Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja parroquial del 17de julio 2022, Domingo XVI del Tiempo Ordinario (C)

INTRODUCCIÓN
Palabras del Santo Padre

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, San Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe cómo permanecer en la presencia del Maestro para escucharlo y estar en sintonía con Él. Se trata de hacer una parada durante el día, de recogerse en silencio, unos minutos, para dejar espacio al Señor que “pasa” y encontrar el valor de quedarse un poco “a solas” con Él, para volver luego, con serenidad y eficacia, a las cosas cotidianas. Elogiando el comportamiento de María, que «eligió la parte buena», Jesús parece repetirnos a cada uno de nosotros: “No te dejes llevar por las cosas que hacer; escucha antes que nada la voz del Señor, para desempeñar bien las tareas que la vida te asigna”.

Francisco
(Angelus, 21 julio 2019)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 18, 1-10ª

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: – «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.» Contestaron: – «Bien, haz lo que dices.» Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: – «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.» El corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: – «¿Dónde está Sara, tu mujer?» Contestó: – «Aquí, en la tienda. » Añadió uno: – «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5
R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 24-28

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: – «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.» Pero el Señor le contestó: – «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

COMENTARIO
“ Sólo una cosa es necesaria ”

Ya desde la primera lectura, y bajo la encina de Mambré, Abrahán, enseña cómo ha de ser la acogida a todo aquél que llega, que siem-pre será creatua (hechura)de Dios, y por tanto conlleva acoger al mismo Dios, representado en la primera lectura por tres hombres que traen la buena noticia de la vida para Abrahán y Sara.

Es el mismo Dios el que sale a nuestro encuentro y acoge para dar su vida y ésta eterna.

Vida eterna que viene directamente por y de Cristo: esperanza de la gloria para todos. Este conocimiento de Cristo lleva al cristiano a verlo y entregarse en la persona del prójimo, sea de cualquier raza y religión y no hacer mal a su prójimo (Sal. 14).

El mayor y mejor ejemplo de acogida, y de sentirse acogido es el de Jesús en el evangelio de este domingo.

Marta y María, símbolos de la hospitalidad y escucha, ejemplifican y animan a acoger, a dar hogar a los que se acerquen y no dejar-los pasar de largo (1ª Lect.).

Es este domingo, un domingo especial por abrir cada casa-hogar, directa o indirectamente al prójimo. Si pedimos al Señor hospedarse en su tienda (Sal.) es porque el verdadero seguidor de Cristo es ca-paces de hospedar a todos y especialmente al que es distinto.

Fr. Carlos Recas Mora O.P.
Convento del Santísimo Rosario (Madrid)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

EVANGELIO (Lc 10, 38-42)

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano.
Respondiendo, le dijo el Señor: Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada.

REFLEXIÓN

El conocimiento del misterio de Cristo nos lleva a la madurez de nuestra vida cristiana. La riqueza de este misterio está en que Él es para nosotros la esperanza de la gloria. Conocer el misterio de Cristo es conocer el amor que Dios nos tiene, crecer en Él y responder con amor. Es abandonar el pecado y pasar a una vida nueva. La fe en el Señor Jesús que nos salva es una disposición fundamental a lo largo de nuestra vida. Marta y María saben escuchar y acoger al Señor: dos actitudes necesarias para abrirnos a la salvación. Estemos atentos al paso del Señor por nuestras vidas y como Abrahán pidámosle: “Señor, no pases de largo junto a tu siervo”. En la eucaristía acogemos al Señor escuchando su Palabra y comiendo en su banquete.

DICCIONARIO BÍBLICO

Betania: Aldea situada a unos 3 kilómetros de Jerusalén., al otro lado del monte de los olivos, y junto al camino que conduce a Jericó. Allí vivían Marta, María y Lázaro, y Jesús se quedaba en su casa cuando iba a Jerusalén. En Betania, Jesús hizo que Lázaro saliese del sepulcro y volviera a la vida.

Marta: Hermana de María y de Lázaro. Vivía en la aldea de Betania, cercana a Jerusalén. Jesús los visitaba con frecuencia. Cuando Lázaro cayó enfermo, sus hermanas mandaron llamar a Jesús, pero el hermano murió antes de que Jesús llegase. Marta salió al encuentro de Jesús y le dijo: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús le contestó: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Lo crees?”. Marta contestó: “Sí, Señor, lo creo”. Y, para gran alegría suya, Jesús devolvió la vida su hermano.

María: Vivía en Betania con sus hermanos Marta y Lázaro. Y a los tres les gustaba mucho escuchar a Jesús. Poco antes de la muerte de Jesús, María le ungió con ungüento precioso y secó los pies con sus cabellos.

ORACIÓN

Porque es tarde, Dios mío, porque anochece ya, y se nubla el camino, porque temo perder las huellas que he seguido, no me dejes tan sola y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde y he buscado el peligro, y escudriñé curiosa las cumbres y el abismo, perdóname, Señor, y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de Tí y en hambre de tu trigo, ven, siéntate a mi mesa, bendice el pan y el vino. ¡Qué aprisa cae la tarde…! ¡Quédate el fin conmigo!

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