Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 12.12.2021. Domingo 3 de Adviento: Lucas 3, 10-18

INTRODUCCIÓN
«Viene el que es más fuerte que yo»

Hoy la Palabra de Dios nos presenta, en pleno Adviento, al Santo Precursor de Jesucristo: san Juan Bautista. Dios Padre dispuso preparar la venida, es decir, el Adviento, de su Hijo en nuestra carne, nacido de María Virgen, de muchos modos y de muchas maneras, como dice el principio de la Carta a los Hebreos (1,1). Los patriarcas, los profetas y los reyes prepararon la venida de Je-sús.

Veamos sus dos genealogías, en los Evangelios de Mateo y Lucas. Él es hijo de Abraham y de David. Moisés, Isaías y Jeremías anunciaron su Adviento y describieron los rasgos de su misterio. Pero san Juan Bautista, como dice la liturgia (Prefacio de su fies-ta), lo pudo indicar con el dedo, y le cupo —¡misteriosamente!— hacer el Bautismo del Señor. Fue el último testigo antes de la ve-nida. Y lo fue con su vida, con su muerte y con su palabra. Su na-cimiento es también anunciado, como el de Jesús, y es preparado, según el Evangelio de Lucas (caps. 1 y 2). Y su muerte de mártir, víctima de la debilidad de un rey y del odio de una mujer perver-sa, prepara también la de Jesús. Por eso, recibió él la extraordina-ria alabanza del mismo Jesús que leemos en los Evangelios de Mateo y de Lucas (cf. Mt 11,11; Lc 7,28): «Entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan Bautista». Él, frente a esto, que no pudo ignorar, es un modelo de humildad: «No soy digno de desatarle la correa de sus sandalias» (Lc 3,16), nos dice hoy. Y, según san Juan (3,30): «Conviene que Él crezca y yo disminu-ya».

Oigamos hoy su palabra, que nos exhorta a compartir lo que te-nemos y a respetar la justicia y la dignidad de todos. Preparémo-nos así a recibir a Aquel que viene ahora para salvarnos, y vendrá de nuevo a «juzgar a los vivos y a los muertos».

Cardenal Jorge MEJÍA
Archivista y Bibliotecario de la S.R.I.
(Ciudad del Vaticano)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18ª

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»

SALMO
Is 12,2-3. 4bed. 5-6
R/. Gritad jubilosos:

«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel»

«Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/.

«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R/.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
porque es grande en medio de ti el
Santo de Israel. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vues-tras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: – «Entonces, ¿qué hacemos?» Él contestó: – «El que tenga dos túni-cas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.» Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: – «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» Él les contestó: – «No exijáis más de lo establecido.» Unos militares le preguntaron: – «¿Qué hacemos nosotros?» Él les contestó: – «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.» El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no seria Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: – «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.» Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

COMENTARIO
“Alegría y compromiso”

El tercer domingo de Adviento también se llama Gaudete, palabra latina que significa “regocijarse”. Este nombre proviene de la antífona de entrada a la misa dominical, que también se repite en la segunda lectura de hoy de la carta de San Pablo a los Filipenses. Algunas personas celebran este domingo encendiendo una vela rosada en lugar de una púrpura en su corona de Adviento. Es un recordatorio de que este tiempo es de gozo porque nuestra salvación ya está cerca.

La Palabra de Dios en este domingo nos exhorta a vivir con alegría la espera. Es la alegría de verse perdonados, y de saber que Dios está en medio de su pueblo, salvando. La verdadera alegría, nace de la conversión progresiva y serena del corazón, lo que refuerza la esperanza haciéndola auténtica. ¿Qué debemos hacer para ser mejores? Ser caritativos para que vacíos de nosotros mismos, Dios encuentre espacio en nuestras vidas para encarnase en ellas por la fe que el Bautismo y el Espíritu Santos nos entregan como don y responsabilidad que asumir cuando asumimos el ser cristianos.

