Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 7.11.2021. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
La donación de dos viudas pobres

En el domingo trigésimo segundo ordinario, los protagonistas de la liturgia de la Palabra de la Misa son dos pobres viudas, que en su indigencia material y por su fe en Dios encarnan la primera y fundamental bienaventuranza evangélica. La viuda que ofrece hospitalidad al profeta Elías, es premiada con un milagro que remedia su necesidad; la viuda del evangelio recibe el mejor elogio de Jesús por haber dado los «dos reales» que tenía. Las dos viudas, pobres e indefensas, pero generosas y llenas de fe, son como un símbolo de la donación total de Dios y del deber que nosotros tenemos de hacer partícipes de los propios bienes a los otros.

Para entender los dos relatos de hoy es preciso tener en cuenta que las viudas eran las personas más pobres entre los pobres. En la antigüedad era impensable una mujer sola y autónoma, pues o dependía del padre o del marido. La viuda no heredaba los bienes del marido, sino que era ella parte de la herencia del hijo primogénito. Por eso, una viuda sin padre o sin hijos mayores estaba expuesta a toda clase de angustias y riesgos.

La viuda de Sarepta solamente tenía un puñado de harina y un poco de aceite en la alcuza. Elías le pide un extraordinario acto de caridad: darle a él lo que le quedaba como último alimento para subsistir. Y ella cree en la palabra del profeta, que es portador de la promesa del Señor; por eso es premiada con la abundancia del don prometido y ya no le faltará nunca harina ni aceite.

El evangelio nos narra el gesto furtivo de otra viuda que echa en el cepillo del templo dos reales, todo lo que tenía para vivir. Jesús observa la escena y pone de relieve la vanagloria de los ricos y sus ofrendas sonoras frente al amor que expresa el óbolo insignificante de dos pequeñísimas monedas. Lo que Cristo resalta es el valor enorme de esta ofrenda y la intención que la acompaña. Los demás han dado lo superfluo, lo que les sobraba; la viuda, en su pobreza, dio todo lo que tenía para vivir, dio lo necesario.

Dios no es un Dios de cantidades, sino de calidades. No calibra el exterior. Quiere corazones y voluntades. El amor no se mide desde la cantidad económica sino desde la calidad interior. Lo importante es la donación de sí mismo. Por eso cuando damos lo que «necesitamos para vivir» estamos entregando no sólo lo nuestro, sino a nosotros mismos. Repetimos y prolongamos entonces la acción de Cristo que salva con el sacrificio y ofrenda de sí mismo.

Andrés Pardo
Archidiócesis de Madrid

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo come-remos y luego moriremos.» Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tie-rra.”» Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

SALMO
Sal 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdo-te, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padeci-do muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: – «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los pri-meros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

COMENTARIO
“Ella en su pobreza dio todo lo que tenía”

Lo que Jesús quiere enseñarnos a partir del ejemplo de la viuda del Evangelio constituye una invitación, a todos nosotros, a estar dispuestos siempre a compartir no sólo dando de lo que nos sobra, sino entregándonos a nosotros mismos.
La escena que nos presenta hoy el Evangelio sucede en un lugar situado junto al Templo de Jerusalén, donde se congregaba la gente para escuchar a Jesús en los días previos a la fiesta de la Pascua, después de haber llegado Él a la ciudad con sus discípulos poco antes de su pasión. Meditemos en las enseñanzas que nos trae este relato, teniendo en cuenta también las otras lecturas de este domingo [I Reyes 17, 10-16, Salmo 146 (145), Hebreos 9, 24-28].

La soberbia de quienes se creen mejores va unida siempre a la hipocresía
Jesús les echaba en cara su soberbia e hipocresía a los escribas o doctores de la Ley pertenecientes al grupo de los “fariseos”, término que significa originariamente “separados” o “segregados” y que ellos se aplicaban a sí mismos para indicar que eran distintos de los demás por ser cumplidores de la Ley de Dios que hacían consistir en una serie de prescripciones rituales, e incontaminados porque no se juntaban con quienes consideraban pecadores. Su actitud arrogante, que los llevaba a aprovecharse de sus conocimientos y de su poder para oprimir y explotar a los demás, iba siempre acompañada de un comportamiento hipócrita que ocultaba sus intenciones torcidas.
Este tipo de comportamiento sigue existiendo hoy en quienes se creen superiores a los demás (y eso es lo que significa propiamente la soberbia, en términos de nuestro lenguaje popular actual la “sobradez”) y se la pasan engañando con el ropaje ostentoso de las apariencias.

Por eso Jesús en el Evangelio nos invita a todos, cualquiera que sea nuestra posición en la sociedad, a revisar nuestras actitudes y comportamientos rechazando la soberbia y la hipocresía.

