Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

La Navidad y la urgencia de la curación en un mundo desorientado

El cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, dirige una carta a los confesores, instándoles a convertirse en testigos de la revolución del amor de Cristo, en la misericordia y el consuelo.

Ciudad del Vaticano, 10 de diciembre 2021.- En una época de pandemia, en medio de los «gritos desorientadores» del mundo, el «coloquio de la confesión», manteniendo su propia identidad, está llamada a enfatizar aún más «aquellos aspectos de la curación, que en todo caso constituyen su esencia». El cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, escribe así en una carta dirigida a los penitenciarios de las basílicas papales romanas y a todos los confesores con motivo de la Navidad de 2021.

El cardenal insta a la gente a mirar e identificarse con Juan el Bautista, repitiendo al mundo: «He aquí el Cordero de Dios». «El confesor, con el ejercicio humilde y fiel de su ministerio, indica al mundo -explica el cardenal Piacenza- que el Señor está presente: está presente como abrazo misericordioso, como amor y justicia, como verdad y gracia, como consuelo y ternura». Una presencia aún más necesaria «en la desorientación contemporánea, que genera una soledad existencial, a veces dramática».

Sin Jesús no hay salvación
No se trata de un «Dios extranjero», ni de un «Dios lejano», sino de uno que decide entrar en la historia. «La unicidad salvífica de Cristo, que incluye lo verdadero y lo bueno, es la condición de posibilidad y de realidad de la salvación: si Jesús de Nazaret no fuera el único Salvador, simplemente no habría salvación». El Penitenciario Mayor subraya entonces que en un mundo distraído «paradójica pero verdaderamente, crece en los hombres la sed de verdad y de justicia, la sed de libertad y de liberación reales».

La revolución del amor
El confesor, además de dar testimonio de la presencia de Jesús, está llamado a identificarse, a prolongar «en y con la Iglesia, la misma misión de Jesús: reconciliar a los hombres en Dios, en la justicia y en la verdad, que en el Padre se llama Misericordia». Una misión cada vez más urgente. «En la ocultación del ejercicio de este precioso ministerio, ignorado e incluso atacado por un mundo tan secularizado que ya no comprende su naturaleza y la imprescindibles exigencias, el confesor -subraya el cardenal Piacenza- sabe bien que participa en la única revolución auténtica: la de la misericordia y el bien, la de la verdad y la justicia, en la «revolución del Amor» inaugurada por Jesucristo, que nos reveló que Dios mismo es Amor».

Una presencia que convierte
El amor, la conversión a Cristo, «único presupuesto necesario de toda otra conversión posible, tanto eclesial como social», pero también pastoral, construyen la Iglesia y el mundo. De ahí la recomendación a los confesores, en este tiempo santo, de que se esfuercen por «escuchar atenta y paternalmente a nuestros hermanos, conscientes de que, más aún en este período prolongado, tan particular, debemos ejercer el «ministerio de la consolación», que no es sino otro nombre de la Misericordia». La presencia -afirma Piacenza- será un estímulo para quienes se acerquen al sacramento de la Reconciliación. «Uno se conmueve y se convierte sólo por una presencia, ¡nunca por una ausencia!». En la conclusión, las felicitaciones por la Navidad y la expresión de profunda gratitud «por el servicio místico y sobrenatural a Cristo y a la Iglesia, a las almas y a la sociedad en su conjunto».

Benedetta Capelli
Imagen: El Papa se confiesa en la Basílica de San Pedro

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