Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

El político debe ser «prudente y proteger a sus ciudadanos»

Legutko, político polaco en la UE, subraya en Católicos y Vida Pública que en este mundo «supuestamente libre» hay una «lista de enemigos señalados más larga que en la Unión Soviética».

18 de Noviembre 2021.- «Prácticamente cada día se dan ejemplos concretos de corrección política en el Parlamento Europeo», asegura a este semanario el político y filósofo polaco Ryszard Legutko, representante en Europa del partido Ley y Justicia, y uno de los cabezas de programa del Congreso Católicos y Vida Pública, que el pasado fin de semana debatió en Madrid sobre Libertades en peligro. Pone un ejemplo: «Prácticamente, cada documento del Parlamento contiene referencias a políticas de igualdad de género». Sin ir más lejos, «en un informe relativo a los efectos nocivos del amianto». «Me pregunto cuál es la relación entre el amianto y la igualdad de género. Pues bien, aparentemente, encontraron esa relación», sostiene, sorprendido. Ryszard Legutko recalca que «en todo lo que se trabaja, incluida su política exterior respecto al amianto, hay aspectos ideológicos relacionados con los derechos de las mujeres, los derechos de los homosexuales, el aborto o la igualdad de género». Tenga relación, o no.

Legutko editó una revista disidente durante el comunismo.
(Foto: Universidad CEU San Pablo)

El polaco, que durante su intervención el pasado viernes en el congreso denunció el hecho de que «650 eurodiputados decidan sobre mi país sin ser responsables ante la ciudadanía», reivindica en su encuentro con Alfa y Omega la importancia, como político, de ser «prudente y proteger a sus ciudadanos». Ante la cuestión de la crisis migratoria en la frontera de Polonia con Bielorrusia Legutko, católico confeso, deja clara su posición: «El magisterio de la Iglesia no dice nada de que tengas que estar de acuerdo con la inmigración descontrolada. Tú tienes que ayudar al prójimo, pero no dejar entrar a cientos de personas en tu territorio, porque puede afectar a la seguridad de otros». Según el parlamentario europeo, lo que está sucediendo en la frontera «no es una crisis humanitaria», no son refugiados «que llegan a pie, sino que vienen en aviones fletados por el Gobierno bielorruso. Están siendo manipulados y nosotros debemos defendernos, porque conocemos los efectos de la migración descontrolada. Hace algunos años lo sufrimos, y ahora se está repitiendo», constata.

Lo políticamente correcto «tiene el riesgo de convertirse en el Gran Hermano de Orwell»

Bernardito Auza
Nuncio

Legutko, que en tiempos del comunismo en su país fue editor de la revista disidente Arka, habla sin tapujos sobre la crisis en la frontera, pese a la «cultura de la cancelación del discrepante» que se vive hoy día en las instituciones de la UE, como afirmó durante su ponencia en el congreso. Y tampoco se pone trabas a la hora de criticar la democracia liberal y sus «estándares democrático liberales», tema al que dedica un libro entero, Los demonios de la democracia, editado por Encuentro. Ante un sistema político «que degrada y empequeñece al hombre bajo la falsa creencia de que es libre», el filósofo pide, por ejemplo, que las instituciones que son asimétricas, como «las escuelas, donde están los que enseñan y los que aprenden», o la Iglesia, «que tiene una jerarquía», lo sigan siendo. Para el polaco, vivimos en la paradoja de una sociedad que se presenta a sí misma como plural, inclusiva y tolerante, pero «está llena de discriminación, injusticia, intolerancia y odio». Durante su participación en Católicos y Vida Pública hizo una dura afirmación: «La lista de enemigos señalados es más larga que la de la Unión Soviética. En este mundo supuestamente libre, tolerante y plural, cada semana surge un nuevo grupo de enemigos».

«Ojalá podamos recobrar nuestra capacidad para perdonar»

Rémi Brague
Profesor emérito de la Sorbona

Corrobora esta idea el tradicional manifiesto final del congreso que la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y el CEU llevan celebrando 23 años. En un texto sin ambages, los responsables de este espacio de debate recalcan que «estamos ante un movimiento ideológico que ha sido calificado como dictadura intolerante, o como un nuevo totalitarismo, incluso por pensadores nada sospechosos de fanatismo religioso –como Eugenio Trías o Noam Chomsky–». Es, explican, «un nuevo totalitarismo líquido o blando que no golpea, pero sí ahoga o asfixia. No mata el cuerpo, de momento, pero mata el intelecto libre y el espíritu». Y aseguran: «Esta forma de pseudorreligiosidad sectaria unida al secularismo es capaz de herir el alma, sobre todo la más vulnerable, la de la infancia y juventud».

