Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 17.10.2021. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
PALABRAS DEL SANTO PADRE

Jesús, una vez más y con gran paciencia, intenta corregir a sus discípulos convirtiéndolos de la mentalidad del mundo a la de Dios. […] Jesús sabe que Santiago y Juan están animados por un gran entusiasmo por Él y por la causa del Reino, pero sabe también que sus expectativas y su celo están contaminados por el espíritu del mundo. […] Jesús preanuncia que su cáliz lo beberán y su bautismo lo recibirán, es decir, ellos también, como los demás apóstoles, participarán en su cruz, cuando llegue el momento. Sin embargo —concluye Jesús— «sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado». Como diciendo: ahora síganme y aprendan el camino del amor «con pérdida», y el Padre celestial se hará cargo del premio. El camino del amor es siempre «con pérdida», porque amar significa dejar de lado el egoísmo, la autorreferencialidad, para servir a los demás.

Francisco
Ángelus, 21 de octubre de 2018

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz. El justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

SALMO
Sal 32,4-5.18-19.20 y 22
R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguri-dad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Lo somos.» Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santia¬go y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir¬van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

COMENTARIO
El Hijo del hombre no vino a ser servido,

sino a servir

Jesús anuncia que Él ha venido a servir y a entregar su propia vida para la redención de muchos. Se cumplen así las profecías del libro de Isaías contenidas en los “poemas del siervo de Yahvé”.

“Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber el trago amargo que yo voy a beber y recibir el bautismo que yo voy a recibir?”
Jesús acababa de anunciar por tercera vez a sus discípulos su pasión y resurrección, pero ellos no habían entendido nada. Imaginaban su resurrección como una vuelta a la vida terrena para restablecer el poder político que había tenido Israel en otros tiempos. De ahí la petición de Santiago y Juan: estar junto a su trono para ser así los más importantes en su Reino.

Después de decirles lo equivocados que están, Jesús les pregunta si son capaces de beber el cáliz que Él va a beber y recibir el bautismo con que Él va a ser bautizado. La imagen de beber la copa significa pasar un trance difícil –un trago amargo– y la del bautismo significa la inmersión para renacer a una vida nueva. Para los cristianos, este rito es un signo del misterio pascual de Jesús, quien se sumergió en la experiencia de la pasión y muerte de la cruz para pasar a la vida eterna y hacer posible este paso a toda persona que quiera identificarse con Él.

“El que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás”
El relato que nos presentan los Evangelios de Marcos y Mateo es situado por Lucas al comenzar la última cena, cuando se presenta una discusión entre los discípulos sobre cuál de ellos es el más importante. Jesús entonces les dice: “El que manda tiene que hacerse como el que sirve. Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que le sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lucas 22, 24- 27). Y en el Evangelio de Juan encontramos la misma enseñanza: después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les explica el significado de ese gesto, diciéndoles: “Si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, para que ustedes hagan unos con otros lo mismo que yo he hecho con ustedes” (Juan 13, 13-15).

Esta enseñanza es diametralmente opuesta a la mentalidad de quienes conciben el poder como estar por encima de los demás para someterlos a su servicio. Por eso, a la luz del ejemplo de Jesús, quienquiera que tenga una posición de autoridad, sea como padre o madre de familia, como educador o educadora, como jefe en una organización o como líder de un grupo, de una comunidad o de una colectividad, debe preguntarse si está ejerciendo esa autoridad con una auténtica disposición de servicio para el bien de todos, o con la actitud egoísta de quien sólo busca su propio interés y provecho personal.

“El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida…”
Jesús se refiere a los “jefes que se creen con derecho a gobernar como tiranos a sus súbditos”, para señalar el contraste entre quienes buscan ser servidos como dueños de los demás y quienes quieran seguirlo a Él dispuestos a servir y a dar su vida en aras de un futuro mejor para todos. Este contraste resulta muy significativo en nuestra situación actual, cuando no pocos líderes se dejan llevar por la ambición y la embriaguez arrogante del poder.

Contrario a esa actitud, Jesús anuncia que Él ha venido a servir y a entregar su propia vida para la redención de muchos. Se cumplen así las profecías del libro de Isaías contenidas en los “poemas del siervo –o servidor– de Yahvé”. En la primera lectura, que corresponde a uno de esos poemas (Isaías 53, 10-11), leemos que “su siervo (…) se entregó en reparación por los pecados”. Este es el sentido del misterio pascual de Cristo que se actualiza en el sacrificio de la Misa.

Por otra parte, el verdadero servidor se identifica con la situación y las necesidades de los demás, haciéndolas suyas, y en este sentido, el Evangelio de hoy guarda también una estrecha relación con lo que dice la segunda lectura (Carta a los Hebreos 4, 14-16): Jesús no es insensible al sufrimiento humano; al contrario, se hizo igual a nosotros en todo menos en el pecado, dando su vida para rescatarnos, liberándonos de las cadenas del mal y abriéndonos así la puerta hacia una vida eternamente feliz. Que María santísima, la servidora del Señor por excelencia, nos alcance de su Hijo la disposición constante a en todo amar y servir a nuestros prójimos, a imagen y semejanza suya y del mismo Jesús.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 10, 35-45)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Para entender el alcance de esta escena evangélica hay que tener en cuenta los versículos que la preceden: el tercer anuncio de la pasión. Jesús acaba de enseñar a los suyos sobre su próxima condena a muerte, lo cual implica una particular manera de entender su mesianismo: un mesianismo no triunfal, despojado de honor y de poder.

Sin embargo, sus discípulos no quieren, o no pueden, entenderlo y aceptarlo. Siguen con sus propias lógicas y deseos, en concreto, buscando los primeros puestos. El contraste no puede ser mayor. Jesús está a una cosa y los Doce a la contraria. Los que toman la palabra son Santiago y Juan, aunque en realidad todos desean grandezas, ya que los diez restantes casi en seguida protestan.

La incapacidad y tozudez de los discípulos exige de Jesús una nueva y paciente enseñanza. Entre ellos sólo cabe el servicio; cada uno ha de empeñarse no por destacar estar en primer lugar, sino por colocarse voluntariamente en el último. Jesús mismo se pone como ejemplo. No enseña algo que él no viva primero.

No es un maestro que exige a los demás lo que no es capaz de hacer realidad él. Jesús es quien sirve y vive en clave de entrega, algo que el lector de Marcos sabe que es cierto.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana
SALMO PARA DAR LA VIDA

Señor, dame la valentía de arriesgar la vida por ti,
el gozo desbordante de gastarme en tu servicio.

Dame, Señor, alas para volar y pies para caminar al paso de los hombres.
Entrega, Señor, entrega para “dar la vida” desde la vida, la de cada día.

Infúndenos, Señor, el deseo de darnos y entregarnos,
de dejar la vida en el servicio a los débiles.

Señor, haznos constructores de tu vida, propagadores de tu reino,
ayúdanos a poner la tienda en medio de los hombres
para llevarles el tesoro de tu amor que salva.

Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu para ser conducidos a dar la vida desde la cruz,
desde la vida que brota cuando el grano muere en el surco.

¡Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti!

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