Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del domingo 9.1.2021: El Bautismo del Señor (Lc 3, 15-16. 21-22)

INTRODUCCIÓN
Jesús viene a darnos la salvación

Hoy termina el tiempo de Navidad, con la manifestación de Jesús cono Hijo amado de Dios que viene darnos la salvación. Esto ocurrió cuando, una vez bautizado, se abrió el cielo y el Espíritu Santo se posó sobre él como una paloma. Se manifiesta Jesús así como el Cristo, el Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. También se manifiesta como hombre, Él, el único santo, en la fila de los pecadores para ser bautizado. Con el bautismo, Jesús instituye nuestro bautismo, cuya agua nos da a gracia del Espíritu Santo por el que somos hijos de Dios.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Del Libro del Profeta Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:
“Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor,
fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 28
R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R/.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.
Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio según Lucas 3, 15-16. 21-22

En aquel tiempo, como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan el Bautista era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las co-rreas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.
Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado. Mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma sensible, como de una paloma, y del cielo llegó una voz que decía: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco”.

COMENTARIO
El Bautismo del Señor

Después de las fiestas de la Navidad y la Epifanía, la Iglesia nos invita este domingo, con el cual comienza el llamado “Tiempo Ordinario” del año litúrgico, a contemplar los hechos y las enseñanzas de Jesús en el inicio de su vida pública, inaugurada con su Bautismo en el río Jordán.

Tratemos de descubrir el significado de este acontecimiento a la luz de los elementos narrativos que nos presenta el relato del Evangelio (Lucas 3, 15- 16.21-22) y relacionán-dolos con las otras lecturas de este domingo.

El bautismo: un rito que adquiere su pleno significado en Jesucristo
El verbo “bautizar” proviene del griego y significa sumergir. El rito del bautismo consis-te originariamente en sumergirse o ser sumergida una persona en el agua, que es un ele-mento imprescindible de la vida, para expresar así el paso a una existencia renovada me-diante un nuevo nacimiento: si el ser humano desde el comienzo de su existencia no puede subsistir sin el agua como medio vital, el bautismo manifiesta el paso a una vida nueva.

Juan invitaba a sus oyentes al bautismo en el río Jordán para expresar una sincera volun-tad de renovación. Jesús no necesitaba convertirse porque en Él no había pecado alguno, pero se sumó a la gente que recibía el bautismo de Juan para indicar que Él mismo, sien-do inocente, llevaría humildemente sobre sí el pecado del mundo y así cumpliría la vo-luntad de Dios: hacernos posible el paso a una auténtica vida nueva, a imagen de la suya como Hijo de Dios. Por eso, al celebrar el Bautismo de Jesús, se nos invita a revivir el sentido de nuestro bautismo, el sacramento por el cual hemos sido incorporados a Jesús y a su Iglesia para vivir, siguiendo su ejemplo de vida, como verdaderos hijos de Dios.

“El Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma”
Al describir el Bautismo de Jesús, el Evangelio utiliza el lenguaje propio de las llamadas teofanías o manifestaciones especiales de Dios. En este pasaje evangélico, la imagen de la paloma evoca dos relatos simbólicos del libro bíblico del Génesis: Por una parte, el relato de la creación, donde se dice que “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Génesis 1, 2), y por otra el del diluvio universal, cuando al terminar la tempestad Noe soltó una paloma que regresó al arca con una rama de olivo en el pico (Génesis 8, 10-12), significando no sólo que después de la tempestad vino la calma, sino que recomenzaba la vida en la tierra, gracias a una nueva creación.

La figura de una paloma que se posa sobre Jesús en el momento de su bautismo, repre-senta entonces el comienzo de una nueva creación que Dios Padre realiza por medio de Él, en la cual se manifiesta la acción del Espíritu Santo que hará posible la paz en la exis-tencia humana, gracias a la acción salvadora del amor de Dios, en la medida en que éste sea acogido por el ser humano. El relato del Bautismo del Señor es así una proclamación del misterio de la Santísima Trinidad.

“Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido”
La fiesta del Bautismo del Señor actualiza para nosotros la manifestación de Jesús como Hijo de Dios, título dado por los profetas al Mesías prometido que iniciaría el reinado de Dios mismo en los corazones de quienes estuvieran dispuestos a su acción salvadora. Tal es a su vez el sentido de la profecía de Isaías en la primera lectura de este domin-go: “Este es mi servidor…, mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíri-tu” (Isaías 42, 1-7).

Resalta aquí la correspondencia entre el título de Hijo de Dios y el de Siervo o Servidor del Señor. Aquel hombre nacido en Belén de Judá, proveniente de una familia humilde y sencilla residente en la pequeña aldea de Nazaret, y que en el momento de su Bautismo en el río Jordán fue proclamado Hijo de Dios por su propio Padre que está en los cielos, va a presentarse a sí mismo, de palabra y de obra, como quien no vino a ser servido, sino a servir. Toda su vida, desde su nacimiento en una pesebrera hasta su muerte en una cruz, es la manifestación de esta correspondencia entre su condición de Hijo de Dios y su misión de Servidor.

En efecto, Jesús iba a estar siempre en medio de los seres humanos precisamente en cali-dad de servidor: servidor de Dios mediante el servicio a todos los seres human, tal como nos lo describe el discurso del apóstol Pedro en la segunda lectura, “fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” y “pasó haciendo el bien” (Hechos de los Apóstoles 10, 34-38).

También nosotros hemos recibido en el sacramento del bautismo al Espíritu Santo, que hace posible en nuestra existencia una vida nueva como hijos e hijas de Dios para en todo amarlo y servirlo, participando así en su reino de amor y de paz, en esta vida y en la eterna. Que esta posibilidad se haga efectiva depende de nuestra disposición a escuchar y poner en práctica sus enseñanzas, identificándonos con Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el Servidor por excelencia. Que así sea.

Gabriel Jaime Pérez, SJ
Ciudad del Vaticano

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lc 3, 15-16. 21-22)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Los cuatro evangelios canónicos dan cuenta del bautismo de Jesús. Aunque algunos detalles perduran en todas las versiones (entre otros, la presencia de Juan, el bautismo con agua, la irrupción del Espíritu, la teofanía), su historia de los hechos varía muy considerablemente.

El relato más antiguo de todos, el de Marcos, fue progresivamente modificado porque años después algunos de sus elementos resultaban difíciles de asumir.

El relato de Lucas refleja estas dificultades. El Bautista afirma que el que va a venir, Jesús, es más importante que él. Su bautismo no será con agua sino con Espíritu Santo y fuego. Puede haber aquí un eco de la escena de Pentecostés en Hechos: cuando la comunidad creyente reciba el Espíritu se hablará de “lenguas como de fuego”.

En el texto lucano, al igual que ocurrirá también en el joánico, la función del Bautista disminuye de manera notable. Subraya, por otro lado, la oración de Jesús mientras se celebra el rito (la oración es importante en el tercer evangelio: Jesús ora en los momentos decisivos de su ministerio) y se cita el Salmo 2 (y no Is 42, 2, como en Marcos, que habla de complacencia), subrayando así que Jesús ha sido engendrado por el Padre.

Estela Aldave Medrano

Plegaria
DAME TU FUERZA

Padre, haz que mis ojos vean lo que Tú ves.
Haz que mis oídos oigan el estruendo de tu voz en las las ondas de lo creado.
Haz que mi hablar sea un baño de palabras de néctar que se viertan sobre gente presa de amargura.
Haz que mis labios sólo canten los cantos de tu amor y tu alegría.
Padre amado, realiza por medio de mí la obra de la verdad.
Ten mis manos ocupadas en servir a todas las personas.
Haz que mi voz esparza de continuo semillas de amor para Ti en esta tierra en que la gente te busca.
Haz que mis pies avancen siempre por el camino de la justicia.
Guíame de mi ignorancia a tu luz.
Padre, mueve mi corazón y hazme sentir simpatía por todas las criaturas vivientes.
Que tu Palabra sea el Maestro de la mía.
Piensa con mis pensamientos, porque mis pensamientos son tus pensamientos, mi man es tu mano, mis pies son tus pies, mi vida es tu fuerza para luchar por la justicia, social y personal.

en www.pastoralsj.org

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