseos de Dios para el hombre: reavivar la ilusión y la esperanza; no encerrarse en uno mismo, sino compartir la vida; cuidar a todos los hombres, «teniendo una mirada especial para quienes más lo necesitan», y ser creativos, «hombres y mujeres que abramos caminos para todos los hombres».

«La llegada de Cristo hace posible que todos los poderes divinizados caigan»: los ídolos, los falsos valores, los sistemas ideológicos «que acaparan la verdad y arrebatan la libertad humana»… Esta fue la experiencia de los primeros cristianos, y también la de los cristianos de ahora, porque «¿no estamos asistiendo actualmente a este derrumbe de la cultura dominante en nuestra sociedad occidental?».

Asimismo, con la venida de Jesús se anuncia «la nueva humanidad» y, ante las situaciones de crisis, Él «nos invita a los discípulos a no tener miedo», sino a «sentir el gozo de sentirnos amados cada día». «El ser humano –añadió– está llamado siempre a levantar la cabeza, a vivir en la esperanza». Quien se abre a Dios, continuó, «percibe su presencia y experimenta que Él, que Cristo, es la belleza que llena nuestro corazón». Este Jesús, que «no nos deja solos», que se hace realmente presente en la Eucaristía, quiere que «entremos en este mundo llevando su luz, su amor», concluyó.

Infomadrid / B. Aragoneses

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.