Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 5.9.2021, Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“ Todo lo ha hecho bien;

hace oír a los sordos y hablar a los mudos ”

Cada vez que nos reunimos para la celebración de nuedtra fe en el día del Señor lo hacemos con el convencimiento de que Él se hace presente en medio de nostros ofreciéndonos el alimento eucarístico de su misma pre-sencia sacramental, y el poder y la fuerza de su Palabra que viene a ger-minar en cada uno de nosotros para transformar nuestras vidas.

La Palabra que hoy nos ofrece la Liturgia Eucarística de este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a la esperanza, a no dejarnos vencer por el miedo, a mirar y a acoger con predilección a los más humildes y sencillos, a admirarnos y asombrarnos con la bondad que el Señor Jesucristo mues-tra hacia cuantos padecen enfermedad o sufrimiento.
Acojamos con gratitud este hermoso mensaje, dejemos que fructifique en nosotos y cambie nuestra vida, para que, encendidos en fe y en esperanza, atento a aliviar de su dolor a los que sufren, seamos en y con el Señor Je-sucristo motivo de gozo para otros muchos. Así contribuiremos, de forma callada y eficaz, a que el mañana de nuestra historia sea un poco mejor, quizás, para todos.

Fr. César Valero Bajo O.P.
Convento de Santa Sabina (Roma)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Decid a los cobardes de corazón. «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantar. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

SALMO
Sal 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: – «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: – «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

COMENTARIO
¡Todo lo ha hecho bien!

Los milagros obrados por Jesús contienen significados que van más allá de la curación de una enfermedad o de la superación de una incapacidad física. Me-ditemos sobre el sentido trascendente del que nos narra hoy el Evangelio.

Jesús nos invita al silencio a solas con Él para ser transformados
Lo primero que resalta en el relato es cómo Jesús, ante la petición que le hacen para que sane a aquel hombre sordo y tartamudo, lo aparta de la gente. Esto quiere decir que necesitamos espa-cios y momentos de silencio interior para que el Señor, en un encuentro “a solas” con Él que vie-ne “en persona”, como dice la profecía de Isaías (35, 4-7), nos disponga para escuchar su mensa-je.

Qué difícil es escuchar en medio del ruido ensordecedor de las grandes ciudades, cuyo ritmo acelerado impide encontrar espacios o momentos de silencio para oír la voz del Señor que nos habla de múltiples formas, muchas veces desapercibidas. Por eso es necesario un esfuerzo cons-tante para percibir lo que Dios nos dice y disponernos así también a escuchar a las personas que nos rodean, especialmente a las más necesitadas, que no encuentran quién las escuche a causa de su pobreza o sus limitaciones, y que suelen ser discriminadas como lo dice la palabra de Dios en la Carta de Santiago (2, 1-5).

Jesús abre nuestros oídos para que podamos escuchar
Todos necesitamos que Dios abra nuestros oídos interiores para poder escucharlo. La imposición de las manos realizada por Jesús al obrar el milagro, significa la comunicación del Espíritu Santo, que nos hace posible oír, comprender, acoger y poner en práctica lo que Dios nos dice a través de su Palabra, de los acontecimientos cotidianos, de las personas que nos aman y del clamor de nues-tros hermanos que sufren.

En las familias, en el ámbito del trabajo o en cualquier otra circunstancia, es preciso que Jesús nos disponga a una auténtica comunicación que, como condición necesaria para la convivencia en paz, supone y exige la disposición de cada persona a escuchar a las demás en un clima de diálogo.

Jesús nos hace posible comunicar su Buena Noticia
Jesús no solamente abre los oídos sino también hace posible hablar. La Palabra de Dios que escu-chamos no podemos dejarla sólo para nosotros mismos; debemos comunicarla, dando así testimo-nio de lo que el Señor ha obrado en nosotros. Él quiere comunicarnos su Espíritu, no sólo para que podamos percibir y comprender sus enseñanzas, sino además para que nos movamos a com-partirlas.

El Evangelio dice que Jesús les mandó a quienes presenciaron el milagro que no se lo contaran a nadie. Es lo que los estudiosos de los evangelios llaman el “secreto mesiánico”, cuya razón era evitar las falsas interpretaciones de los hechos de Jesús como prodigios espectaculares con los que él supuestamente buscaría un liderazgo o un poder terrenales, acorde con la idea común entonces de un mesías político que devolvería a los israelitas el esplendor de los tiempos de los reyes David y Salomón diez siglos atrás. Pero lo que Él buscaba era todo lo contrario: manifestar el amor mise-ricordioso y sanador de Dios en favor los pobres, los excluidos, y de todos los que se reconocie-ran necesitados de salvación.

Animémonos pues a hablar de Dios. Pero no sólo con palabras, sino expresando con nuestra ale-gría que Aquél que “todo lo hizo bien” sigue actuando a través de nuestra disposición a colaborar con Él para hacer de este mundo un lugar donde se realice el amor compasivo a todos, empezan-do por los más necesitados.

Gabriel Jaime Pérez, SJ
Ciudad del Vaticano

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 7, 31-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La escena de Marcos presenta a Jesús recorriendo las aldeas limítrofes de Galilea. Tiro y Sidón son de cultura fenicia, mientras que la Decápolis es una zona de influencia helenística.

No queda claro si la persona que le presentan es un judío o un pagano. Por el contrario entendemos que se trata de una persona que no pertenece al pueblo de Israel.

La lectura que podemos hacer es doble: por una parte Jesús lleva a cumplimiento las esperanzas de restauración que el profeta Isaías, si bien no es una restauración política (un nuevo reino de Judá), sino humana, de personas: sordos y mudos recuperan el habla, la expresión, la comunicación.

Por otra parte se puede entender que unos personajes paganos, tanto el sordomudo como los que le acompañan, proclaman la acción liberadora de Jesús. El evangelio retomará una y otra vez esta aparente contradicción: los destinatarios del Evangelio se cierran, los paganos son con frecuencia los que bendicen el nombre de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana
PLEGARIA

Los sordos oyen, los ciegos ven,
los cojos andan, los lisiados saltan
y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
Cosas que suceden y no vemos.

Personas en paro que no se levantan.
Denuncias que hacen y no escuchamos.
Nosotros quietos por el miedo
a perder lo que tenemos.

Apostemos por ser capaces de ver,
de escuchar, caminar y dar saltos
por la alegría de vivir en comunidad.

Y a los pobres anunciaremos buenas noticias,
cuando para ellos se conviertan
en unas mejores condiciones para sus vidas.

                                    Álvaro Frank

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