Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 21.11.2021. Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (Jn 18, 33b-37).

INTRODUCCIÓN

El año litúrgico termina este domingo con la proclamación de la victoria de Cristo, sobre el pecado y la muerte. Tradicionalmente se ha expresado este triunfo con la atribución a Jesús del título de rey, si bien, es claro, que aquí no se reivindican sistemas políticos de uno u otro signo, sino que se expresa metafóricamente esa victoria, que ya ha sucedido, que ya opera en la historia, pero que no es todavía patente, y se ve oscurecida a nuestros ojos por las sombras del mal que, de múltiples formas, trata todavía de imponerse en el mundo.

La realeza de Cristo y su victoria es un asunto de fe, esto es, de confianza. Y lo notable es que en virtud de esa fe/confianza, todos nosotros podemos participar, no sólo de este Reino (que no es de este mundo, pero opera en él), sino de la misma condición real de Cristo, aceptando y asimilando ese reinado que consiste en dar testimonio de la Verdad por la vía del servicio, de ese servicio no servil, sino libre en que consiste el amor.

Así se activa en nosotros la esperanza de que esas sombras del mal que nos amenazan no van a vencer, pues la victoria de Cristo tiene lugar en la aparente derrota de la cruz.

La esperanza es el tema dominante del Adviento, con el que comenzamos el nuevo año litúrgico, desde el domingo que viene, y con el que preparamos la celebración de la Navidad.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del Profeta Daniel 7, 13-14

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es un poder eterno, no cesará. Su reino no acabará.

SALMO
Sal. 92, 1ab. 1c-2. 5
R: El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura del Libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos,
el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra. Sí, amén.
Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:
«¿Eres tú el rey de los judíos?».
Jesús le contestó:
«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
Pilato replicó:
«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó:
«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
Pilato le dijo:
«Entonces, ¿tú eres rey?».
Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

COMENTARIO
Solemnidad de Cristo Rey del Universo

El Reino de Cristo no es un poder opresor, sino la soberanía del Amor en su sentido más completo.

La fiesta de Cristo Rey, instituida en 1925 por el Papa Pío XI, se celebra el último domingo del tiempo ordinario del año litúrgico. Veamos qué significa para nosotros, a la luz de este pasaje evangélico y de las demás lecturas bíblicas de hoy [Daniel 7, 13-14; Sal. (93) 92, 1-5; Apocalipsis 1, 5-8].

“¿Dices eso por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí?”
Cuando nosotros llamamos a Jesús Señor estamos diciendo que es Rey, porque este es el significado original del término griego Kyrie (Señor), con el cual los primeros discípulos se dirigían a Él. Otros términos griegos para designar al rey eran anax y basileus (de este último proviene la palabra basílica, que significa la casa del rey). Pero el título Señor (en latín Dominus) expresa nuestro reconocimiento de la soberanía de Dios en la persona de Jesús. Lo mismo sucede cuando lo llamamos Cristo, título procedente también del griego, equivalente al hebreo Mesías, que significa Ungido y se le daba a quien era consagrado para ser rey.

Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas cuentan que, poco antes de llevar las autoridades judías a Jesús para que compareciera ante Poncio Pilato –el gobernador romano de la Provincia de Judea cuyo “pretorio” o despacho quedaba en Jerusalén–, cuando el sumo sacerdote le preguntó ante los demás miembros del sanedrín si era el Mesías, el Hijo de Dios (otro título que en la tradición hebrea se aplicaba únicamente al Rey), Él había respondido: “… verán ustedes al hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y viniendo en las nubes del cielo”. Este otro apelativo, con el que Jesús se llamaba a sí mismo, evoca la profecía contenida en la primera lectura: “Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un hijo de hombre. Se dirigió hacia el anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, su reino no será destruido jamás”.

Ahora bien, cuando nosotros llamamos a Jesús Rey o Señor o Cristo, o el Hijo de Dios, ¿somos realmente conscientes de lo que decimos? ¿Estamos convencidos del señorío de Jesús sobre el universo, y sobre nuestra propia vida personal y social? Si nuestra respuesta es sí, toda nuestra existencia debe ser una entrega completa al cumplimiento de su voluntad, que es la voluntad de Dios.

“Mi Reino no es de este mundo…”
Jesús había proclamado la cercanía del Reino de Dios y este Dios es Aquél a quien había enseñado a sus discípulos a invocar como Padre nuestro, diciéndole venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Ahora, al decir mi Reino no es de este mundo, manifiesta que participa plenamente de la soberanía universal de Dios Padre, la cual difiere de los imperios terrenales.

