Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja parroquial de Santa María Majadahonda. 21de agosto 2022, Domingo XXI del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

La 1ª lectura y el Evangelio de este domingo nos advierten sobre la cerrazón espiritual en que caemos a veces no queriendo reconocer la acción de Dios en los hermanos de otras confesiones. Incluso de otros grupos católicos distintos de los nuestros: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. También el Evangelio nos llama a evitar no sólo el pecado, sino cuanto puede conducirnos a él: “Si tu mano te induce a pecar, córtatela”. Por otra parte, el apóstol Santiago, en la 2ª lectura, nos da un ejemplo de cómo los cristianos no podemos callar ante la corrupción, la injusticia o la explotación de los trabajadores: “El jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando”.

Hoy celebra la Iglesia LA JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO.

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DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 66,18-21

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mí gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén –dice el Señor–, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» –dice el Señor–.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 116,1.2
R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 12,5-7.11-13

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.» Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; y él os replicará: “No sé quiénes sois.” Entonces comenzaréis a decir. “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.” Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

COMENTARIO
Esforzaos en entrar por la puerta estrecha

INTRODUCCIÓN

“Para entender correctamente la invitación a «entrar por la puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí será salvo» (Juan 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «se-guir a Jesús»; aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha re-sucitado. En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de respon-der al amor de Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón”.

J.A.Pagola

REFLEXIÓN

1.– La puerta estrecha. En las antiguas ciudades amuralladas, había grandes puertas que estaban abiertas durante el día y por ellas entraban los camellos cargados de toda clase de mercancías. Y estas puertas se cerraban por la noche. Pero había una escondida muy pequeña por donde sólo podían entrar las personas. Esta es la puerta estrecha. No se puede atravesar cargado de dinero o de mercancías materiales. Hay que ir ligeros de equipaje, como decía el Señor: “No llevéis nada por el camino: ni alforja ni bolsa” (Lc. 10,4). Entonces, ¿qué debemos llevar? Lo que llevaba María: el evangelio hecho vi-da. Esa es la “puerta estrecha” que ha abierto tantas puertas a tantas personas. A los que viven el evangelio, al pasar por la “estrecha puerta de la muerte”, se les concede abrir otra puerta que ya nadie puede cerrar (Apo. 3,7). Es la puerta grande y universal que nos lleva a la Resurrección. Una puerta a la esperanza, al amor, a la ilusión, al gozo eterno y verdadero.

2.- ¿Quién estará detrás de la puerta? La pregunta que le hicieron a Jesús en este evangelio era sobre números. ¿Son muchos los que se salvan? Jesús no está demasiado preocupado por los números. Jesús no entra en las cuestiones superficiales de las escuelas de los escribas y fariseos de entonces. A Jesús le encanta hablar de un Padre maravilloso que “hace salir el sol sobre buenos y malos y manda su lluvia sobre justos y pecadores” (Mt. 5,45). A Jesús le interesa que todo el mundo se entere de lo bueno que es ese Padre que disfruta cuando están todos sus hijos alrededor de su mesa. A los discípulos también les interesaban preguntas semejantes: “Señor, cuando sucederá eso? Estaban interesados por el tiempo. Tampoco eso le preocupa demasiado a Jesús. “Nadie sabe nada. Es algo que se ha reservado el Padre”. (Mt. 24,16). Detrás de atravesar la “puerta estrecha de la muerte” habrá un Padre “que nos sorprenderá”. Nos sorprenderá porque será mucho más maravilloso de lo que aquí habíamos soñado. Aquí sólo lo podíamos ver a través de “sombras y espejos. Allí le veremos cara a cara” (1Cor. 13,12).

3.- Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. El evangelio termina con una llamada a la “universalidad”. Por parte de Dios nadie puede estar excluido de la casa y de la mesa. El orgullo de un padre es ver a todos sus hijos alrededor de una mesa. Y la gloria del Padre, el orgullo de nuestro Padre Dios, es poder compartir con todos sus hijos “el vino de la alegría” en la mesa de su reino. Este deseo de Dios nos debe incentivar a todos los que nos denominaos cristianos a ser cristianos de verdad y no de apariencias. Y vivimos en la verdad cuando intenta-mos ser coherentes entre lo que creemos y lo que vivimos. Más aún, en este mundo nues-tro tan alejado de lo religioso, debemos dar testimonio de nuestra fe. La gente no nos va a preguntar por lo que sabemos de Dios. Pero sí les interesa que les digamos “a qué sabe Dios”. La gente necesita saber que con Jesús se vive muy bien, que es el “sentido de la vida”. Nos ha hablado de Dios desde la experiencia personal que Él ha tenido y, como resumen, sólo nos ha dejado una palabra: “Abbá”. Dios es un Papá maravilloso, encanta-dor, comprensivo y perdonador. Como Padre sólo le interesa vernos felices. Él es aco-gida “para todos”; alimento “para todos”; fiesta “para todos”. Por parte de Él, que no quede.

Raúl Romero López
Sacerdote Diocesano de Tarazona

y Director Espiritual del Seminario.

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ

El Mensaje de Jesús
es una preciosa oferta,
que promete «salvación»
al que acoge su propuesta.

El Mensaje es un «Banquete»
alrededor de una mesa,
con Dios y con los hermanos,
en sano ambiente de fiesta.

Jesús, a los invitados,
marca duras exigencias.
A la «Sala del Banquete»
conduce una «puerta estrecha «,

Los mendigos del placer,
los hinchados de soberbia,
los injustos, los violentos,
«no caben por esa puerta».

No vale decir: «Señor,
somos hijos de tu Iglesia».
Aquel que no se convierte,
llorando, se queda fuera.

Sólo pasan los humildes
que caminan por tus sendas,
los que te cantan con gozo:
«Eres, Señor, mi riqueza».

Gracias, Señor, por hablarnos
claramente, con franqueza.
Toma nuestro corazón
y nuestra vida en respuesta.
José Javier Pérez Benedí

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lucas 13, 22-30)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén. Uno le preguntó: -Señor, son pocos los que se salvan? Él les dijo: -Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: -Señor, ábrenos; pero él os dirá: -No sé quienes sois. Entonces comenzaréis a decir: -Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Pero él os dirá: -No sé de donde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios. Mirad, hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”.

COMENTARIO BÍBLICO

Jesús está de camino a Jerusalén, itinerario que comenzó en el capítulo 9, una sección esta, la del camino, que es la mayor de todo el evangelio. El camino que recorre Jesús es también el camino del discípulo, ya que en él va recibiendo enseñanzas importantes sobre lo que significa seguir a Jesús. A Lucas le preocupa que su audiencia se acomode al comprobar que la segunda venida de Jesús no termina de llegar. El tiempo se dilata, los buenos propósitos se enfrían; gestionar la convivencia no es fácil, vivir el Evangelio es exigente. A la pregunta que se le hace a Jesús, que requiere por respuesta simplemente un sí o un no, él no llega a pronunciar. Lo que hace es contestar a otra cuestión, que podríamos formular así: ¿de qué manera podemos salvarnos?. La respuesta de Jesús subraya la capacidad ilimitada de Dios para perdonar y acoger nuestras limitaciones, pero no podemos obviar que los dichos de Jesús parecen querernos sacudir y nos resultan incómodos.

SONETO DE LOPE DE VEGA CARPIO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

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