Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 28.11.2021. Primer domingo de Adviento: Lc 21, 25-28. 34-36.

INTRODUCCIÓN
Estad en vela

Comenzamos un nuevo año litúrgico. En la introducción de la Eucaristía convendría dejar claro que, en el adviento, la Iglesia celebra dos venidas: la escatológica del Cristo glorioso al final de los tiempos, y la venida en la carne del Hijo de Dios. Por eso, el adviento tiene dos partes distintas. Y no conviene hablar de la segunda parte hasta que llegue el momento porque, de lo contrario, no ayudamos a vivir el acontecimiento que celebramos en la primera parte.

La primera parte del adviento tiene una dimensión eminentemente escato-lógica. No está dedicada a preparar el misterio de Navidad, sino a celebrar un importante artículo del Credo, el que dice que el Señor de nuevo vendrá con gloria, al final de los tiempos, para juzgar a vivos y muertos. La prime-ra parte del adviento no se refiere al pasado, sino al futuro; no celebra lo ya acontecido, sino lo que vendrá.

Según lo que esperamos y a quien esperamos, así vivimos. Quien espera, aún en medio de muchos dolores, la curación de una enfermedad, vive con más alegría que quien, sin sufrir tanto, sabe que con su enfermedad tiene los días contados. Quien espera la pronta liberación, aún en medio de su-frimientos e incomodidades, vive con más alegría que quien sólo espera la muerte. Nosotros esperamos la “vuelta” gloriosa del Señor, o sea, espera-mos encontrarnos con él al final de nuestra vida.

En este sentido es importante que hoy se proclame el prefacio tercero de la liturgia del adviento, ese que dice que “Cristo, Señor y Juez de la historia, aparecerá un día revestido de poder y de gloria sobre las nubes del cielo”. Y en ese día glorioso “nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva”.

Fray Martín Gelabert Ballester
Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

«Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor-nuestra-justicia”.»

Salmo
Sal 24
R/. A ti, Señor, levanto mi alma

Señor, enséñame tus camino,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 12-4, 2

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre. En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hom-bre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

COMENTARIO
¡Cobren ánimo y levanten la cabeza!

Expresemos pues con hechos concretos, durante este tiempo del Adviento, nuestra disposición a celebrar las fiestas navideñas de fines de año y de comienzos del año nuevo, como una oportunidad de renovación en la que tenga prioridad la dimensión espiritual de nuestra vida.

Comienza hoy un nuevo ciclo litúrgico anual con el Adviento, nombre proveniente del vocablo latino Adventus, que significa advenimiento o venida. La petición del Padrenuestro en la que decimos venga a nosotros tu Reino es especialmente significativa en este tiempo correspondiente a 4 domingos, durante el cual nos preparamos para celebrar la Navidad.

En este tiempo de Adviento se nos invita a la conversión
Una costumbre tradicional para expresar el espíritu de este tiempo es la Corona del Adviento, un círculo de ramas del que surgen cuatro velas: tres moradas –color empleado en los ornamentos litúrgicos y que representa la actitud de conversión con que nos preparamos para la Navidad– y una rosada –color que significa alegría por la llegada de Jesús con su nacimiento–. Cada domingo se va prendiendo una vela y en la Misa de la noche de Navidad se coloca y se enciende un cirio blanco en el centro de la Corona, significando a Cristo, Luz del mundo que nos libra de la oscuri-dad espiritual.

Este símbolo, que se suele usar en muchas parroquias y podemos usar también en nuestros hoga-res, es una forma significativa de expresar el espíritu del Adviento, tiempo en el que se nos invita a la conversión, a la esperanza y a la vigilancia. El libro del profeta Jeremías nos presenta en la primera lectura (33, 14-16) un anuncio del Mesías prometido, descendiente del rey David, cuya misión es iniciar la realización plena del Reino de Dios en la tierra: un reino de amor, de justicia y de paz, que implica el reconocimiento efectivo de la dignidad y los derechos de todos los seres humanos, empezando por los más débiles y excluidos.

Para quienes creemos en Jesucristo, esta profecía comenzó a cumplirse hace poco más de veinte siglos. Sin embargo, hoy como entonces necesitamos que la acción redentora de Jesús llegue hasta nosotros como resultado de una disposición sincera a convertirnos, dejándonos transformar por su Espíritu. Nuestro proceso de conversión a Dios –es decir, de paso del egoísmo al Amor, porque Dios es Amor– nunca podemos darlo por terminado en esta vida. Por eso, el tiempo del Adviento es una ocasión muy propicia para examinar nuestra conciencia y expresar nuestra actitud de con-versión a Dios mediante el Sacramento de la Reconciliación.

En este tiempo de Adviento se nos invita a la esperanza
La venida de Dios hecho hombre a la tierra no es sólo un hecho que sucedió hace poco más de 20 siglos con el nacimiento de Jesús. Él sigue llegando a cada persona dispuesta a recibirlo. Cada vez que celebramos la Eucaristía repetimos después de la consagración la misma invocación con que los primeros cristianos expresaban la esperanza en su venida gloriosa y que quedó escrita al final del Nuevo Testamento en el penúltimo versículo del Apocalipsis: ¡Ven, Señor Jesús! (Ap. 22, 20). De modo similar, en la novena de Navidad que pronto volverá a resonar con sus gozos, decimos: Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto.

