Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 3.10.2021, Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Palabras del Santo Padre

En el proyecto originario del Creador no es aceptable que el hombre que se casa con una mujer la repudie, si las cosas no funcionan. No. Dios quiere, en cambio, que un hombre y una mujer se sientan llamados a reconocerse, a completarse y a ayudarse mutuamente en el matrimonio. Esta enseñanza de Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio como una unión de amor que implica fidelidad. Lo que permite a los esposos permanecer unidos en el matrimonio es un amor de donación recíproco sostenido por la gracia de Cristo. Si en vez de este amor fundado en la gracia, en los cónyuges prevalece el interés individual, la propia satisfacción, entonces su unión no podrá resistir. Y es la misma página evangélica la que nos recuerda, con gran realismo, que el hombre y la mujer, llamados a vivir la experiencia de la relación y del amor, pueden realizar dolorosamente gestos que la pongan en crisis. […] Ante estas situaciones críticas, la Iglesia se esfuerza por hacer sentir concretamente su cercanía materna a cuantos viven la experiencia de relaciones rotas o que siguen adelante de manera sufrida y fatigosa. […] Por eso, ante tantos dolorosos fracasos conyugales, la Iglesia se siente llamada a manifestar no la condena sino su presencia de amor, de caridad y de misericordia para reconducir a Dios los corazones heridos y extraviados.

FRANCISCO: Ángelus, 7 de octubre de 2018

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis 2,18-24

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

SALMO
Sal 127,1-2.3.4-5.6
R/. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 2,9-11

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

COMENTARIO
Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre

Las bodas de Caná

Oremos por quienes se han comprometido sacramentalmente en unión conyugal, para que, siguiendo las enseñanzas de Jesús, y con la fuerza de su Espíritu Santo, conserven y acrecienten su amor conyugal, y así sean y den un testimonio auténtico de la presencia y la acción de Dios, que es Amor.

“De manera que ya no son dos, sino una sola carne”
La doctrina de Jesús sobre el matrimonio constituye un ideal propuesto a quienes deciden unirse en un proyecto de vida común para formar una familia. Se trata del ideal de una unión indisoluble, expresado en la frase con la que Jesús evoca el relato del libro del Génesis (2, 18- 24) del cual está tomada la primera lectura de este domingo: “ya no son dos, sino una sola carne”.

Esta unión implica una completa entrega mutua por amor. Por eso el sacramento del matrimonio, signo sensible de la presencia y la acción de Dios en el amor conyugal, no puede reducirse al rito en el que los novios expresan su consentimiento. La realización del sacramento como tal sólo puede darse cuando ambos cónyuges, a lo largo de su vida en pareja, manifiestan esa entrega mutua.

“Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”
¿Cómo aplicar esta doctrina de Jesús a las circunstancias de la vida moderna? Para responder hay que tener en cuenta dos tipos de situaciones.

Por una parte, la de los matrimonios que se celebraron por el rito sacramental y, sin embargo, han llegado a convertirse en un infierno y se mantienen artificialmente, no propiamente por el amor –que ya no existe o nunca existió–, sino por guardar las apariencias. En estos casos resulta preferible una separación y, en este sentido, la verdad de la afirmación de Jesús sigue vigente, pues lo que dice es que no separe el ser humano aquello que Dios ha unido, es decir, la unión que haya sido válida y que, como tal, tenga las condiciones necesarias y suficientes para ser perdurable.

Y por otra, lo poco que duran muchos matrimonios, en un ambiente de facilismo y superficialidad en el que impera el rechazo a cualquier compromiso permanente. A este respecto el mensaje de Jesús nos invita a reafirmar el valor de la unión sacramental entre los cónyuges como un acto de protesta contra el imperio del “bótese después de usado”, propio de la mentalidad consumista que lleva a considerar y tratar como desechables no sólo los artículos que ofrece el mercado, sino también a las personas, reducidas a objetos para el disfrute egoísta y pasajero.

