Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Luciani, beato en 2022: la lección de humildad de «un montañero tenaz»

El colaborador en la causa de beatificación de Juan Pablo I, don Davide Fiocco, nacido como Albino Luciani en Canale d’Agordo, en la zona de Belluno, recuerda la peregrinación de niño a Roma el 3 de septiembre de 1978, con motivo de la misa de inicio del Pontificado. «El aplauso de la gente no era para él». La humildad es una de sus grandes enseñanzas.

Ciudad del Vaticano, 28 de diciembre 2021.- «Es una hermosa coincidencia que la fecha de la beatificación del Papa Luciani se haya anunciado a la misma hora en la que el Papa Francisco habló de la humildad, tanto en la audiencia general como luego en la Curia Romana». Con estas palabras, Don Davide Fiocco, colaborador de la causa de beatificación de Juan Pablo I y director del Centro Papa Luciani de Santa Giustina, habla desde la diócesis de Belluno-Feltre que tiene en Albino Luciani a uno de sus hijos más ilustres. La noticia de que el «Papa de la sonrisa», pontífice durante sólo 33 días entre agosto y septiembre de 1978, será beatificado el 4 de septiembre de 2022 por Francisco en San Pedro, ha llegado a una región del Véneto donde la pandemia ha vuelto a causar miedo, pero la satisfacción entre los fieles es grande.

Colaborador en la redacción de la «Positio» para la beatificación
Don Davide, nacido hace 53 años en Canale d’Agordo, el mismo pueblo de las Dolomitas de Belluno que vio nacer a Albino Luciani, el 17 de octubre de 1912, es también director de la oficina de comunicación social de la diócesis. Desde 2012, ha asistido a la vicepostuladora Stefania Falasca, escritora y periodista de «Avvenire», en la redacción de la Positio super virtutibus (más de 3600 páginas) entregada a la Congregación para las Causas de los Santos en octubre de 2016.

El Papa Luciani será beatificado el 4 de septiembre del próximo año, 44 años y un día después de la misa de inicio de su pontificado.

¿Cree que por eso se eligió la fecha?
Me lo imagino. Es una hermosa circunstancia, una coincidencia que sin duda me gusta. También puedo decir que tengo un recuerdo personal de ese día, cuando era un niño de nueve años, porque estuve presente en la Plaza de San Pedro aquella tarde del 3 de septiembre de 1978. Recuerdo la impresión de un niño catapultado entre las 200.000 personas que había en esa plaza, que fue algo realmente increíble y muy extraño que ha quedado en mi memoria.

Pero mucho más fuerte es el recuerdo de la audiencia que concedió al pueblo de Belluno por la mañana en la Sala de las Bendiciones. Éramos dos mil personas y ver a este hombre, al que más o menos conocíamos, vestido de blanco. Nos causó una gran impresión, sobre todo a las personas mayores que lo habían conocido como Don Albino y lo veían como Juan Pablo I. Por eso todavía hoy releo con curiosidad las palabras que decía, pasando entre los presentes, saludándolos uno a uno. Era su estilo, y con nosotros, oriundos de Belluno, intentó realmente ser un aldeano, y lo fue, y lo sentimos.

¿Qué ha provocado la noticia de la fecha de la beatificación? ¿Se están preparando ya peregrinaciones y viajes de oración en Belluno?
Por el momento, no es posible. Como informan las noticias, el Véneto está un poco revuelto, esta ola de pandemia nos presiona, por lo que de momento seguimos siendo muy cautos. La reacción de la gente, de los medios de comunicación y de los grupos de fieles de los pueblos ha sido, sin duda, de satisfacción y de alegría: estamos contentos de que uno de nuestros compatriotas suba a los altares.

El Papa Francisco ha hablado en los últimos días de la humildad como la gran lección de la Navidad. ¿Otra analogía entre su ministerio y el del Papa Juan Pablo I?
Es toda una coincidencia que el anuncio de la fecha de la beatificación haya llegado prácticamente al mismo tiempo que el Papa Francisco hablaba en la audiencia general, y luego también a la Curia Romana, sobre la humildad.

La humildad es una de las grandes enseñanzas del Papa Luciani, también habló de ella en la Plaza de San Pedro en la audiencia del 6 de septiembre de 1978, reflexionando precisamente sobre la humildad, tema que recorre todo su magisterio, incluso como obispo. La imagen que él utilizaba a menudo es la del burrito de Jerusalén, que, aunque llevaba a nuestro Señor, no podía considerar ciertamente que los aplausos de la gente fueran para él. Así que esta enseñanza de Luciani queda en la historia, creo, como su virtud específica.

La decisión de Francisco de convocar un sínodo sobre la Iglesia sinodal este mismo año, ¿va también en la dirección de esa colegialidad episcopal tan querida por el Papa Juan Pablo I?
Ciertamente, las cosas están conectadas. La única intervención que hizo Monseñor Luciani en el Concilio fue precisamente en apoyo de la doctrina de la colegialidad episcopal. Doctrina que tuvo su laboriosa recepción tanto en los documentos conciliares como en el postconcilio. El Papa Luciani estaba convencido de ello y lo apoyó. Y, entre otras cosas, participó en tres sínodos como padre sinodal, interviniendo entonces, en la prensa, en defensa de esta elección que había hecho Pablo VI, de la que todavía sentimos el carisma profético.

Alessandro Di Bussolo
Imagen: Juan Pablo I el día de su elección

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