Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja parroquial de Santa María Majadahonda. 18.9.2022, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

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Administradores

Aunque nunca he tenido, ni tengo, un piso en propiedad y vivo donde mi Obispo me dice, sí he conocido muchos administradores de la propiedad, que gestionan la comunidad de vecinos. Es un puesto de responsabilidad y bastante incómodo. Del administrador se espera que administre bien unos bienes que no son suyos, ya sea en favor del dueño o de la comunidad de propietarios. Cuando es mucha gente es difícil acertar, lo que parece bien a unos, parecerá mal a otros, si se propone una idea otro tendrá otra mejor y tienes que intentar mediar entre los conflictos. Y cuando el administrador cae mal de lo peor que se le puede acusar es de ladrón. Si uno quiere despilfarrar sus bienes, que los despilfarre…, pero el administrador tiene que ser tremendamente cuidadoso.

“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

La liturgia nos pone delante hoy la parábola del administrador infiel. A este no le acusaron falsamente de robar, sabía que le habían “pillado”. Así que hace lo posible para parecer un buen administrador y conseguir trabajo en otro lado, seguramente criticando a su anterior jefe como un exagerado y un déspota.

Nuestra vida es ser administradores, esperemos no ser malos administradores de ella. No hay nada más triste que decir de alguien que el que está perdiendo su vida o la está malgastando.

Y administramos mal nuestra vida cuando ponemos nuestra ilusión y esperanza en las cosas, no se puede servir a Dios y al dinero. Y administramos mal nuestra vida cuando despreciamos al pobre o al necesitado que Dios pone a nuestro lado, pues el Señor alza al pobre. Y administramos mal nuestra vida cuando nos creemos dueños de ella y despreciamos a nuestro Señor, nuestro Dios, pensando que no se entera de nada.

Ojalá pongamos el mismo interés en administrar bien nuestra vida, en vivirla siempre para mayor gloria de Dios, que el administrador infiel en volver a conseguir un trabajo.

Nuestra Madre la Virgen es la administradora fiel a quien el Señor puso al frente de su más preciado bien, su Hijo Jesucristo. También a nosotros nos pone en sus manos, que ella nos ayude a administrar nuestra vida sólo para el Señor.

Archidiócesis de Madrid

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Amos 8, 4-7

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el pre-cio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, ven-diendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 112,1-2.4-6.7-8
R/. Alabad al Señor, que alza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta

del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1-8

Querido hermano: Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los gentiles en fe y verdad. Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denun-cia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entré-game el balance de tu gestión, porque quedas despedido.” El administrador se puso a echar sus cálculos: “¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.” Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?” Éste respondió: “Cien barriles de aceite.” Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siénta-te y escribe cincuenta.” Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?” Él contestó: “Cien fanegas de trigo.” Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe ochenta.” Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedi-cará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»

COMENTARIO
No podéis servir a Dios y al dinero

Empecemos por aclarar que en el texto griego dice mammona. Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. No podemos pensar que todo el que tiene una determinada cantidad de dinero en el banco o tiene una finca, está ya condenado. Servir al dinero significaría que toda mi existencia está orientada a los bienes materiales. Sería tener como objetivo de mi vida el hedonismo, es decir, buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida, el falso yo y sólo busco la potenciación y seguridades de ese yo; todo lo que me permita estar por encima del otro y utilizarlo en beneficio propio”.

NO PODEMOS SERVIR A DIOS Y AL DINERO.
El que sirve a Dios como Padre de todos, no puede desentenderse de los hermanos. Si Dios ha creado los bienes de este mundo para “todos”, no puede ser justo que unos pocos tengan casi todo y otros muchos se mueran de hambre. El que sirve al dios “dinero” no se preocupa de los demás. Y uno que sólo vive para su egoísmo personal, se hace cada día menos persona. En este sentido se puede llegar hasta el extremo de “vender al pobre por un par de sandalias”. (1ª lectura). Hay que tener presente que no podemos confundir lo legal con lo justo. Hay incluso cristianos que opinan así: Puesto que lo que tengo lo he conseguido legalmente, nadie me podrá convencer de que no es exclusivamente mío. Los cristianos debemos regirnos por la ley del amor y, siguiendo esta ley, el dinero es injusto no solo por la manera de conseguirlo, sino también por la manera de gastarlo. No podemos derrochar en cosas superfluas cuando hay hermanos nuestros que no tienen lo necesario.

