Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Entrevista a Austen Ivereigh: “La sinodalidad es la mejor manera de lograr una conversión de mentalidad”.

(ZENIT Noticias / Ciudad de México, 3.2.2022).- Ofrecemos una entrevista que la corresponsal de ZENIT en México realizó a Austen Ivereigh, autor, entre otros, de un par de biografías sobre el Papa Francisco (“El gran reformador” y “Pastor herido”) sobre varios temas actuales de interés eclesial.

Pregunta: Austen Ivereigh es un periodista y escritor inglés que ha colaborado con el Papa Francisco en el libro “Soñemos juntos”. ¿Podrías compartir con nosotros cómo ha sido tu experiencia de escribir este libro con el Papa Francisco, porque además habías hecho una biografía llamada “El gran reformador”. Cuando escribiste la biografía “El gran reformador”, ¿ya conocías al Papa?
Respuesta: No. “El gran reformador”, que es una biografía del Papa, salió en el 2014, y escribí otro libro sobre él y sobre el pontificado, que salió en 2019, se llama: “Wounded Shepherd”, “Pastor herido” (en castellano), que no ha sido traducido.

Ahora, entre los dos libros sí llegué a conocerlo. La primera vez que nos sentamos a hablar me invitó a verlo en Santa Marta, fue en 2018. Este libro “Soñemos juntos” es el resultado de una colaboración. El libro es de él, pero yo lo ayudé a hacerlo. Me surgió la idea después de la pascua del año pasado, justo habíamos estado en confinamiento. Él había dado la famoso bendición Urbi et orbi del 27 de marzo y le propuse la idea de este libro, que es un poco de dirección espiritual a una humanidad que en ese momento estaba padeciendo la pandemia, la “noche oscura”, digamos la tempestad de la pandemia.

Entonces, lo que le dije fue: “Lo que usted ha dicho es que de esta crisis no vamos a salir igual, es decir, o vamos salir mejores o peores, pero no seremos iguales”. ¿Cómo es el proceso? Le pregunte: “¿Cómo podemos convertirnos a través de esta crisis?”. Entonces, él aceptó la idea del libro y lo armamos. Fue un poco complicado, pero de ahí surgió. Fue un libro de pregunta y respuesta, pero al final lo cambiamos para que en realidad fuera un libro simplemente de él.

Pregunta: ¿Cuál crees que es la mayor enseñanza que nos deja el Papa Francisco en este libro?
Respuesta: El título completo del libro es “Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor”. El libro está dividido en tres partes: Ver, juzgar y actuar. Entonces es sobre el proceso de conversión al cual estamos llamados en este momento, a través de la crisis. Primero, “ver la realidad”, qué es lo que nos ha enseñado esta pandemia, qué es lo que ha desvelado sobre la humanidad: las facturas, las inequidades, las vulnerabilidades. Segundo, “¿dónde está el Espíritu de Dios en esta crisis?”, es decir, ¿a qué es lo que nos está llamando Dios? Y ¿qué es lo que está buscando frustrar o socavar ese proyecto el mal espíritu? Ese es el discernimiento, cómo podemos elegir los caminos del Espíritu. Y tercero, actuar, “¿Cuáles son las propuestas que podemos hacer para que en el futuro tengamos un mundo más solidario, más fraterno?”.

Entonces, la conversión principal que habla el Papa en el libro es ¿cómo podemos conducirnos a través de esta crisis para que salgamos mejor? En el fondo es: ¿Cómo abrirnos a la gracia que siempre nos ofrece Dios en las épocas de tribulaciones? Es decir, tenemos un Dios misericordioso que no nos deja solos en el periodo de tribulación, sino que nos está ofreciendo una gracia. La gran cuestión es, ¿cómo podemos abrirnos a esa gracia? O, dicho de otro modo, ¿cómo podemos evitar los obstáculos y las tentaciones que socavan esa apertura?

En el fondo es, como dije, dirección espiritual para la humanidad. El libro está armado de tal forma que cuando uno empieza a leerlo se pueda acabar en poco tiempo. Es como si el Papa Francisco estuviera sentado a tu lado, como yo ahora con vos y por eso sacamos todas las preguntas. El Papa como que está diciendo: “Venid y hablemos de eso”. Además, habla argentino en el libro: “Venid y hablemos. ¿Qué es lo que vemos?, ¿cómo podemos salir mejor de esta crisis?”.

Pregunta: Y, ¿cómo ves ahora el pensamiento del Papa en tiempo postcovid? Bueno, aún continuamos…
Respuesta: Yo creo que algo le nació la noche del famoso Urbi et orbi, 27 de marzo, cuando estaba en la plaza, y nos invitó a descubrir qué está pasando detrás de la pandemia, algo están haciendo. Lo que él vio nacer, me parece a través de la crisis, es un nuevo sentido de la dignidad del pueblo, que es la expresión que él utiliza; es decir, que esta es la hora del pueblo. En el sentido de que el pueblo se está levantando, dándose cuenta que poco depende de ellos, de cada uno de nosotros, de poder crear un mundo mejor. De que no podemos confiar simplemente de las opciones técnicas y políticas. Ahí veo mucho de lo que él está haciendo ahora y diciendo, sobre todo, la invitación a la sinodalidad. Es por eso que yo estoy aquí, participando en la Asamblea de la Iglesia latinoamerica, que es una experiencia de Sinodalidad. Es una invitación al pueblo de juntarse, de soñar juntos, de discernir juntos caminos mejores.