“Quien se divorcia y se casa con otra –o con otro– comete adulterio”
¿Cómo entender esta afirmación de Jesús en el Evangelio, hoy cuando el divorcio y la realización de un nuevo matrimonio con otra persona han llegado a convertirse en algo corriente? En la Iglesia Católica el sacramento del matrimonio es indisoluble y para que sea válido deben darse las condiciones requeridas. Si se comprueba que alguna de tales condiciones no se cumplía en el momento de celebrar el rito, puede ser declarado nulo y esto es a lo que se le suele llamar “anulación”, una palabra poco precisa porque la sentencia de nulidad no “anula” una validez que ya existía, sino declara que no hubo un verdadero matrimonio en el momento de la realización del rito.

Las causales de nulidad del matrimonio católico están formuladas en el Derecho Canónico de la Iglesia. El divorcio, en cambio, consiste en la disolución jurídica del vínculo matrimonial, que es posible para los matrimonios civiles e incluso también para otros tipos de matrimonio religioso, como es el caso por ejemplo del matrimonio judío, al que se refiere la pregunta de los fariseos en el relato del Evangelio.

Ahora bien, sólo Dios puede juzgar en definitiva la conciencia humana. Por eso, para determinar si quien se divorcia y se casa con otra u otro comete o no el pecado de adulterio, es decir, de infidelidad con respecto a su pareja anterior, hay que remitirse al fuero interno de la conciencia de las personas y al juicio de Dios que trasciende las prescripciones institucionales y legales.

Conclusión
Invocando la intercesión de los esposos María santísima y san José, oremos por quienes se han comprometido sacramentalmente en unión conyugal, para que, siguiendo las enseñanzas de Jesús, Dios hecho hombre para ser hermano nuestro, como dice la segunda lectura de hoy (Hebreos 2, 9-11), y con la fuerza de su Espíritu Santo, conserven y acrecienten su amor conyugal, y así sean y den un testimonio auténtico de la presencia y la acción de Dios, que es Amor, de modo que se cumpla para ellos lo que dice el Salmo 127 (126): Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus ca-minos.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 10, 2-16)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Las dos escenas que aparecen en el texto evangélico de este domingo tienen una característica en común: proponen una particular manera de entender cómo deben ser las relaciones familiares y domésticas entre los seguidores de Jesús.

La propuesta que hacen es innovadora y contracultural. Frente al modelo más extendido de una casa gobernada por el paterfamilias (varón), a quien le estaban subordinados esposa, hijos y esclavos, aquí se reivindica el valor de los niños (miembros de la casa con pocos derechos) y la igualdad de entre varón y mujer.

Este es el tema central del relato en el que Jesús condena el repudio. Entre los judíos, únicamente el varón tenía derecho a repudiar a la esposa. Al prohibir el repudio, Jesús vela por el bien de las mujeres, a quienes esta legislación dejaba en una situación enormemente vulnerable.

La escena presenta un detalle que deja entrever que la propuesta de Jesús no fue fácilmente aceptada: los discípulos, ya en casa, necesitan que Jesús les explique lo mismo otra vez. Y él vuelve a mencionar la persistencia del primer vínculo entre los esposos, insistiendo de manera indirecta que entre los seguidores de Jesús no puede haber desigualdad de derechos ni de trato entre varones y mujeres.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana
PLEGARIA

Señor, ¡danos tu bendición!
Necesitamos que nuestro corazón no se oxide,
no queremos que el paso del tiempo, las dificultades,
la rutina hagan viejo nuestro amor.
No queremos caer en la indiferencia ante lo que sucede,
ni aislarnos de los que nos rodean.
Tú nos has enseñado que no hay más poderosa que el amor,
el amor que se da, que sirve al otro, que no se guarda nada para sí mismo.

El amor que tan bellamente cantó el apóstol Pablo de esta manera:

Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.

Regálanos, Señor, un amor así. Amén.

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