«Quieren censurar a los que decimos cosas que incomodan»

María San Gil
Fundación Villacisneros

En tres días de congreso, en el que han participado filósofos como Rémi Brague –en un contexto en el que, en España, se suprimen «la Filosofía y las Humanidades para sustituirlas por una omnipresencia de pantallas electrónicas»–; el actor y dramaturgo Albert Boadella; el nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza, o la vicepresidenta de la Fundación Villacisneros, María San Gil; y se han realizado talleres sobre educación, memoria histórica, familia y moral sexual o arte y literatura bajo la corrección política, una de las conclusiones es que estamos siendo «empujados hacia una sociedad distópica» que, en términos religiosos, «busca no solo expulsar el fenómeno religioso o sus valores éticos del ámbito público, como en el viejo laicismo, sino también de lo privado, atacándolo en el fuero íntimo de las conciencias, las familias, las iglesias, la economía, el ocio, el lenguaje…», y, asegura el manifiesto, hasta en «los gestos». Por otro lado, en términos civiles, «amenaza con destruir las raíces civilizacionales de la democracia, la tolerancia, la solidaridad, la igualdad ante la ley, el imperio de la ley, así como de las libertades recogidas en las cartas de derechos humanos».

«Casi todos mis colegas de profesión están adiestrados en la autocensura»

Albert Boadella
Dramaturgo

Ante un panorama desolador, las conclusiones del congreso ofrecen propuestas para afrontar este gran desafío. «El primer paso es identificar y denunciar el problema, impidiendo así sus estrategias de enmascaramiento». El segundo paso, proponen, es «ser una Iglesia en salida», activa y proactiva «tanto en la defensa como en la construcción de una civilización del amor que supere por elevación estas situaciones». Para ello, en una serie de 25 puntos, piden, entre otras cosas, que haya libertades civiles, libertad religiosa y de pensamiento, que las instituciones educativas transmitan el conocimiento desde la libertad, que los medios de comunicación sean parte de la solución, o que los organismos internacionales se liberen de «la ideologización, que supone un grave riesgo que socava sus principios constitutivos».

«Un ser humano destruido en su dignidad no nos puede dejar en la indiferencia»

Carlos Osoro
Arzobispo de Madrid

En definitiva, recalcan, «llamamos a ejercer la fascinante defensa de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza».

«Quise ir a la guerra»

No tiene miedo de morir por defender sus raíces. Y eso que nunca ha vivido en la tierra de sus ancestros, Armenia. Harout Mikaelian, de 23 años, nació en Siria, pero es hijo de la diáspora del país cuna del cristianismo. Huyó con su familia de Alepo cuando tenía 16 años, no sin gran esfuerzo anímico y económico –«tuvimos que pagar a muchos grupos para poder llegar hasta España»– y desde aquí, el año pasado, estuvo dispuesto a empuñar un fusil y partir hacia la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por el territorio de Nagorno Karabaj. «Quise ir a luchar en las filas del Ejército armenio; estaba preparado para morir», aseguró este chico a los jóvenes congregados en torno a él el sábado, durante el taller joven del Congreso Católicos y Vida Pública.

«Muchas otras veces ha habido enfrentamientos entre ambos países, pero esta vez se trataba de una limpieza étnica, cultural, religiosa. Quieren borrar del mapa a la población armenia, que tiene su propio alfabeto, su tradición cristiana», recalca Mikaelian a Alfa y Omega. El joven aguantó una semana viendo las noticias. «Armenia estaba sola: pedimos ayuda de Rusia, de la Unión Europea, hicimos marchas por la paz… Pero no pasaba nada. La comunidad internacional miraba para otro lado mientras Azerbaiyán contaba con el apoyo de Turquía». Así que pensó en reforzar las filas. Llamó a otros amigos en la diáspora. Que aunque no nacieran en Armenia, son armenios. Lo llevan en la sangre y en el corazón. Se pusieron en contacto con el país «para dar a nuestra patria un poco más tiempo para sobrevivir. Pero no nos dejaron ir. No había armas suficientes».

Fue así como decidió dar la batalla en otro campo: el de la opinión pública. «Me puse a compartir información en redes sociales, a citar a políticos, a medios de comunicación… y comencé a recibir amenazas desde Turquía y Azerbaiyán». Frases como: «Si sigues compartiendo información te vamos a matar, te tenemos localizado». Pero el joven armenio que nació en Siria no tenía miedo. «Ya había imaginado que perdería la vida en la guerra, como las alrededor de 6.000 bajas armenias que hubo en el enfrentamiento. Así que unas amenazas no me iban a frenar».

Este joven que con 16 años trabajaba en un restaurante en Suecia para enviar dinero a sus padres, ya establecidos en España, que estuvo «muy solo, sin familia ni amigos, ni nadie que me ayudara a levantarme y seguir adelante», compartió su testimonio con otros jóvenes para mostrar, con su vida, que se puede luchar –también literalmente– por defender un ideal.

Cristina Sánchez Aguilar (Alfa y Omega)
Imagen de portada: El nuncio (en el centro)
participó en la sesión de apertura del congreso.
(Foto: Universidad CEU San Pablo).

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