Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

El Papa: en las luchas de la vida confiemos en la protección de los ángeles

No dejemos de rezar a San Miguel Arcángel, patrono y protector de los gendarmes del Estado vaticano, y a los numerosos ángeles que Dios pone a nuestro lado para superar las divisiones y la falta de armonía resultantes de la injerencia del diablo. Así llegaremos a la victoria definitiva de Dios sobre el mal. Es el aliento y la invitacion del Papa al cuerpo de policía encargado de la seguridad en el Vaticano, en la misa celebrada en los Jardines del Vaticano, el pasado 2 de octubre.

Ciudad del Vaticano, 4 de octubre 2021.- «La vida cristiana no es fácil: siempre hay dificultades» que crean divisiones, envidias y nos hacen perder la armonía y la paz. Es el diablo quien las siembra. Pero «para defendernos» Dios ha puesto a nuestro lado a los ángeles que siempre nos acompañan, en primer lugar a San Miguel Arcángel que «derriba definitivamente al diablo» y nos enseña a luchar contra el maligno. Por eso nunca debemos «olvidarnos de rezarles», a los ángeles y a San Miguel, hasta que se logre la victoria definitiva de Dios sobre el mal. En síntesis, este es el mensaje que contiene la homilía que Francisco dirigió al Cuerpo de Gendarmeria del Estado de la Ciudad del Vaticano el 2 de octubre en los Jardines Vaticanos. La figura central era San Miguel Arcángel, patrono y protector de la Policía del Estado italiano y del «Cuerpo de Carabineros Pontificios».

El enemigo de la naturaleza humana
La observación de Francisco es que hay una lucha diaria en nuestras vidas, debido a la desarmonía que siempre acecha en las diversas esferas de la familia, el trabajo y la vida pública. En el origen, explica en varias ocasiones, está el diablo «contra el hombre siempre, por envidia. La destrucción de nuestra armonía la hace el diablo». Esta es su misión «destruir la belleza que Dios ha hecho para nosotros. Y para eso vino Jesús, para dar su propia vida para resolver este problema y vencer al diablo en la cruz».

“Y nosotros, en nuestra vida cotidiana, si pensamos bien cuántas veces tenemos ansiedades, problemas, que perdemos -digamos así- el equilibrio, perdemos la paz, perdemos la armonía. Cuántas veces la gente se «grita», se gritan los unos con los otros y se pierde la paz. La gente no se escucha y se pierde la paz. ¿Quién es el que siembra esto? El diablo. Las guerras son fruto del diablo, no tengo miedo de decirlo. Quizá alguien diga: «¡Pero esto, padre, es demasiado anticuado!». No, es la verdad, y la verdad no es moderna ni anticuada, es la verdad. Siempre ha sido así. El enemigo de la naturaleza humana: es el diablo. ¿Por qué? Por la envidia. La Biblia dice que con el diablo, la envidia entró en el mundo, destruyéndonos, separándonos unos de otros”.

La «política» del diablo y la salvación de Jesús
Pero en la lucha diaria, señala el Papa, nunca estamos solos. Porque el Señor -como vemos en la Biblia- «nos da los Ángeles que nos acompañan, también para defendernos», de «esta ‘política’ del diablo» que pretende destruir «como quiso destruir a Jesús». Esto es lo que nos ha salvado: Jesús». Y el príncipe de los ángeles, el «jefe» es San Miguel Arcángel» que libra la última batalla contra el diablo; es el que hace caer al diablo para siempre»:
“Por eso bendecimos a los ángeles, por eso bendecimos a San Miguel. Bendecimos a los Ángeles porque son nuestros compañeros de camino; bendecimos a San Miguel porque es un luchador y te enseña, nos enseña a luchar contra el maligno, contra el enemigo, que siempre crea trampas, cosas para dividirnos y hacernos caer a todos”.

Por eso, en la fiesta de San Miguel, patrono de la Gendarmería, las palabras del Papa son ante todo de agradecimiento a Dios, que no nos ha dejado solos «después del pecado», y de oración a estos protectores que nos acompañan en la vida, que hoy «no es fácil»:
Que el Señor nos dé a todos la gracia de comprender bien que la vida es una lucha: cuando no hay lucha [no hay vida]: los muertos no luchan; los vivos siempre luchan, hay lucha. Y que nos dé la gracia de no estar solos en la lucha, que siempre haya alguien que nos acompañe.

Imagen: El Papa en la misa para la Gendarmeria de Estado
de la Ciudad del Vaticano
(Vatican Media)

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