Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 15.8.2021, Domingo de la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora

INTRODUCCIÓN
“¡Dichosa tú por haber creído!»

El Misal de la comunidad que yo utilizo tiene como introducción al evangelio de hoy, las siguientes palabras: “El Magnificat es un cántico resurreccional, porque anuncia que Dios destroza los planes destructores de los que oprimen al mundo y explotan a la humanidad. La fe en la Asunción de María es esencialmente un compromiso a favor del cambio radical de una estructuras empecatadas”. Estas pistas para interpretar el texto bíblico, bien orientadas en mi opinión, nos sugieren que este cántico de María, ubicado en el contexto de la visita que hace a su prima Isabel, es un reflejo del proyecto que Dios tiene sobre toda la humanidad y del cual María se hace mensajera.

Este pasaje nos habla de una María humilde, servicial, disponible para ayudar a quien lo necesita. Todas estas características son señales de su fe. Por eso Isabel, llena del Espíritu Santo dijo, a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se movió de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tu por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!”

La respuesta de María es un canto de alabanza al Dios de la vida que ha venido a proponernos un nuevo orden en el que los humildes serán dichosos y puestos en lo alto, los orgullosos verán frustrados sus planes, los reyes serán derribados de sus tronos y despedidos con las manos vacías los que lo tienen todo, mientras lo hambrientos serán saciados. Este nuevo orden señala el destino hacia el cual caminamos con pasos vacilantes en medio de las vicisitudes de esta historia. María nos señala el rumbo y camina, junto a su Hijo, delante de toda la Iglesia.

Soñar con un mundo distinto que, efectivamente, responda a los planes de Dios sobre la humanidad, es una necesidad vital para los seres humanos. Recuerdo muy bien una canción que solíamos entonar de pequeños: “Había una vez, un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado… todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés…”. La fiesta de hoy es una invitación a mirar hacia el futuro con esperanza y con la confianza puesta en Dios que nos ha llamado a participar de su vida divina en plenitud. Cosa que no podemos esperar alcanzar después de esta vida, sino que tenemos que comenzar a construir desde esta. Es bueno recordar aquellas palabras de Gustavo Flaubert: “Si nos acostumbramos a mirar al cielo, nos nacerán alas”.

Pidamos, entonces, que la fe en la Asunción de la Virgen María se traduzca en nosotros en un compromiso a favor del cambio radical de unas estructuras empecatadas en medio de las cuales vivimos y con las cuales nos podemos acostumbrar. Que la Virgen María, que le enseñó a Jesús a soñar en un mundo nuevo, nos anime a nosotros en la lucha por la construcción de una sociedad, de una familia, de una humanidad más parecida al sueño de Dios.

Hermann Rodríguez Osorio, SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

SALMO
Sal 44,10bc.11-12ab.16
R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R/.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

COMENTARIO
La mujer luchadora. Asunción

Hace ya bastantes años cantábamos: «¿Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor. Le rinden honor la música, la luz, el mármol, la palabra y el color? ¿Quién será la mujer radiante como el sol, vestida de resplandor, la luna a sus pies, el cielo en derredor y ángeles cantándole su amor…?». ¿Quién es esta mujer con la que Dios quiso contar de manera tan especial, y a la que ha querido tener tan cerca de él, eternamente en su compañía?

De muchas formas nos la han presentado a lo largo de la historia, Por nombrar algunas:

La fiesta de hoy nos la presenta de una forma a la que estamos poco acostumbrados. La 1ª lectura nos ha hablado de una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas y con un niño entre los brazos, que un dragón le pretende arrebatar.

Dice la Wikipedia sobre los dragones:
La palabra dragón deriva del griego drákon: «serpiente, dragón», que a su vez viene de un verbo que significa «mirar fijamente», y que se aplicaba a la mirada de las serpientes y las águilas. Por tanto el término haría alusión al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Pronto se empezó a usar para referirse a aquellas criaturas que aparecen en cuentos, leyendas y mitos. La cultura occidental ha imaginado a los dragones como reptiles gigantes con alas, inspirándose en las serpientes, cocodrilos y caimanes, y añadiendo rasgos de otros (alas, cuernos y garras) o fantásticos (aliento de fuego).

En fin: los aficionados a los videojuegos podrían hablarnos mucho de estos personajes. Así pues: el dragón da miedo, hipnotiza, envuelve con su fuego y destruye.

Pero el autor de este escrito, con este género literario difícil para nosotros, NO está hablando de figuras mitológicas o fantásticas, sino de enemigos muy concretos y reales para la comunidad cristiana, para la sociedad, y para las personas. Dragones que pueden destruir la fe, la convivencia comunitaria, la dignidad humana… e incluso la propia vida. Para identificarlos bastaría con acudir a las circunstancias concretas históricas en las que redacta este texto, y sabremos que se refiere sobre todo al Imperio Romano que ha comenzado a perseguir a las comunidades cristianas. Por otro lado, las Cartas de Pablo describen otros «dragones» que viven al acecho dentro de sus comunidades, y que amenazan con apagar el mensaje y la presencia viva de Cristo. Y por fin, cada cual podría poner nombre a sus propios dragones personales.