La ostentación de las riquezas y del poder es un insulto a los pobres
Esta reflexión, implícita en el relato del Evangelio, corresponde a una realidad que también es de hoy. Pero con una diferencia: actualmente el insulto de la opulencia a los desposeídos tiene repercusiones mucho mayores, de una parte porque con frecuencia un cierto uso de los medios de comunicación ha hecho de estos cajas de resonancia del culto al lujo y a las apariencias, y de otra porque el sistema económico imperante en el mundo ha venido ensanchando cada vez más la brecha entre unos pocos que se hacen cada vez más ricos y poderosos y ostentan descaradamente su pretendida omnipotencia, y muchos que se sumen cada vez más en la miseria y constituyen la cantidad creciente de los marginados, excluidos o “descartados” –como los llama el Papa Fran-cisco–.

A lo anterior se agrega la prepotencia de quienes creen que por tener mayor poder valen más y se dan el lujo de explotar a quienes someten a su servicio. En este sentido, con no poca frecuencia, tanto jefes políticos como religiosos se aprovechan de los pobres para su propio beneficio personal e, incluso, los instrumentalizan en función de sus intereses egoístas.

Vale mucho más darnos a nosotros mismos que dar de lo que nos sobra
Esta es la enseñanza central del relato evangélico de este domingo y la verdad que encierra es aplicable a todos los tiempos. La ofrenda hecha por aquella pobre viuda, que a duras penas sobrevive en medio de una pobreza extrema, es una lección que Jesús quiere hacer notar a quienes creen que están haciendo el bien al dar ostentosamente y con mucha publicidad de lo que les sobra, y por ello esperan ser reconocidos como grandes benefactores.

Lo que Jesús quiere enseñarnos a partir del ejemplo de la viuda del Evangelio –y que, como nos cuenta el relato de la primera lectura, tiene su antecedente en la actitud generosa de aquella otra que compartió con el profeta Elías lo muy poco que tenía– constituye una invitación, a todos nosotros, a estar dispuestos siempre a compartir no sólo dando de lo que nos sobra, sino entregándonos a nosotros mismos, sea cual sea nuestra condición económica y sin aspavientos, con un compromiso real para contribuir a la construcción de una sociedad en la que todos nos reconozcamos efectivamente como iguales en dignidad y en derechos, pues somos hijos e hijas de un mismo Creador.

Él mismo quiere, con nuestra colaboración, hacer justicia a los oprimidos, como dice la primera estrofa del Salmo 146. Jesús mismo es en definitiva nuestro modelo en ese ofrecimiento total de sí mismo en sacrificio por toda la humanidad, tal como nos lo presenta hoy el texto de la segunda lectura.

Que Dios Padre Creador, por la mediación redentora de su Hijo Jesucristo y por la intercesión maternal de María santísima, renueve en cada uno de nosotros la acción de su Espíritu Santo, que es la única que nos puede mover a la verdadera humildad y a la disposición del corazón para ofrecernos y darnos a nosotros mismos, comprometiéndonos sinceramente en la construcción de una sociedad en la que todos nos reconozcamos como hermanos y obremos en consecuencia con este reconocimiento. Que así sea.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 12, 38-44)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este relato forma parte de una sección avanzada del evangelio en la que Jesús está ya en Jerusalén. En dicha sección el Templo ocupa un lugar muy importante. Contiene distintas enseñanzas de Jesús, así como diversos enfrentamientos con sectores del judaísmo.

La escena de la viuda en el Templo tiene una función narrativa y teológica muy significativa, ya que es la última que se produce en este espacio tan sagrado para el judaísmo y está justo antes del capítulo 13, porción dedicada a un discurso pronunciado por Jesús en el monte de los Olivos, mientras observa el Templo a distancia.

Jesús critica públicamente a los escribas que buscan ocupar los primeros puestos y tener buena imagen social; les echa también en cara que carecen de escrúpulos, ya que se atreven incluso a despojar a las viudas de sus pocos bienes materiales.

Jesús hace esta crítica ante una muchedumbre inespecífica (cf. 12, 37) y dentro del mismo Templo. Después ve a una viuda pobre que, a diferencia de los ricos, echa una pequeña limosna en el tesoro del Templo, Y la pone como modelo ante sus discípulos.

Si antes la enseñanza de Jesús iba dirigida a muchos, ahora se centra en los Doce. Ya en puertas de la Pasión, que nos habla de la vida de Jesús entregada al proyecto del Reino hasta el final, la actitud de esta mujer se asemeja a la del Maestro. Por eso los Doce tienen que aprender de ella.

Textos Equipo Eucaristía.

PLEGARIA Para la semana
Hay muchas alegrías

Una la de cargar con muchos beneficios
y otra la de danzar una existencia libre.
Una la de vivir rodeado de prestigio
y otra la de admirar todos los milagros.

Una la de empuñar el poder respetado
y otra la de estrechar la mano del pobre.
Una la de hincharse repleto de fortaleza
y otra la de irse disolviendo en el amor.

Una la de acumular los regalos de la suerte
y otra la der una dicha para los demás.
Una la de ser llevado al sillón de los primeros
y otra la de escabullirse hasta el banco de los últimos.

Una la de construir el propio yo
y otra la de regalarlo sin balanzas ni contratos.
Una es la alegría codiciada, pasajera que llevamos,
y otra es la alegría regalada, eterna que nos lleva.

B. González-Buelta

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