Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Sta. María de Majadahonda. Eucaristía del 16.1.2021: 2º Domingo del T.O.

INTRODUCCIÓN
El vino nuevo de la Nueva Alianza

La Palabra de Dios este domingo nos presenta, por una parte, la realidad de la Iglesia que funciona con los carismas y dones diversos que el Espíritu Santo da a cada uno. Unos dones que son para servir s Dios y a los demás, cuya base son la caridad y el amor.
Cada uno, pues, debe descubrir sus dones y su vocación y específica desde estos. Por otra parte, las lecturas nos hablan del amor esponsal de Dios con su pueblo, simbolizado en el vino agotado de la Antigua Alianza.

Por Cristo se lleva a cabo el vino nuevo de la Nueva Alianza. Por Cristo se lleva a cabo el vino nuevo de la Nueva Alianza: Cristo es el esposo, la Iglesia, la esposa. El matrimonio es el sacramento de ese amor eterno.

J.F.L.H.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 62, 1-5

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justi-cia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y dia-dema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá mari-do. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 95,1-2a.2b-3.7-8a.9-10a.c
R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 4-11

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretar-las. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discí-pulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: – «No les queda vino.» Jesús le contestó: – «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvien-tes: – «Haced lo que él diga.» Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: – «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: – «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayor-domo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: – «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. » Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

COMENTARIO
Una boda excepcional

Bajorrelieve Religiosas de San Bruno del Monasterio de Belén

Curiosa retransmisión de una boda la que nos encontramos nada más comenzar el cuarto Evangelio. Si esta descripción la hubiese hecho alguno de los periodistas de la prensa del corazón, no habría durado demasiado en su puesto de trabajo. Veamos:

Cualquiera puede caer en la cuenta de que este «signo» no encaja en el «estilo» de los milagros que conocemos de Jesús: No es una curación, ni una multiplicación de panes para gente hambrienta… Como uno de mis alumnos comentaba espontáneamente: «¿Jesús facilitando que la gente siga bebiendo en medio de una juerga? No me pega».

Y esto de «la Hora» también tiene su «misterio», porque este Evangelio reserva esta expresión para hablar de la hora de la muerte de Jesús, de su Pascua. ¿A qué viene mencionarla ahora, qué tiene que ver la escasez de vino con la «Hora»?

Icono copto Rania Kuhn

Todo esto ha hecho pensar a biblistas y teólogos que esta historia es algo más que un «milagro» de Jesús, y que esta boda tiene algo especial, excepcional. Buscando explicaciones a tantas preguntas, comprenden que San Juan quiere decir algo importante, al situar esta boda como pórtico de la tarea misionera de Jesús, como el primero de sus «signos» (siete en total), y que está estrechamente relacionado con su «Hora» y con la Cena Eucarística (el Vino).

Para responder a algunas de estas cuestiones, los profetas del Antiguo Testamento resultan de gran ayuda. Ellos nos han ido presentando el compromiso y la relación de Dios con la Humanidad a través del símbolo del matrimonio. No otra cosa significa la «Alianza». Esa misma que Jesús instaurará cuando llegue su «Hora», esa alianza nueva y eterna que se renueva en cada Eucaristía.

Por otra parte, su Madre, como miembro del pueblo de Dios, constata una realidad y la convierte en oración: Hace tiempo que se les ha acabado el «vino». En toda la escritura el vino es símbolo del amor, de la amistad, de la alegría, del Espíritu. Israel ya no tiene nada de eso: sólo les quedan vasijas vacías (aquellos ritos religiosos que ya no dicen nada a nadie), y aquellos Mandamientos esculpidos en piedra se han quedado en eso, «en piedra»: Enormes vasijas de piedra vacías. La madre de Jesús aparece como portavoz de Israel, del pueblo fiel que aún confía en Dios, y se dirige al único que puede hacer que las cosas cambien radicalmente. Estaba ya profetizada una futura alianza nueva de amor, escrita en los corazones (Ezequiel). Para que sea posible hay que hacer lo que él os diga. El resto del Evangelio irá concretando qué es eso que hay que hacer.

