Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial del 27.2.2022. VIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 6, 39-45)

INTRODUCCIÓN
Ver claro para sacar la mota del ojo de tu hermano

La vida cristiana no se reduce a una serie de actos exteriores, sin que se haya producido una auténtica conversión interior del corazón y de la mente. “De lo que rebosa el corazón habla la boca” (Evangelio). Si esto no se tiene en cuenta seremos como los fariseos hipócritas que exigían a los demás lo que ellos no estaban dispuestos a cumplir ni vivir. Por eso nos dice Jesús en el Evangelio que, antes de meternos a corregir a los demás, nos corrijamos a nosotros mismos y entonces podremos “ver claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”. La maldad o la bondad provienen del corazón del hombre y por ello el hombre se prueba en su razonar (1ª lectura).

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DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Eclesiástico 27, 4-7

Si se agita la criba queda la cascarilla; en las palabras del hombre aparecen sus defectos. El horno prue-ba los vasos del alfarero, la prueba del hombre es su conversación. El fruto revela el cultivo de un árbol, y la palabra del hombre descubre su corazón. Antes de oírlo hablar no alabes a nadie, porque ahí es donde se prueba un hombre.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 91, 2-3. 13-14. 15-16 (R/.: cf. 2a)
R/. Es bueno darte gracias, Señor

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo;
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R/.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R/.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
mi Roca, en quien no existe la maldad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

15, 54-58
Hermanos: Y cuando este ser corruptible se vista de incorruptibilidad y este ser mortal se vista inmortali-dad, entonces se cumplirá lo que dice la Escritura: La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el pecado ha desple-gado su fuerza con ocasión de la ley. Pero nosotros hemos de dar gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, hermanos míos queridos, manteneos firmes e incon-movibles; trabajad sin descanso en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-45

En aquel tiempo, Jesús les puso también esta parábola: –¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro. ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no adviertes la vida que hay en el tuyo? ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la mota que tienes en el ojo”, cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás bien para sacar la mota del ojo de tu hermano. No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por sus frutos. Porque de los espinos no se recogen higos, ni de las zarzas se vendimian racimos. El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón, y el malo de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

COMENTARIO
No hay árbol sano que dé fruto podrido,
ni árbol podrido que dé fruto sano

Al rezar con este pasaje de Lucas, merece la pena caer en la cuenta del modo de enseñar de Jesús, no es un modo adoctrinante, es un modo sencillo que ayuda a las personas a conectar con lo más profundo y real de sus vidas, y tocar su centro.

Utiliza una sencilla parábola de los ciegos y nos hace dos invitaciones importantes: mirar nuestra vida interior y vivir en humildad. Con ceguera, y entre ciegos, caemos en el ho-yo, necesitamos del maestro. Con este pasaje nos anima a reconocer que necesitamos de otros, no solo para comer o vivir (y la pandemia ha puesto claramente de manifiesto esta interrelación e interdependencia de unos con otros), sino también en el proceso de des-cubrimiento de quiénes somos. Necesitamos recibir la Luz y el Agua de su Palabra, pero también, el agua de personas que nos quieran y que nos hablen con verdad para que nuestro árbol siga creciendo y madurando.

La importancia de cuidar nuestra vida interior se refleja en la segunda parábola que Jesús utiliza, la de los frutos: “No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano”. Aunque nos empeñemos en ser personas de buen sabor, agradables, jugo-sas, nutrientes y favorecedoras de vidas; alegres, positivas, bendicientes, felices, plenas, etc., si no cultivamos nuestra tierra con los nutrientes que otros nos ofrecen, si no rega-mos nuestra raíz con el Agua de su Palabra, si no cuidamos nuestras ramas y hojas, aun-que algunas (o muchas) veces sea necesaria una dolorosa poda para que el Misterio actúe en nosotras, nos quedaremos secas, pequeñas, solas, impidiendo que su Savia fluya por toda nuestra vida para reverdecer nuestro mundo.

Merece la pena dedicar un tiempo a tocar nuestra tierra y detectar el grado de hidrata-ción que tenemos, así como prestar atención al sabor de nuestras palabras, preguntándo-nos: ¿De qué fuentes de agua estoy bebiendo hoy? ¿Qué sabor tienen mis palabras y mis gestos?.

Jesús nos invita a mirarnos cada día con más claridad y con más amor, como él nos mira, y a saborear las delicias del Misterio que nos habita.

Alejandra de la Riva
Novicia del Sagrado Corazón y médico

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lc 6, 39-45)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Lucas recoge aquí una serie de “dichos populares” que encontramos también en Mateo. Lucas comienza diciendo que es una “parábola” (parabolé) en griego, pero algunas traducciones prefieren hablar de “comparaciones”, puesto que el género literario “parábola” presenta características precisas.

Más allá de esta observación, y teniendo como texto paralelo el de Mateo, nos encontramos con cuatro reflexiones sapienciales: la primera tiene que ver con los inexpertos maestros que entorpecen en vez de ayudar; la segunda reflexión tiene que ver con los juicios temerarios, más graves si además llevan el marchamo de la superioridad moral; la tercera sentencia nos lleva al dicho conocido “por sus frutos los conoceréis”; la cuarta y última, nos advierte de que nuestras palabras reflejan, seamos conscientes o no, lo que realmente somos y pensamos; nuestras expectativas y nuestros juicios sobre la realidad y sobre las personas.

Jesús aparece en este caso como un “maestro sapiencial” que enseña a saber estar en la vida; una perspectiva que no menoscaba ni anula su condición profética y mesiánica.

Pedro Fraile

PLEGARIA
¡Gracias, Señor, por todo y por tanto!

¡Qué grandes enseñanzas nos dejas, Señor, con tu Palabra!
“El hombre es probado en su conversación,
la palabra revela el corazón de la persona”.
Nos enseñas cómo nuestra palabra, a diferencia de la tuya,
en ocasiones es pobre, humana, caduca.
Cómo nuestra palabra, a veces,
puede hacer daño a nuestros hermanos.
Nuestros juicios, nuestras palabras poco pensadas
y rápidamente pronunciadas.
Esta primera lectura nos recuerda tambíen aquella oración feliz del salmista:
“pon, Señor, un centinela en mis labios”.
Te pedimos hoy, Señor, que nos ayudes a amar el silencio.
Sí, ese lugar teológico donde nuestras palabras
y nuestros juicios encuentran serenidad, reposo
y puede dar lugar a palabras llenas de bondad.
Ayúdanos también, Señor, a combatir
la hipocresía presente en nuestros corazones.
¡Ojalá pudiéramos erradicar de nosotros toda pizca de hipocresía y soberbia!
Por último, Señor, ten paciencia con nosotros.
Estamos en camino. No somos perfectos y nos equivocamos, a veces.
Danos siempre tu amor, tu misericordia, que venza siempre nuestro pecado.

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