Así, en el Adviento se nos invita a proclamar nuestra esperanza en el Reino de Dios, que ya vino en la persona de Jesús, que sigue llegando a nosotros cuando lo recibimos en la comunión y que se manifestará plenamente en su venida gloriosa al final de los tiempos. Para cada uno de noso-tros, el “final de los tiempos” será el momento de nuestro paso de la vida presente a la eternidad. Mientras tanto, tenemos que experimentar los problemas propios de esta vida presente. El lengua-je de la Biblia llamado apocalíptico describe el paso de este mundo al futuro con las imágenes simbólicas de un cataclismo universal, pero no para que nos sumamos en el pesimismo, sino para que, animados por la esperanza, en lugar de agachar nuestras cabezas como esclavos oprimidos, las levantemos para que el Señor nos libere de las cadenas del egoísmo, como dice Jesús en el Evangelio: cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su liberación.

En este tiempo de Adviento se nos invita a la vigilancia
El tiempo de las fiestas de Navidad, que la publicidad comercial inicia incluso desde antes del Adviento con sus anuncios y decoraciones, suele ser para muchos un tiempo de rumba en el que abunda el licor y se multiplican los afanes materiales, mientras lo que verdaderamente significa la conmemoración del advenimiento y nacimiento de Jesús pasa a un segundo plano o simplemente desaparece. Frente a este olvido del sentido auténtico del Adviento y la Navidad, la palabra de Dios nos invita a no dejarnos encadenar por el libertinaje, la embriaguez o el ajetreo de las preo-cupaciones materiales, como dice san Pablo en la segunda lectura (1ª Tesalonicenses 3,12 – 4,2).

Expresemos pues con hechos concretos, durante este tiempo del Adviento, nuestra disposición a celebrar las fiestas navideñas de fines de año y de comienzos del año nuevo, como una oportunidad de renovación en la que tenga prioridad la dimensión espiritual de nuestra vida. Y que al evocar en esta Navidad a María santísima y san José, hagamos de nuestra vida un pesebre en el cual recibamos con gozo, como ellos, el advenimiento del reino de Dios, que es el poder del Amor, en la persona del niño Jesús.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lc 21, 25-28. 34-36.).
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este texto evangélico procede del capítulo 13 de Marcos, que Lucas tomó como fuente. Es una sección discursiva previa al relato de la Pasión que contiene una pequeña parte apocalíptica, que es precisamente la que nos ocupa.

Como en otros lugares, Lucas es en parte fiel a Marcos. Mantiene la mención a los acontecimientos cósmicos y a la venida del Hijo del Hombre, todos ellos típicos de la apocalíptica. Es este un aspecto central del texto. Nos habla de que los seguidores de Jesús viven fuertes dificultades en su contexto como consecuencia de su fe.

El modo de vida que adoptan por fidelidad al Evangelio suscita oposición. El Evangelio incomoda a algunos sectores sociales y religiosos. A estos seguidores se les recuerda (en línea con la apocalíptica) que Dios está con ellos y que deben resistir. Pero Lucas también modifica a su fuente; en este caso, ampliando notablemente algunos motivos, entre ellos, la introducción de una lista de vicios.

La comunidad a la que escribe Lucas, en la que gay gentes acomodadas, necesita que se expliciten algunos peligros que hay que evitar: “las juergas, las borracheras, las inquietudes de la vida”.

Textos Equipo Eucaristía

Plegaria para la semana
TIEMPO DE ADVIENTO, TIEMPO DE LIBERACIÓN

¡Tiempo de anhelada esperanza!
Cuánta falta, Señor, nos hace la esperanza.
Venimos de un tiempo de dolor, muerte y sinsentido.
Toda nuestra realidad fue trastocada t también nuestra fe.
Nos creímos seguros, nos creímos fuertes.
Hemos recibido una cura de humildad, Señor.
Pero es tiempo de levantar nuestra cabeza,
De resurgir de nuestras cenizas, porque a pesar de todo lo que hemos vivido,
sabemos que Tú nunca nos has dejado.

Hoy iniciamos el Adviento y necesitamos la esperanza de la fe, Señor.
Necesitamos que Tú nos renueves,
nos contagies de tu alegría y esperanza para llevarla nosotros a los demás.

A ti, Señor, levantamos nuestras almas.
A ti, Señor, dirigimos nuestros corazones.
Fortalécenos. Renuévanos. Haznos soñar. Haznos húmiles.
Haznos rebosar de buenas obras. Haznos superar nuestra mediocridad.
Haznos mujeres y hombres de fe, que confíen y que no teman.
Es Adviento. ¡Tiempo de anhelada esperanza!

Rubén Ruiz Silleras

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