¿Y todo esto qué nos dice a nosotros hoy?
Seguramente necesitamos que María, la nueva «Mujer», la nueva Eva, La Hija de SIón, el nuevo Pueblo de Dios, nos haga caer en la cuenta de nuestro inmenso vacío, de nuestras grandes tinajas vacías de amor, de esperanza, de sentido, de fe madurada … aunque andemos (distraídos) con nuestras fiestas, con nuestras ocupaciones, con nuestras cosas de cada día… Que nos ayude a ver y actuar con esa gran parte de la humanidad que se ha quedado sin «vino»… porque unos pocos nos lo estamos bebiendo todo.

Y, sobre todo, necesitamos la valentía de buscar en Jesús, en lo que Él nos dijo, nos dice y nos pueda decir… el modo eficaz de cambiar radicalmente todo: Nuestra religión (todavía demasiadas normas, cumplimientos, obligaciones…), nuestras relaciones familiares, las estructuras sociales y económicas, ¡y políticas!

La carta de San Pablo de hoy nos viene muy bien para todo esto que comentamos: El Espíritu, también simbolizado en la Biblia por el vino, y que hace posible la alianza nueva y eterna de Dios con sus discípulos… hace surgir los ministerios, los carismas, las capacidades necesarias para construir el mundo nuevo, para ponerse al servicio de los muchos que no tienen nada o casi nada. Nadie puede excusarse diciendo que no sabe qué hacer, o que no puede hacer nada… porque el Espíritu no deja a nadie sin algún don para construir la comunidad y el Reino.

Ponerse a disposición de la Comunidad, de los hermanos, es la condición y la consecuencia de celebrar la Eucaristía, sellando la Alianza Nueva y Eterna de Jesús, el Novio, que al llegar su Hora nos brindó y nos brinda a sus discípulos, el poder comprometernos en «amar como él nos amó», en ser uno, en lavarnos los pies mutuamente… Y quien bebe su Sangre (sella su alianza de bodas), tendrá vida eterna.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 2, 1-11)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Las bodas de Caná constituyen el primero de los siete signos que nos presenta Juan en la primera parte de su evangelio (cs. Jn 2-12). Jesús pone de manifiesto la novedad radical del Evangelio que remplaza al judaísmo y a sus viejas instituciones (ley, templo).

El agua, signo de las abluciones necesarias en el judaísmo para purificarse y así considerarse grato a los ojos de Dios, da paso al buen vino del banquete mesiánico.

En consonancia con la primera lectura de este domingo (Is 62, 1-5 ), la nueva relación establecida por Dios tiene lugar en un contexto nupcial; por tanto, de alegría, amor y entrega mutua. La nueva realidad salvífica que trae Jesús debe leerse ya no desde la observancia ritual del judaísmo, totalmente incapaz de dar el salto (se queda en las tinajas de agua), sino desde los nuevos esponsales inaugurados por Jesucristo.

La figura de María, con su función indicativa y exhortativa (“haced lo que Él os diga”), invita al lector creyente a ponerse en actitud de escucha y de discipulado ante la persona de Jesús

Plegaria
MARÍA, SEÑORA NUESTRA

María, señora nuestra, así como en Caná, fuiste sensible a la necesidad de esos esposos, y suplicaste una solución al problema que tenían, haciendo que tu Hijo se manifestara y actuara, te pido que hoy mires mi vida, la de mi familia, la de mi comunidad, la de mi parroquia, e intercedas por cada uno de nosotros ante tu Hijo, pues en muchas ocasiones también se nos acaba el vino de la esperanza, de la ilusión, de las fuerzas para luchar, para seguir esperando.

Por eso, Señora, como lo hiciste entonces, llevanos a tu Hijo, porque Él manifiesta su amor en lo que somos y en lo que hacemos. Hoy, nuevamente, dile a tu Hijo lo que estamos viviendo, y pídele que nos llene de su amor y de su paz, para que hoy podamos experimentar su gracia y su bendición. Amén.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.