Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 19.9.2021, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“El que acoge a un niño me acoge a mí” 

¿Dónde está el niño que fuiste un día antes de pecar? En tus ojos solo brillaba lo que Dios había dejado en ti. En realidad ese niño está dentro de ti, aunque sepultado por tu pecado. Por eso, solo Dios lo ve y lo añora, porque lo ama. Te propongo dos tareas: desentierra a ese niño que sepultaste con una vida pecaminosa y recupera la inocencia. Acoge al niño que hay dentro de ti y veras la vida distinta. La segunda tarea es más difícil: mira como mira Dios. El siempre busca al niño que hay dentro de cada persona. Búscalo tú también aunque te caiga mal esa persona o te haya dañado. Así también tu podrás amarlos y añorarlos como lo hace Dios.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20

Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»

SALMO
Sal 53,3-4.5.6 y 8
R/. El Señor sostiene mi vida

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R/.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó – «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: – «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: – «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

COMENTARIO
Pequeño como un niño

El Evangelio de este domingo nos presenta de nuevo a Jesús de camino a solas con los Doce: “No quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos”. Esta circunstancia y el hecho de ser ya la segunda vez que enseña lo mismo revela la importancia de su enseñanza que se resume así: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán y, una vez muerto, después de tres días, resucitará”. Tres acciones; pero el acento recae sobre la tercera: “Resucitará”. Este es el punto que hacía incomprensibles sus palabras: “Los discípulos no entendían lo que les decía y temían preguntarle”.

Ellos creían ciertamente que Jesús iba a resucitar, pe-ro “en el último día”. El problema es que Jesús había dicho claramente: “Después de tres días”. Si le hubieran preguntado, habrían corrido la misma suerte que Marta, la hermana de Lázaro. Cuando Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”, ella sabía que Jesús se refería a la resurrección de su hermano ¡ahora! Pero temió enfrentar este tema y lo evadió: “Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día” (Jn 11,23ss). Por eso Jesús la enfrenta: “Yo soy la resurrección”, y le pregunta: “¿Crees esto?”. Ella responde: “Sí, Señor”. Pero responde así porque teme ahondar; en realidad, sigue sin creer. En efecto, cuando Jesús ordena retirar la piedra del sepulcro, ella insinúa la imprudencia de esa orden: “Señor, ya huele; es el cuarto día”. Entonces Jesús la reprende: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”. Es que ella no creía. Esto es lo que ocurre a los apóstoles: no creen y por eso temen pedir aclaración. La fe verdadera no teme a la razón; la fe procura entender y pide aclaración. Los apóstoles, en cambio, querían entender primero y después creer. Pero este callejón no tiene salida. No entendían; y temen preguntar, pues temen disentir.

La segunda parte del Evangelio nos revela cuál era la preocupación de los Doce: “Por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor”. No había acuerdo sobre este punto, como ocurre a menudo entre los hombres. Por eso para establecer las jerarquías humanas hay que competir y someterse a concursos. Estos concursos establecen grandezas relativas, que rigen sólo entre los hombres, jerarquías basadas en el poder. La jerarquía que Jesús va a establecer es la verdadera, es la que vale ante Dios: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Ser el primero ante el mundo y ser servido por todos requiere mucho esfuerzo, pues todos disputan este lugar. En cambio, ser el último y el servidor de todos nadie lo disputa. Este puesto está disponible, pero nadie lo desea. Y, sin embargo, el que ocupa este puesto es el mayor en absoluto. Este es el puesto que ocupó la Virgen María; es el puesto que se disputan los santos. Es el puesto que Jesús se reservó para sí: “Tomó la condición de esclavo” (Fil 2,7).

Con un gesto expresivo Jesús quiere demostrar hasta qué punto él se ha hecho el último: “Tomando un niño lo puso en medio de ellos”. Y se identificó con él: “El que reciba a un niño como éste, a mí me recibe”. Equivale a decir: Este es el puesto que yo he tomado; este es el puesto que deben tomar mis discípulos.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(
Mc 9, 30-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La segunda gran sección del evangelio de Marcos está centrada en la futura crucifixión de Jesús, en su fracaso histórico, que conlleva una novedosa (y para algunos, escandalosa) interpretación de lo que significa ser Mesías.

En esta parte, el principal empeño de Jesús va a ser instruir a los Doce sobre ello, una empresa en la que tendrá poco éxito.

En el texto de este domingo tenemos el segundo anuncio de la pasión. A este anuncio le sigue una escena de incomprensión muy seria y grave. Jesús anticipa su futura entrega y muerte; describe de manera indirecta que el servicio y el colocarse en último lugar forman parte indisoluble de su identidad y misión, algo que lógicamente debe afectar a sus seguidores, que han decidido vivir como él.

Sin embargo, los discípulos están a otras cosas, luchando entre sí por ocupar los primeros puestos. Jesús, con enorme paciencia, los instruye poniendo un ejemplo. Toma un niño, lo abraza y enseña a los Doce que el Evangelio tiene que ver con los niños, es decir, con los que en el mundo antiguo ocupaban los estratos más bajos de la escala social.

Jesús invierte las lógicas humanas habituales. Los discípulos discuten sobre quién de ellos es el mayor; Jesús los invita a ser los menores.

Textos: Equipo Eucaristía

PLEGARIA DE LA SEMANA
Haznos de los tuyos, Señor

Una y otra vez queremos oírlo de tus labios, Señor, y dejar que nos cale bien hondo: “El que quiera ser el primero, sea el último y servidor de todos”, Y escucharlo, interiorizarlo y vivirlo. Porque tu Palabra es vida y salvación, es sabiduría y camino de plenitud.

Seguidores de ti, Jesús Maestro, caminamos hacia un buen final. Y resulta que este final no es final, porque nunca llegamos, y cuando llegamos no se acaba, es plenitud, es vida. No caminamos hacia el final, sino en Buenas Manos, en compañía, en relación.

Caminamos porque la vida tiene sentido, orientación y presencia. El sentido que sólo tú, Señor nos vas dando encada momento, en cada encuentro con los hermanos, en cada situación que vivimos. Este es el mejor sentido: ser último y servidor, porque desde arriba nadie puede servir, ni ayudar, ni crecer en fraternidad.

Haznos de los tuyos, Señor. Haznos partícipes de tu justicia y sabiduría. Y ayúdanos porque tu nombre es bueno, eres nuestro auxilio y salvación. Que así sea.

                                                                                                                                              Ángel María Lahuerta Millas

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