Antes de la pandemia, el Papa tenía actitud yo diría más oscura de la dirección de la historia. Si uno ve sus discursos era muy sombrío sobre la dirección de la historia, pero después de la crisis Covid, él ve una nueva esperanza, paradójicamente, en ese despertar del pueblo.

Pregunta: ¿Qué podrías decir de esta cultura de la sinodalidad? ¿Nos podrías decir un poco que es o como la podemos llevar a nuestra vida diaria?
Respuesta: Yo vine a México, porque quería aprender algunas lecciones sobre la Iglesia líder en la sinodalidad, que es esta Iglesia Latinoamericana, porque esta Iglesia, única en el mundo, ha tenido mucha experiencia sinodal, es decir, experiencias de conferencias generales, que comiencen con consultas al pueblo de Dios y luego discernimiento de los signos de los tiempos. La asamblea en la que he tenido el privilegio de participar en México ha sido inédita también en la historia del Sínodo Latinoamericano, porque el pueblo de Dios está participando como sujetos de ese discernimiento. La invitación a la sinodalidad es esa: “a participar”, a reconocernos como sujetos, agentes y protagonistas de la Iglesia. El gran lema del documento de Aparecida de la Iglesia Latinoamericana del 2007 era: “Discípulos misioneros en salida”.

Discípulo misionero es alguien que se ha encontrado con Cristo, ha tenido la experiencia del encuentro con Cristo, y eso le suscita el deseo de salir a proclamar y trabajar por el Reino. Es una responsabilidad que les corresponde a todos. Pero, ese despertar, esa consciencia de ser discípulos misioneros depende también de un nivel de participación en las decisiones que se toman en la Iglesia, en el discernimiento qué se hace, sobre la pastoral de la Iglesia.

Yo veo la sinodalidad como un gran despertar de la invitación que nos hizo el Concilio Vaticano II y, sobre todo, en el Documento de Aparecida, de toda responsabilidad. Es derecho y es responsabilidad, somos discípulos misioneros en salida. Es la hora de realmente tener una Iglesia que refleje esa verdad.

Pregunta: Puedes compartirnos, por favor, ¿cómo es el pensamiento del Papa Francisco con respecto a Juan Pablo II, a Benedicto XVI? ¿A qué línea crees que el Espíritu Santo ha estado llevando a la Iglesia?
Respuesta: Creo que el Espíritu Santo hizo una cosa muy importante en el Cónclave del 2013, que se abrió la Iglesia Universal a la Iglesia Latinoamericana. La primera cosa que hay que decir es que el Papa Francisco de alguna forma es el producto de una tradición eclesial latinoamericana y, por supuesto, también una tela de fondo jesuita. Esa apertura a la Iglesia a Latinoamérica ha sido muy importante, porque América Latina es la fuente de la Iglesia Universal en ese momento; es el centro dinámico, sobre todo como el resultado del discernimiento que hicieron los obispos latinoamericanos en la Conferencia General de Aparecida en 2007, cuando hicieron un diagnóstico de los signos de los tiempos y llegaron a entender, a mi modo de ver, de una forma muy profunda la razón por la que la Iglesia tuvo, tiene y sigue teniendo dificultades en proclamar el Evangelio en un mundo cada vez más fragmentado y globalizado.

Entonces, lo que entendieron fue la necesidad de no simplemente confiar en estructuras católicas o en la cultura, porque todas esas cosas se iban descristianizando, en parte por la lógica del mercado y de la tecnología, sino que había la necesidad de volver a lo que uno puede llamar el Kerygma, la primera prédica de la misericordia de Dios, de la experiencia del encuentro con Jesucristo. Y que la Iglesia tiene que, de alguna forma, convertirse, tiene que cambiarse para que hubiera ese enfoque.

Eso está bien expresado en Evangelii Gaudium cuando el Papa habla de su sueño, de una Iglesia misionera, que está organizada para facilitar ese encuentro con Jesucristo y no para su propia preservación. Es otro enfoque, es un enfoque pastoral, misionero, proclamación de un Dios de amor y de misericordia. Toda esa energía, ese discernimiento, esa mentalidad y forma de pensar llegó con él a Roma, con su elección. Yo diría que ese es el cambio principal que hemos experimentado en su pontificado. Lo que ha sido, por supuesto, un gran shock para muchas personas y ha constituido de alguna manera un desplazamiento para una Iglesia en el norte rico, digamos, que se había acostumbrado a cierta manera de ser Iglesia. Entonces, es una tensión que la ha introducido. Pero no digo esto porque soy un discípulo y seguidor de Francisco, sino que me parece que ahora, ocho años después de su elección es una Iglesia mucho más dinámica, mucho más viva y mucho más cautivante. Ha dejado de ser aburrida, es una Iglesia en movimiento, en marcha y viva, más joven, más abierta. Esa ha sido la transformación, que es de él, pero también es de su Iglesia.

