Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

El cardenal Osoro anima a los políticos católicos a «servir a los demás como Dios mismo los sirve»

El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, predicó el pasado sábado, 11 de diciembre, un retiro de Navidad organizado por la Academia de Líderes Católicos Latinoamericanos, entidad a la que acompaña pastoralmente de forma habitual.

Desarrollado de forma virtual, a él se sumaron más de 350 personas de 20 países, que comenzaron la jornada con una oración dirigida por José Luis Segovia, vicario episcopal para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación de la diócesis de Madrid.

Con el título Dame de beber, el purpurado explicó que hoy en día hay muchos que tienen sed, como refiere el Evangelio en ese encuentro de Jesús con la samaritana. «Qué hondura alcanza la vida de un discípulo de Cristo al descubrir la Iglesia como una madre de corazón abierto», expresó. Un grito el de «dame de beber», a veces silencioso y otros más ruidoso, que «no puede dejar de escucharlo la Iglesia de Cristo». En la Iglesia, como dice el Papa Francisco en Evangelii gaudium, «hay lugar para cada uno con su vida a cuestas», y hay que llegar, sobre todo, a los pobres y enfermos, a los despreciados y olvidados.

En este punto, el cardenal dio las gracias a los políticos que alimentan ese deseo de dar de beber a los hombres. Y para esto, «hemos de tener imaginación, la misma que tuvo el Señor para alcanzar el corazón de la samaritana»: Dios tiene sed del hombre, dijo, y viceversa, porque el hombre «tiene grabada la imagen de Dios en su esencia». Las ciudades son lugar privilegiado de la nueva evangelización, especificó el purpurado, y para eso hay que generar espacios de oración y comunión.

En este momento histórico, de vacío existencial, de vacío espiritual, de antropocentrismo moderno, de relativismo dominante, «la Iglesia ha de ofertar la vida de Dios para quitar la sed de la humanidad y transformar este mundo». Este vacío «urge a todos los discípulos de Cristo a dar una respuesta», añadió, porque sin la presencia de Dios, el ser humano «no es propiamente tal ni tiene el diseño que hizo Dios de él». «Déjate alcanzar por Dios; él está ahí, como se acercó al pozo de la samaritana», animó.

Crisis de «humanismo verdadero»
Pero ante la crisis de «humanismo verdadero» del que habla el Papa Francisco, el arzibispo de Madrid constató también en estos tiempos «un deseo de encuentro con quien da fundamento a la vida, y una necesidad, en lo más profundo de la existencia humana, del encuentro con Dios». En esta nueva época, continuó, «se vuelve imprescindible la exigencia de recogimiento, de contemplación, de vivir en y desde lo sagrado, de escuchar y dejarnos hacer por la Palabra de quien sabemos que nos ama».

Hoy, aseguró, la tarea «más importante e inaplazable» es «dejarse ver por Dios, dejarse abrazar por su amor», porque así se abrazará a los demás como Él mismo lo hace. En este sentido, la Navidad es «una oportunidad única para dejarnos abrazar por Dios». Igualmente, a días del nacimiento de Jesús, «estamos sintiendo la dicha de poder entregar a esta humanidad la noticia que cambia el corazón y la vida de los hombres», que es el mismo Jesucristo «que quiere entrar en nuestra vida».

Junto al encuentro con Dios, el prelado destacó el encuentro con los hermanos: así le pasó a la samaritana, que tras su conversación con Jesús corrió a su pueblo a dar testimonio. Recordando las palabras del Santo Padre en Fratelli tutti, el cardenal Osoro comentó que «ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano». Y propuso pararse a pensar «si, como cristianos, tenemos el corazón abierto a todas las personas sin distinción». «¿Sabemos mirar nuestra ciudad, nuestros barrios, nuestros pueblos, con una mirada contemplativa, y ver la presencia de Dios que habita en los hogares, en las calles, en las plazas?».

«Entremos en una ciudad», invitó, «sin miedos», como Jesús hizo en Sicar. Él entró en tierra de hombres que tenían otras formas de vivir y de pensar, pero tenían sed. La crisis de valores, la falta de ideales, los procesos de secularización de los últimos años, entre otros, quizá han dejado a la visión cristiana en un segundo plano. Pero a la vez «hay sed de amor verdadero, de amor incondicional», sed de apertura a «Alguien que colme las aspiraciones del corazón del ser humano». Ante esto, el cardenal propuso ser de los que hacen la pregunta «¿qué vamos a hacer?» en vez de «¿qué va a pasar?».

Las prepcupaciones de los políticos
Tras un momento de reflexiones por grupos, los políticos le expusieron el cardenal lo que más les preocupa: armonizar el interés común, llegar a todos los ciudadanos sin juzgar, afrontar la migración, aplicar la doctrina social de la Iglesia, qué hacer ante el avance fuerte en algunos países de la izquierda marxista atea y proaborto, cómo impulsar la fe en el ámbito público ante una realidad detractora de los valores cristianos, qué actitud han de tener para escuchar al Señor y ser los líderes que necesita el mundo en este cambio de época…

Ante todas estas inquietudes, el cardenal les recordó varios puntos importantes. En primer lugar, advirtió de que en una sociedad que hace que la gente no piense, esa sed que todos tienen la maneja el que más poder tenga. Recordó el título que un cristiano tiene, y que viene del padrenuestro: hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Alertó contra los juicios, que surgen cuando hay sed no saciada. «Ni siquiera Dios nos juzga», recalcó. Preguntó cuál es el compromiso del político: ¿el tener o el servir a la gente? Los cristianos deben participar en la política, resumió, «no para ver cómo yo logro situarme mejor, sino que los otros se sitúen mejor». El objetivo es «lograr una vida mejor para los hombres». «Hay que meterse en la transformación del mundo», enfatizó, y esto no solo corresponde a las tareas políticas, también a las tareas sociales.

Sobre la migración, que el mismo Jesús vivió en su vida en la tierra, tal y como señaló el purpurado, contó por su propia experiencia que «los latinos son los que más nos están enseñando a recuperar la fe a los españoles». «Nadie puede sentirse en tierra extraña», recalcó. Animó por último a los políticos a pedir a Dios esa agua viva para darla a los demás, pedir «servir a los demás como Dios mismo los sirve». «Recibir a Jesucristo en nuestra vida supone hacer verdad que este mundo sea una gran familia», algo que no se hace con ideologías, concluyó, sino con ideas.

Infomadrid / B. Aragoneses

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