Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Madrid se vuelca en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

El domingo 25 de septiembre, la archidiócesis de Madrid se sumará con distintas celebraciones e iniciativas a la 108 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, convocada con el lema Construir el futuro con los migrantes y los refugiados.

Como subraya el Papa Francisco en su mensaje, «a la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, estamos llamados a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz».

«Si queremos cooperar con nuestro Padre celestial en la construcción del futuro, hagámoslo junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados. ¡Construyámoslo hoy! Porque el futuro empieza hoy, y empieza por cada uno de nosotros. No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz», asevera.

Vigilia y Misa
El obispo auxiliar de Madrid monseñor José Cobo presidirá una vigilia de oración delante del centro de internamiento de extrajeros (CIE), en la paza de Aluche, en la víspera de la jornada, el sábado 24 de septiembre, a las 12:00 horas. Con el lema En el CIE no hay futuro. Aquí construimos un futuro con migrantes y refugiados, el encuentro ha sido organizado por la Mesa por la Hospitalidad de la Iglesia en Madrid en colaboración con la Asociación Karibu, CIEs No Madrid, el centro de pastoral San Carlos Borromeo, Mundo en Movimiento, el Observatorio de DD. HH. Samba Martine, Pueblos Unidos, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y la parroquia de San Hilario de Poitiers.

Ya en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el domingo 25 de septiembre, a las 10:30 horas, como responsable del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, el obispo auxiliar también presidirá una Misa en la parroquia Santa Teresa de Jesús de Getafe. Será retransmitida por La 2 de TVE.

Por la tarde, a las 19:00 horas, la catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá la liturgia Morir de Esperanza, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. En la Misa, convocada por la Delegación Episcopal de Movilidad Humana, la Mesa por la Hospitalidad y la Comunidad de Sant’Egidio, con la colaboración de la Asociación Karibu, se recordará especialmente a quienes han perdido la vida tratando de llegar a Europa.

Carta del cardenal Osoro
El propio purpurado ha escrito una carta para animar a participar en la Misa, en la que alienta a la Iglesia que peregrina en Madrid y a la sociedad a «seguir construyendo el presente y el futuro con los inmigrantes y los refugiados». Según subraya, aunque hay «ejemplos de inclusión y de integración, de acogida y de participación, de protección y de promoción, de encuentro y enriquecimiento mutuo», queda «camino que recorrer» porque «la indiferencia, cuando no la hostilidad hacia el diferente, son actitudes que, como la cizaña, están presentes en nuestra realidad».

En este sentido, insiste en que «el futuro empieza hoy» con «la participación activa y el protagonismo de los inmigrantes y refugiados en la vida de nuestras comunidades parroquiales, en las instituciones parroquiales, en las instituciones diocesanas y en el tejido social de nuestros barrios», así como con «la práctica de la hospitalidad» y «el disfrute efectivo de derechos todavía no suficientemente reconocidos».

«Rezaremos por todas las personas que han muerto de esperanza en desiertos, mares y océanos, soñando un futuro mejor, y pondremos bajo el amparo y la intercesión de nuestra Madre, Santa María de la Almudena, nuestro compromiso para construir el futuro con los migrantes y refugiados», concluye.
Infomadrid

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 108ª JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2022
(25 de septiembre de 2022)
Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

«No tenemos aquí abajo una ciudad permanente,
sino que buscamos la futura» (Hb 13,14).

Queridos hermanos y hermanas:
El sentido último de nuestro “viaje” en este mundo es la búsqueda de la verdadera patria, el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo, que encontrará su plena realización cuando Él vuelva en su gloria. Su Reino aún no se ha cumplido, pero ya está presente en aquellos que han acogido la salvación. «El Reino de Dios está en nosotros. Aunque todavía sea escatológico, sea el futuro del mundo, de la humanidad, se encuentra al mismo tiempo en nosotros». [1]

La ciudad futura es una «ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hb 11,10). Su proyecto prevé una intensa obra de edificación, en la que todos debemos sentirnos comprometidos personalmente. Se trata de un trabajo minucioso de conversión personal y de transformación de la realidad, para que se adapte cada vez más al plan divino. Los dramas de la historia nos recuerdan cuán lejos estamos todavía de alcanzar nuestra meta, la Nueva Jerusalén, «morada de Dios entre los hombres» (Ap 21,3). Pero no por eso debemos desanimarnos. A la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, estamos llamados a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz.

«Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia» (2 P 3,13). La justicia es uno de los elementos constitutivos del Reino de Dios. En la búsqueda cotidiana de su voluntad, ésta debe edificarse con paciencia, sacrificio y determinación, para que todos los que tienen hambre y sed de ella sean saciados (cf. Mt 5,6). La justicia del Reino debe entenderse como la realización del orden divino, de su armonioso designio, según el cual, en Cristo muerto y resucitado, toda la creación vuelve a ser “buena” y la humanidad “muy buena” (cf. Gn 1,1-31). Sin embargo, para que reine esta maravillosa armonía, es necesario acoger la salvación de Cristo, su Evangelio de amor, para que se eliminen las desigualdades y las discriminaciones del mundo presente.

Nadie debe ser excluido. Su proyecto es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata. Es con ellos que Dios quiere edificar su Reino, porque sin ellos no sería el Reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición necesaria para obtener la plena ciudadanía. De hecho, dice el Señor: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25,34-36).

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa también reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Me gusta ver este enfoque del fenómeno migratorio en unavisión profética de Isaías, en la que los extranjeros no figuran como invasores y destructores, sino como trabajadores bien dispuestos que reconstruyen las murallas de la Nueva Jerusalén, la Jerusalén abierta a todos los pueblos (cf. Is 60,10-11).

En la misma profecía, la llegada de los extranjeros se presenta como fuente de enriquecimiento: «Se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti» (60,5). De hecho, la historia nos enseña que la aportación de los migrantes y refugiados ha sido fundamental para el crecimiento social y económico de nuestras sociedades. Y lo sigue siendo también hoy. Su trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y su entusiasmo enriquecen a las comunidades que los acogen. Pero esta aportación podría ser mucho mayor si se valorara y se apoyara mediante programas específicos. Se trata de un enorme potencial, pronto a manifestarse, si se le ofrece la oportunidad.

Los habitantes de la Nueva Jerusalén —sigue profetizando Isaías— mantienen siempre las puertas de la ciudad abiertas de par en par, para que puedan entrar los extranjeros con sus dones: «Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para que te traigan las riquezas de las naciones» (60,11). La presencia de los migrantes y los refugiados representa un enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual para todos. Gracias a ellos tenemos la oportunidad de conocer mejor el mundo y la belleza de su diversidad. Podemos madurar en humanidad y construir juntos un “nosotros” más grande. En la disponibilidad recíproca se generan espacios de confrontación fecunda entre visiones y tradiciones diferentes, que abren la mente a perspectivas nuevas. Descubrimos también la riqueza que encierran religiones y espiritualidades desconocidas para nosotros, y esto nos estimula a profundizar nuestras propias convicciones.

En la Jerusalén de las gentes, el templo del Señor se embellece cada vez más gracias a las ofrendas que llegan de tierras extranjeras: «En ti se congregarán todos los rebaños de Quedar, los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio: subirán como ofrenda aceptable sobre mi altar y yo glorificaré mi Casa gloriosa» (60,7). En esta perspectiva, la llegada de migrantes y refugiados católicos ofrece energía nueva a la vida eclesial de las comunidades que los acogen. Ellos son a menudo portadores de dinámicas revitalizantes y animadores de celebraciones vibrantes. Compartir expresiones de fe y devociones diferentesrepresenta una ocasión privilegiada para vivir con mayor plenitud la catolicidad del pueblo de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, y especialmente ustedes, jóvenes, si queremos cooperar con nuestro Padre celestial en la construcción del futuro, hagámoslo junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados. ¡Construyámoslo hoy! Porque el futuro empieza hoy, y empieza por cada uno de nosotros. No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz.

Oración

Señor, haznos portadores de esperanza,
para que donde haya oscuridad reine tu luz,
y donde haya resignación renazca la confianza en el futuro.

Señor, haznos instrumentos de tu justicia,
para que donde haya exclusión, florezca la fraternidad,
y donde haya codicia, florezca la comunión.

Señor, haznos constructores de tu Reino
junto con los migrantes y los refugiados
y con todos los habitantes de las periferias.

Señor, haz que aprendamos cuán bello es
vivir como hermanos y hermanas. Amén.

Roma, San Juan de Letrán, 9 de mayo de 2022
FRANCISCO


[1] S. Juan Pablo II, Visita a la parroquia romana de San Francisco de Asís y Santa Catalina de Siena, Patronos de Italia (26 noviembre 1989).

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