LOS HIJOS DE ESTE MUNDO SON MÁS ASTUTOS QUE LOS HIJOS DE LA LUZ.
Un texto muy actual si tenemos presente nuestra situación concreta en el terreno de la fe. Nuestras iglesias están casi vacías y la fe cada vez cuenta menos en nuestro mundo. Todos somos conscientes de que tenemos la mejor mercancía, pero nos faltan estrategas, nos falta audacia y nos sobra comodidad. Los católicos hemos confundido lamentablemente el verbo IR CON EL VERBO VENIR. ¡Que vengan! Que vengan a bautizarse, a pedir la confirmación, a casarse por la Iglesia y aquellos que no pueden venir porque han muerto, ¡que me los traigan! Pero el evangelio no habla de venir sino de IR. “Id a mi viña” (Mt. 20,4). “Id a todo el mundo y predicad el evangelio” (Mt. 28,19). Si un día de verano, cuando aprieta el calor, ves a dos personas bajo una sombrilla y con la Biblia en la mano llamando en las casas, podéis dudar si se trata de unos mormones, unos evangelistas, o unos testigos de Jehová… Pero lo que no dudamos, lo que podemos asegurar, es que esos “no son católicos”. Los católicos, comenzando por los curas, nos quedamos tranquilos en casa viendo la T.V. Y tal vez criticando a los que salen. Los últimos papas nos hablan de “Iglesia en salida”, de “nuevos métodos”…, pero los católicos somos unos comodones. Y ¡así nos luce el pelo!

PREGUNTAS
1.- ¿Estoy dando más importancia al dinero que a Dios? ¿En qué se nota?
2.- ¿Qué podríamos hacer los cristianos para que el evangelio fuera más atrayente? ¿A qué nos podríamos comprometer?

RAÚL ROMERO LÓPEZ
Sacerdote Diocesano de Tarazona
y Director Espiritual del Seminario.

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lucas 16, 1-13)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Un hombre rico tenía un administrador. A quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces le llamó y le dijo: ¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando.

El administrador se puso a decir para sí: ¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta.

Luego dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dice: Toma tu recibo y escribe ochenta.

Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas- El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará a otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

(Lucas 16, 1-13)

COMENTARIO BÍBLICO

La liturgia de este domingo se centra en el amor de Dios y al prójimo. No podemos anteponer nada al amor de Dios y su servicio. El dinero es incompatible con el servicio a Dios porque es un falso ídolo al que, sin darnos cuenta, le rendimos pleitesía. Anclados en él, nos incapacitamos para amar a los más pobres, a quienes con frecuencia explotamos e intentamos comprar para nuestros intereses. La única salida que tenemos es ganarnos amigos con el dinero injusto, haciendo limosnas o invirtiendo, por ejemplo, en obras sociales, para que nos reciban en las moradas eternas. Pablo en su carta a Timoteo nos llama a pedir por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven. La oración de los fieles es un buen momento para ello.

ORACIÓN

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? ¿Cómo pagaremos tu Amor, Entrega. Fuerza y Cercanía? Cuando me falta el ánimo y fuerza para seguir sólo a Ti, Dios mío, y me pierdo con tanto ruido. Con caminos que me envuelven y encierran. Tú me dices: aprisa, siéntate, te doy mi Amor.

Cuando todo me parece que va bien, estoy ilusionado con mi vida y los trabajos, salen adelante mis proyectos, tengo personas a mi alrededor- Tú me dices: aprisa, adelante, te doy mi Amor.

Cuando mis grupos se van encerrando poco a poco, ajenos a la realidad que hay que cambiar, hablando mucho de los pobres, peri sin que haya ninguno cerca que cuestione su vida, sin apenas compromiso. Tú me dices: Aprisa, siéntate, te doy mi Amor. Muéstrame, Señor, tu Misericordia y dame tu Salvación. Amén.

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