Pregunta: ¿A qué crees que se deba que justo el Papa Francisco habla mucho de la fraternidad y seguir el Evangelio? Por decir que hay que ir por el mas pobre y tratar de ayudar al más pobre se le tacha de comunista….
Respuesta: Eso no es nuevo, como él dijo hace poco, cuando él habla de la Doctrina Social de la Iglesia, le tildan de mil cosas. Cuando León XIII, en la Rerum Novarum de 1891, declaró que había necesidad de un salario justo, que no se podía simplemente depender de las leyes del mercado, la mitad de los católicos en Europa lo tildaron de marxista y no fue así. Eso en sí mismo no es tan sorpresivo. Pero el énfasis sobre la fraternidad viene de su convicción, y también de Aparecida, de que en un mundo líquido, una sociedad líquida fragmentada por la tecnología y los cambios sociales que hemos experimentado es más difícil estar unidos; es más difícil tener vínculos de confianza, tener una familia, comprometerse en una relación permanente y toda la cuestión de la afiliación a las instituciones, también viene cuestionada. Entonces, lo que los obispos aquí vieron en el 2007 y lo que Francisco ve muy claramente es la necesidad de refundar o regenerar esos vínculos.

Si uno considera cuáles serían los tres documentos principales del Magisterio de Francisco son Evangelii Gaudium, Laudato si y Fratelli tutti. El primero se ocupa de nuestra relación con Dios, Laudato si se ocupa de nuestra relación con lo creado, incluso las creaturas no humanas, y Fratelli tutti se ocupa de las creaturas humanas; las tres relaciones principales de gratuidad que necesitan ser regeneradas, porque han sido socavadas de alguna manera por este mundo fragmentado. Entonces, todo el énfasis franciscano, Fratelli tutti y Laudato si vienen de San Francisco de Asís hasta en los títulos, es porque realmente San Francisco de Asís tenía esa capacidad de relacionarse con Dios, con la naturaleza y con otros seres humanos con esa forma tierna y de respeto, reconociendo la gratuidad, es decir, que todas esas relaciones son fruto del don de Dios; que tenemos que acogerlos como un don y no instrumentalizarlos.

Yo creo que todo eso viene de ese discernimiento de la modernidad, por eso también el énfasis en la cuestión ecológica y de la emigración, que son los dos signos de nuestro tiempo, que también son fruto de esta fragmentación.

Pregunta: ¿Cómo ves todo esto que el Papa ha estado enfrentando, como es el tema de la pederastia y los nuevos problemas que lleva en este caminar la Iglesia?
Respuesta: Hasta cierto punto yo diría que la Iglesia sinodal (o para usar una frase muy de ahora: la conversión sinodal de la Iglesia, de pasar de un modelo de Iglesia a una no nueva, porque realmente es propio de la Iglesia ser sinodal, pero habíamos perdido la costumbre de la sinodalidad…)… Todo esto es de alguna manera una respuesta a la crisis de abuso porque, ¿qué es lo que la crisis de abusos, no solo sexuales, sino de poder y de conciencia, qué es lo que esa crisis reveló sobre la Iglesia? Que una Iglesia que es jerárquica está bien, Cristo fundó una Iglesia que es jerárquica. Pero también Jesús fundó una Iglesia sinodal, donde todos podían participar. Dice en los Hechos de los Apóstoles que el cuerpo entero se unió y decidió (cf. Hch 15, 1-29). Lo que pasó es que en la época moderna perdimos esas costumbres de sinodalidad.

Una Iglesia jerárquica sin la sinodalidad es una Iglesia o puede ser una Iglesia abusiva, o por lo menos una Iglesia ciega a la posibilidad de abusos, porque ejerce el liderazgo y el gobierno de una forma no sólo vertical sino también individual: el obispo solo tomando decisiones o el sacerdote solo y distanciado del pueblo. No sólo en la Iglesia, pero ese tipo de distanciamiento y actitud es lo que conduce a una mentalidad de abusos. Entonces, yo diría eso, que la Iglesia, a aparte de todo lo que ha hecho el Papa Francisco para enfrentar esa cuestión, que sería para otra entrevista (uno puede hacer una lista grande de cosas que él ha hecho e introducido, prácticos, legales, etc.), en el fondo lo que hace falta es la conversión de mentalidad y la Iglesia sinodal es la mejor forma de lograr esa conversión.

Imagen: Austen Ivereigh.
(Foto: El Mundo)

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