Por ello el Papa emérito Benedicto XVI afirmaba “El Adviento nos recuerda una y otra vez que Dios no ha salido del mundo, no está ausente, no nos ha abandonado, sino que viene a nosotros de diferentes maneras, que debemos aprender a discernir. Y también nosotros, con nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, estamos llamados todos los días a reconocer y dar testimonio de esta presencia, en un mundo a menudo superficial y distraído, a hacer brillar en nuestra vida la luz que iluminaba la cueva de Belén” (Benedicto XVI, Audiencia General, 12 de diciembre de 2012).

La alegría no brota de las posesiones ni de los éxitos. Requiere siempre esa paz del corazón que sigue a la conversión. El evangelio nos dice que esa conversión es lo que exige Juan el Bautista a todos los que se acercan a escucharle a las orillas del Jordán. Con todo, la conversión no puede confundirse con un sentimiento íntimo y pasajero. En el texto evangélico que hoy se proclama (Lc 3,10-18), Juan Bautista la resume en tres actitudes concretas, que pueden aplicarse también a todos nosotros:

• Compartir los vestidos y los alimentos con quienes no los tengan. Esta actitud positiva subraya el valor de eso que hace posible la vida y que prote-ge la dignidad de la persona.

• No exigir a los otros más de lo establecido. Este veto, aparentemente nega-tivo, trata de proteger el respeto a la justicia y de hacer posible la armonía en la comunidad.

• No hacer extorsión a nadie. Esta prohibición condena la altanería de los prepotentes que van por el mundo humillando y explotando a los humildes y marginados.

Sin embargo, la actividad del Bautista, generó muchos interrogantes, un gran movimiento religioso, hasta hacerse la pregunta: ¿No será Juan el Mesías? En ciertos ambientes se presentaba a Juan como el enviado de Dios (cfr. Jn.1, 6-8.15.19). Su existencia se orienta hacia la vida de Jesús; sus historias de la infancia así lo declaran, relación establecida por Dios. Si Juan es grande, Jesús es el mayor, Juan es profeta y prepara el camino, pero Jesús es el Hijo de Dios y el que desde el trono de David reina para siempre. Jesús es el más fuerte (v.16).

Finalmente, acoger la venida del Señor requiere ampliar el abanico de nuestros compromisos, para con Dios y para con los demás. Invita a cultivar, con hondura, nuestra interioridad, siendo más gratuitos en los espacios de oración. Respecto a las personas, ser más sensibles, poniéndonos en su lugar y siendo solidarios, particularmente, con las más desfavorecidos. Si nosotros acogemos este llamado a la justicia y la solidaridad, no sólo viviremos en un mundo más amable, sino que también nos sentiremos en paz y viviremos alegres.

P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lucas 3, 10-18)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La escena de Lucas que describe la misión de Juan Bautista es notablemente más larga que la de los demás evangelios. El texto destaca las expectativas que suscita Juan en el pueblo. La gente se acerca a él con deseos de transformación, respondiendo a la llamada a dar frutos de conversión.

Después sabremos que entre ellos hay personas de distinto tipo y condición, también personas con mala fama (publicanos y soldados, posiblemente de las tropas de Herodes Antipas). Desde el inicio, la obra de Lucas presenta huellas del tiempo en que se escribe.

Ya han pasado varias décadas desde la muerte de Jesús, las comunidades de seguidores se han extendido y entre su audiencia hay personas procedentes de grupos sociales diversos, etnias diversas y profesiones diversas.

Lucas, sin renunciar totalmente a los valores evangélicos, propone un modelo de seguimiento asumible por muchos, y lo retrotrae incluso hasta el tiempo de Juan. El ministerio de Jesús y el movimiento sus citado por él arranca del deseo de Israel de vivir de un modo nuevo.

La escena, además, hace ver que creer en Dios tiene que ver con la vida y con las actitudes hacia el otro: ayudar a quien lo necesita, no explotar a los demás ni acusar en falso para obtener beneficio.

Plegaria para la semana:
ALABADO SEAS MI SEÑOR

Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado Seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufren en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran en pecado mortal bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad, porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad

Cántico de las criaturas, de San Francisco de Asís.

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