En los escritos de Juan el mundo significa lo que se opone al proyecto de Dios. Por eso la frase mi Reino no es de este mundo no debe ser entendida como si se refiriera a un reinado etéreo sin nada que ver con nuestras realidades concretas. Jesús había predicado que el Reino de Dios es de quienes tienen hambre y sed de justicia y trabajan por la paz, es decir, quienes se esfuerzan por contribuir a que podamos todos convivir sin que nadie pretenda oprimir a los demás como suelen hacerlo los poderosos de este mundo. Él no quiso que se confundiera su soberanía con los poderes terrenales, no dejándose proclamar rey después de la multiplicación de los panes y los peces (Juan 6, 15), y les dijo claramente a sus discípulos que Él, siendo el Señor, no había venido a ser servido, sino a servir. En otras palabras, el Reino de Cristo no es un poder opresor, sino la soberanía del Amor en su sentido más completo.

En el contexto político de lo que se quiere significar hoy con el término “democracia” como el poder soberano del pueblo, el concepto del Reino aplicado al dominio de una o unas pocas personas sobre las demás ha perdido valor y así debe ser. Pero cuando lo aplicamos a lo que significa el “Reino de Dios” en el Evangelio, a lo que nos referimos es a que Dios quiere el reinado del Amor (que es Él mismo) en nuestra vida tanto personal como social, si nosotros con nuestra libertad lo dejamos actuar.

“Yo para esto he nacido y venido al mundo: para dar testi-monio de la verdad”
Es significativo que la respuesta de Jesús a Pilato termine con una frase que se refiere a la verdad. Esto concuerda con lo que dice el libro del Apocalipsis en la segunda lectura, al llamar a Jesucristo el Testigo fiel: aquel que con sus hechos y palabras da un testimonio veraz, transparente, del proyecto salvador de Dios sobre la humanidad. Además, con esta afirmación Jesús estaba diciendo implícitamente que la pretendida soberanía universal del emperador romano, a quien Pilato representaba y que exigía ser adorado como un dios, era una mentira soberana. También nosotros podemos aplicar esta afirmación a la realidad de todos los poderes terrenos que pretenden erigirse en dominios universales oprimiendo al ser humano, como lo hacen los reinos de este mundo al pretender destronar a Dios.

En el prefacio de la Eucaristía de este domingo, inmediatamente antes de proclamar tres veces Santo al “Señor Dios Rey del Universo” y decir “bendito el que viene en el nombre del Señor”, proclamamos la soberanía universal de Jesucristo como “reino de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, de amor y de paz”. Dispongámonos pues a poner en práctica nuestro reconocimiento de su soberanía, para que sea Él, con el poder del Amor –que en definitiva es lo que significa “el Reino de Dios”– quien reine verdaderamente en nuestra vida. Y que María santísima, a quien en el santo rosario proclamamos “Reina universal de todo lo creado” como partícipe máxima que es del reinado de su Hijo, nos disponga a vivir lo que decimos cuando proclamamos a nuestro Señor Jesucristo “Rey del Universo”. Así sea.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 18, 33b-37).
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La versión de Juan del juicio romano contra Jesús tiene muchas características propias, distintas de las que aparecen en los evangelios sinópicos. Es una parte muy larga del relato de la pasión, de la cual los versículos de este domingo constituyen sólo una pequeña parte.

La pluma del evangelista ha trabajado aquí notablemente, convirtiendo a Pilato en una figura contradictoria. Es quien tiene el poder político. Sin embargo, se somete llamativamente a los deseos de los judíos, y cuando dialoga con Jesús dentro del pretorio es este último quien domina la situación.

El cuarto evangelio contrapone aquí dos reinos: el reino de este mundo y el reino de arriba. Pilato representa al primero y Jesús al segundo. El reino de arriba no es una realidad que está materialmente fuera de nuestras coordenadas de tiempo y espacio. Representa, eso sí, a la realidad tal y como es querida por Dios. Implica vivir y situarse en este mundo de manera crítica, discerniendo todo (relaciones, comportamientos) a la luz del proyecto de Dios.

Jesús es rey de este mundo de arriba, un mundo en el que no se recurre a la violencia ni tan siquiera en defensa propia (“si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido”).

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana: Plegaria
TÚ ERES EL HERMANO DESCONOCIDO Y BUSCADO

Señor Jesucristo: Tú mismo me has enseñado un camino hacia una fe realmente determinante para mi vida. En el cotidiano, activo y solitario camino de amor al prójimo. En ese camino te encuentro a ti, desconocido y conocido.

Llévame, luz de la vida, por ese sendero. Concédeme andarlo con paciencia creciente y renovada. Dame la incomprensible fuerza de arriesgarme en la entrega a los hombres y de donarme a mí mismo en el don.

Entonces tú mismo sales a mi encuentro en el prójimo, ya que forma una incomprensible unidad con quienes reciben mi amor. Tú eres quien puede asumir la vida eterna de los hombres y, al mismo tiempo, eres aquel cuyo amor, devuelto al Padre, no deja de ser amor al hombre.

Mi fe en ti está en camino, y con el hombre del evangelio digo: “Creo, Señor, ayuda mi incredulidad”. Tú que eres el camino hacia el prójimo, guíame por tu camino. Tú eres el hermano desconocido y buscado, y en él eres Dios y por siempre. Amén.

P. Karl Rahner, SJ.

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