Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Entrevista a Jean-Marc Sauvé: «El mal más absoluto se ha colado en la obra de salvación de la Iglesia»

El presidente de la comisión de investigación sobre los abusos en Francia analiza su informe final en Alfa y Omega.

14 de Octubre de 2021.- Los resultados de la investigación de la CIASE, la comisión independiente de investigación sobre los abusos sexuales en la Iglesia en Francia, revelan que la violencia sexual contra menores «fue masiva». Las cifras no dejan lugar a dudas. Hablamos con su presidente, Jean-Marc Sauvé.

La comisión buscaba «servir a la Iglesia». ¿Lo ha conseguido?
Servir a la Iglesia no es maquillar o embellecer la realidad. Es inseparable del servicio a la verdad y la justicia. El mensaje de la Iglesia exige que se reconozca el mal cometido en su seno y se erradique aquello que lo justifique o favorezca. Desde este punto de vista, sí, la comisión ha servido a la Iglesia católica.

¿Qué es lo que más le sorprendió de los resultados?
En primer lugar, la incapacidad para ser y vivir de las víctimas tras el abuso. Hemos sido testigos de personas profundamente heridas y vidas dañadas, incluso destruidas. El trauma causado es muy profundo. También el número de menores víctimas de abusos sexuales en nuestra sociedad, que es terrible. 5,5 millones de personas adultas han sufrido abusos cuando eran menores. Si bien la gran mayoría de la violencia ocurre en el entorno familiar o de amistad, la implicación de instituciones públicas y privadas es muy importante. Y, finalmente, la total indiferencia de la Iglesia hacia las víctimas durante mucho tiempo y la gestión exclusivamente interna de los casos para proteger la institución.

¿Cómo cree que va a afectar este informe a los católicos?
Sienten vergüenza y un dolor profundo. No percibo negación ni un intento de cuestionar los hallazgos. La pregunta es si esta desolación se puede convertir en energía positiva para realizar cambios. Los miembros de la comisión, católicos o no, experimentaron el mismo asombro y consternación al descubrir el alcance de los abusos. Pensábamos que la Iglesia en Francia se había librado de este flagelo.

330.000 víctimas de abusos sexuales desde 1950 a cargo de sacerdotes, religiosos y laicos con un encargo pastoral. La CIASE estima que los clérigos implicados ascienden a 3.000.

¿Qué ha sido lo más duro?
El encuentro con las víctimas. Descubrir las consecuencias traumáticas de una agresión sexual, ver a hombres de entre 45 y 75 años destrozados durante las entrevistas, sin poder hablar y con lágrimas en los ojos, fue aún más difícil por la gran dignidad de todas estas personas. Muchos de nosotros hemos necesitado una supervisión psicológica para llevar a cabo las entrevistas.

¿Ha llorado?
Era necesario escuchar sin dejarse abrumar por el sufrimiento de las víctimas. Pero a muchos de nosotros nos ha resultado complicado mantener tantos encuentros tan difíciles. Dicho esto, hemos sido conscientes de que, para una víctima, contar lo que le ha sucedido es revivir un shock y llega a ser un suplicio.

Como católico, ¿las víctimas le han preguntado dónde estaba Dios?
Ninguna, pero no dejé de preguntármelo. ¿Dónde estaba Dios? No en los autores, aunque estuvieran revestidos del sacerdocio. Dios estaba presente, humilde, sufriente y escondido, en los niños profanados, maltratados y heridos. Lo más terrible es constatar que el mal más absoluto –atentar contra la integridad física y psicológica de un niño– ha sido cometido por personas cuya misión era traer vida y no muerte, porque los abusos sexuales son una obra de muerte. Trajeron esclavitud, mutilación y la nada. No en nombre de Dios, pero lo utilizaron como coartada. El mal más absoluto se ha colado en la obra de salvación de la Iglesia.

¿Cómo emprender ahora el camino de redención que ha pedido el Papa?
No creo, y esto es terrible, que la Iglesia en Francia sea mucho más culpable que otras. Nuestra comisión ha contado víctimas recurriendo a las ciencias sociales y no solo a los archivos, algo que genera un efecto lupa. Si no hubiera hecho este trabajo, los resultados serían muy presentables y bastante mejores que los de otros países. Por supuesto, la Iglesia debe emprender un camino de conversión. Debe tomar decisiones fuertes y hacer gestos simbólicos.

Ustedes realizan 45 recomendaciones. ¿Cuáles son las más urgentes?
El reconocimiento por parte de la Iglesia de su responsabilidad, de carácter sistémico, en los abusos que se han cometido. También la creación de un mecanismo para reconocer la condición de víctima y de su indemnización. Esto último es la compensación por la responsabilidad de la Iglesia. No es una donación, sino una deuda con las víctimas que debe pagar. No es un regalo, se les debe. Es necesario trabajar sobre cuestiones de teología, eclesiología y moral sexual que pueden haber favorecido los abusos u obstaculizado su erradicación, y se debe profundizar en las cuestiones de gobernanza con mecanismos de gestión de riesgos, evaluación y control interno. Finalmente, el derecho penal canónico debe ser reformado a fondo.

Bio
• Nació en Templeux-le-Guérard (Somme) el 28 de mayo de 1949
• Se licenció en el Instituto de Estudios Políticos de París en 1970
• Entre 1995 y 2006 ocupó la Secretaría General del Gobierno francés De 2006 a 2018 fue vicepresidente del Consejo de Estado

Papa Francisco

«Deseo expresar mi vergüenza por la incapacidad de la Iglesia para poner en el centro a las víctimas»

Fran Otero
Imagen de portada: El ex vicepresidente del Consejo de Estado francés presentó el informe el pasado martes, 5 de febrero.
En total, más de 2.500 páginas.
(Foto: AFP / Thomas Coex)

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