Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial del 22 de mayo de 2022, Sexto Domingo de Pascua

INTRODUCCIÓN
Una paz para siempre

Se acerca el momento en que Jesús resucitado subirá al cielo. Pero, puesto que Jesús nos ama, no nos dejará solos en medio del mundo. Seguirá con nosotros de una manera nueva pero no menos real que la anterior. Promete hacer morada en los que le amen y guarden su Palabra. Después promete a los apóstoles que el Espíritu Santo que enviará el Padre les irá enseñando todo y recordando todo lo que Jesús les dijo. Esta certeza es la que hará a la comunidad de Jerusalén, con los apóstoles al frente, es decir con plena seguridad: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…” Cristo nos deja su paz para siempre. Es la paz que brotó del sacrifico de la cruz y que brota del altar para todos nosotros cada vez que celebramos el misterio de la eucaristía.

J.F.L.H.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir a algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 66,2-3.5.6.8
R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 10-14. 21-23

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero. Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en é1. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

COMENTARIO
La morada de Dios

Es una pregunta clásica de los psiquiatras. Te dicen una palabra y el paciente responde con lo que aquella cosa le sugiere. Si a los cristianos nos dijesen “¿Morada de Dios?”, es muy posible que en un porcentaje alto contestáramos: Templo. Y sin embargo, el evangelio de hoy responde a esta pregunta de un modo totalmente diferente.

Para el evangelio la morada de Dios es el propio cristiano. Al cristiano, dice Jesús, que vendrá con su Padre para morar en él. Para que esta realidad insospechada se dé, Cristo pone un presupuesto: que el cristiano le ame y guarde su palabra.

Podemos estar orgullosos de nuestro Dios. Ni soñando hubiéramos podido imaginar este comportamiento como propio de Dios. Al recordar el plan amoroso de Dios en su relación con los hombres, un sentimiento de profunda gratitud nos debe embargar a todos nosotros.

Antes, se concebía a Dios como una realidad exterior al hombre y distante de él. En la exposición que hace Jesús, la comunidad y cada miembro se convierten en morada de la divinidad, la misma realidad humana se hace santuario de Dios.

No hay ámbitos sagrados donde Dios se manifieste, fuera del hombre mismo.

Tal vez, nadie ha expresado esto tan bellamente como S. Agustín:

“Tarde te amé,
hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé.
Tú estabas dentro de mí;
yo, fuera.
Por fuera te buscaba
y me lanzaba sobre el bien y la belleza,
creados por ti.
Tú estabas conmigo
y yo no estaba contigo
ni conmigo.
Me retenían lejos las cosas.
No te veía ni te sentía
ni te echaba de menos.
Mostraste tu resplandor
y pusiste en fuga mi ceguera.
Exhalaste tu perfume
y respiré
y suspiro por Ti.
Gusté de Ti
y siento hambre y sed.
Me tocaste
y me abraso en tu paz”.

En ausencia de Jesús, los discípulos contarán con la ayuda del Espíritu, que les hará penetrar en todo lo que Jesús ha dicho. El Espíritu colaborará en la construcción de la comunidad. Hará posible la interpretación del mensaje de Jesús.

Jesús se despide deseándoles la paz. No es un saludo trivial. Les asegura que no va a estar ausente. Esto debe darles la serenidad y quitarles todo temor. Ir al Padre no es una tragedia, puesto que su muerte va a ser la manifestación suprema del amor del Padre, la victoria sobre el mundo y la muerte.

Pedro Olalde

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 14, 23-29)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Muchas veces entendemos la vida cristiana como liberación, redención, expiación… y es cierto, pero la salvación cristiana no es sólo eso. Estamos llamados a vivir con Dios, a morar en Dios y a ser morada de Dios: “El que me ama, guardará mi palabra, viviremos en él y haremos morada en él”. Nuestra teología a desarrollado poco este aspecto. Hemos insistido más en la salvación, en su carácter de liberación de opresión, o de perdón por los pecados, pero pocas veces hemos proclamado que estamos convocados a vivir en Dios y con Dios. El mensaje cristiano es histórico, parte de Jesús y vuelve a Jesús, pero necesita ser iluminado y llevado a su plenitud por la acción del Espíritu: el Espíritu Santo será quien os enseñe todo. La misión del cristiano no se puede reducir simplemente a mantener vivo un recuerdo, sino que el Espíritu tiene la capacidad de renovar, recrear, actualizar y dinamizar hoy el mensaje de Jesús. La despedida de Jesús, el saludo del shalom, es todo un programa de vivir en la dinámica de la paz creativa, reflejo del ser de Dios, y lejos de la dinámica de la violencia que se resiste a la implantación de Dios en la tierra.

Pedro Fraile

PLEGARIA

Jesús, eres Palabra eterna de Dios Padre. Dios siempre nos habla por medio de Ti. Ya no hay que esperar a nadie más, ni escuchar a otros. Nos hablas porque eres una Persona, un Padre y Madre, dador de vida, de entrega, de amor.

Estamos llamados a guardarte a Ti, Jesús Palabra, en la vida de cada día. Pero es un guardar que no cierra, sino que se abre a cada gesto de cercanía, en cada entrega a las personas, en cada servicio. Guardarte a Ti, Palabra del Padre, para darte a Ti, y ser todos Uno, tu presencia y tu Morada.

Llamados a vivir en Ti, Jesús, y en Dios Padre, y esperando el Espíritu que nos hará capaces de anunciar el bien y la justicia en la vida de todos los hermanos. Nos alegramos y queremos crecer y acoger a Quien ya llega, a tu Espíritu. ¡Ven, Espíritu Santo!

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