La mujer del Apocalipsis está representando, en primer lugar, a la comunidad cristiana fiel, a la Iglesia LUCHANDO contra ese Dragón. Muchos escritos anteriores de la Escritura ya habían usado este símbolo de «la Mujer» para referirse/representar al Pueblo de Israel, la Hija de Sión. Y puede simbolizar también a cada creyente. Es decir: aquí estás tú, aquí está la Iglesia, aquí está tu Comunidad Cristiana, con Dios entre tus manos, queriendo que reine en tu vida y en nuestro mundo, pero… hay quienes se empeñan en arrebatárnoslo. Bastante tiempo después, esta mujer será identificada con la Virgen María… pero en cuanto «Madre de la Iglesia», del Nuevo Pueblo de Dios. Precisamente es el título preferido por el Concilio Vaticano II para referirse a ella.

El Papa Pablo VI redactó un bellísimo escrito sobre el Culto a la Virgen María, y en él encontramos:
María es «una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio: situaciones todas estas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad» (Marialis Cultus 37, Pablo VI).

Es decir: que María tuvo que experimentar numerosas luchas y dificultades, muy similares a las que viven muchos hombres y mujeres de hoy, y lo hizo como mujer fuerte, luchadora, peregrina de la fe… que nos marca los caminos a los creyentes de hoy. Es una referencia imprescindible para nuestra Iglesia de hoy, en tantos lugares, y de tantos modos «perseguida», en tantos hermanos sufriente y necesitada.

Para nosotros es muy conveniente poner nombre HOY a estos dragones que acechan a la Iglesia y su misión, a la sociedad y a nuestra fe y entrega personales. Según nuestro relato tienen mucho poder (las 7 cabezas y los 10 cuernos es lo que significan en este género literario) y capacidad y recursos para hacernos mucho daño. Por ejemplo:

El Evangelio, por su lado, nos ha presentado a María en clave política y de compromiso social. Reza y canta a Dios porque
dispersa a los soberbios de corazón
derriba de sus tronos (o poltronas) a los poderosos
a los ricos los echa de su lado, dejándolos sin nada
y se pone de parte de los humildes y hambrientos…

Es la Mujer que forma parte de los que quieren cambiar la sociedad desde Dios y con Dios, de los que no están de acuerdo con este modelo social que desde hace mucho tiempo hace aguas. Y se pone de parte de esas minorías tan numerosas y tan absolutamente ignoradas. Y se aparta de todos los que sólo van a lo suyo, y a preocuparse de los suyos: Los poderosos, los soberbios de corazón, los ricos… Porque así es y actúa «Dios mi Salvador». Es la mujer del cambio, de la revolución, la que quiere globalizar la justicia, los derechos humanos, la riqueza, la paz, el alimento, el trabajo digno para todos… La mujer que, según recibe la visita del Ángel, SALE, se pone en camino, se mueve.

No estamos acostumbrados a este rostro de María. Pero es esta Mujer, la que ha hecho vida la Palabra de la Escritura, la que ha sido elevada (Asunción) por Dios a la gloria. En esta fiesta, Dios nos pone en clave de lucha contra los Dragones exteriores e interiores, contra esa sociedad sin Dios-Padre-Madre, que no reconoce en cada hombre a un hermano. Nos sacude para que nuestra fe sea agente de cambio, más comunitaria, más cercana a los que están peor, y mucho menos preocupada y encerrada en sí misma. Pero también es un chorro de ESPERANZA, ¡tan necesario con la que está cayendo!: La esperanza de que la victoria final (el cielo) da sentido a nuestra lucha en la tierra. La primera lectura nos ha avisado de que necesitaremos refugiarnos en el silencio y el desierto, para hacernos más fuertes, para alimentarnos del Pan y la Palabra, para orar, para revisar-nos, para estar más en comunión con Dios…

Hoy desde el cielo, Dios y la Mujer María nos invitan a mirar con otros ojos a la tierra, a la sociedad, a la Iglesia/Comunidad y a nosotros mismos de manera más comprometida, más valiente, más vital, más esperanzada… para que se haga la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo. Así en la Iglesia como en la Mujer Vestida de Sol.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lc 1, 39-56)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Entre todas las mujeres de Israel, María destaca por su “obediencia filial y humilde” La obediencia bíblica no debe ser entendida en sentido “patrón-asalariado”, “jefe-empleado”, o “dueño-jornalero”. En la dinámica de filiación que atraviesa la Escritura y que se hace realidad en el Nuevo Testamento, María es la “mujer que escucha” con fidelidad a la vez que con libertad.

La libertad que le permite decir sí a Dios y a la humanidad que hace que no se envanezca o reivindique sus derechos ante él. De María no brota la exigencia por sus méritos, sino la alabanza de Dios porque se ha fijado en ella.

El misterio de la Anunciación sigue siendo un misterio. A los ojos humanos es “increíble”; a los ojos de la fe es “dejar a Dios que haga”, sin ponerles condiciones, obstáculos o reservas.

La victoria de María no es triunfalismo, sino exaltación de su humildad y de su obediencia filial.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana

PLEGARIA: DECIR TU NOMBRE, MARÍA

Decir tu nombre, María,
es decir que la pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte
puede ser también tu Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

AMEN

Pedro Casaldáliga

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *