Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

La parroquia Santa Genoveva asiste con alegría a la bendición de la primera piedra del nuevo templo parroquial

«El nuevo templo supondrá un crecimiento en la vida pastoral». David Benítez, párroco de Santa Genoveva, en Majadahonda, no oculta su enorme alegría por la bendición y colocación de la primera piedra del nuevo templo parroquial. 14 años después de ser erigida canónicamente como parroquia, y cuando ya el barracón estaba empezando a dar, «como dicen los arquitectos, síntomas de fatiga de materiales», las obras de la nueva iglesia comenzarán a la vuelta de Navidad.

La ceremonia de bendición se llevó a cabo el pasado domingo, 19 de diciembre, durante una Eucaristía presidida por el cardenal Carlos Osoro. «Fue una Misa muy entrañable» a la que asistieron 500 personas, incluido el alcalde de la localidad, José Luis Álvarez Ustarroz, y autoridades municipales. En su predicación, el arzobispo se refirió al cuarto domingo de Adviento, que se celebraba ese día, y combinó su predicación con «el trabajo que una parroquia tiene que hacer».

El rito de la bendición en sí incluía la colocación de la llamada cápsula del tiempo, que portó uno de los jóvenes de la parroquia. Se trata de una urna en la que se introdujeron los periódicos del día, en concreto el ABC, El Mundo, El País, Marca y Expansión; las revistas Hola y Ecclesia; los recordatorios de ordenación de todos los sacerdotes que han pasado por la parroquia; los planos del nuevo templo y una maqueta en 3D; todas las monedas de curso legal acuñadas este año en España; un acta manuscrita que narra el acto de bendición; un bote con tierra y hojas de los olivos de Getsemaní, además de tierra del desierto de Judea, en Tierra Santa, y una lista con los nombres de todos los donantes, «en agradecimiento al esfuerzo económico», en este tiempo además tan complicado.

La urna se introdujo dentro de la piedra, que fue sellada y posteriormente bendecida, rociada con agua bendita e incensada por el arzobispo de Madrid. «Concédenos que el mismo Jesucristo, a quien constituiste principio y fin de todas las cosas, asegure el comienzo, el progreso y el término de esta obra», pidió el cardenal en la oración. Después, la piedra se colocó en el lugar exacto que va a ocupar en los cimientos del nuevo templo, «y el cardenal y yo echamos simbólicamente dos paladas de tierra». El cardenal Osoro compartió posteriormente una comida de fraternidad con los sacerdotes que han pasado por la parroquia a lo largo de estos años. «Para mí fue un momento de muchísima emoción y alegría, porque han sido muchos años de esfuerzo, y compartirlo con los sacerdotes y con el obispo es algo muy bonito».

La fe vivida en comunidad
El párroco destaca lo bonito del rito de bendición de la primera piedra porque «es como poner una semilla de algo que va a crecer», un templo donde ahora «solo hay un solar». Para los feligreses también es momento de emoción. «Después de tantos años, la expectación del Adviento se ha juntado con la expectación de la construcción del templo». Se inicia así una nueva etapa superada la burocracia, algo que Benítez nunca se hubiera imaginado cuando se ordenó. «De repente te encuentras que el trabajo de tu sacerdocio son negociaciones políticas, económicas, reuniones… La Misa, la catequesis…, eso también, pero aparte esto otro», ríe.

Ahora, cuando el barracón «no da para tener actividades a la vez», el párroco sueña ya con la nueva iglesia, «no solo un templo que hable de Dios a la gente, sino unos salones donde uno va a poder atender bien al niño, al anciano, al adulto, al necesitado, porque cada uno va a tener su espacio». «La parroquia no es mía, ni nuestra, sino vuestra», les dijo a los fieles en las palabras de agradecimiento al término de la Eucaristía. Porque «la fe no se vive sola, se vive en comunidad».

A la alegría personal «y por supuesto espiritual» del párroco tras esta ceremonia se une también la alegría eclesial, «porque es un trabajo de la Iglesia; han sido los sacerdotes, han sido los fieles y ha sido la diócesis», con gestiones conjuntas con el Departamento de Obras, el Consejo Económico del Arzobispado… «La parroquia no es un ente abstracto, sino que es parte de la Iglesia diocesana».

Infomadrid / B. Aragoneses

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