Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Día de la Memoria, Edith Bruck: «Buscar la luz sin olvidar la oscuridad»

La escritora y superviviente de Auschwitz habló ante los micrófonos de Radio Vaticano sobre su indescriptible experiencia en los campos de concentración, subrayando que durante demasiado tiempo mucha gente sigue sin reconocer plenamente la tragedia de la Shoah. A continuación, Edith Bruck habló de los jóvenes y de los mayores, de la importancia de la escritura, y envió un mensaje a los periodistas: «Cuenten las cosas buenas que ocurren cada día en el mundo».

Ciudad del Vaticano, 26 de enero 2022.- Trece años. Cuando la vida estalla por dentro, la voz cambia y los ojos buscan colores nuevos, aún inexplorados, sin embargo su camino tocó su punto más bajo. El dolor más atroz, el del encarcelamiento y la muerte violenta y sin sentido de sus seres queridos, empezando por sus padres. Edith Bruck, de 90 años, húngara nacionalizada italiana, sólo tenía 13 años cuando fue deportada a Auschwitz y luego a otros seis campos de concentración. El último, Bergen-Belsen, fue el de su liberación. Era abril de 1945. Un año como prisionera, junto con su familia. Sólo volvería con ella una hermana.

El Papa visita a Edith Bruck, superviviente de Auschwitz
La joven Edith Bruck vuelve a Hungría, cumple 14 años en mayo. La pobreza y el duelo le impiden quedarse en casa. Primero Checoslovaquia y luego Israel son los países a los que acude en busca de una nueva vida, de serenidad. Anhelando la paz. Se detendrá en Italia, en Roma, recién en 1954. La ciudad en la que todavía reside hoy. En su casa romana fue donde el Papa Francisco le hizo una visita sorpresa hace poco menos de un año, el pasado mes de febrero. El abrazo, las lágrimas y un diálogo que, confiesa, no se ha interrumpido desde entonces. Escritora, poeta, directora. Su amor por la escritura la ha acompañado de década en década. «Seguiré escribiendo mientras viva», dice en la víspera del 27 de enero, Día de la Memoria.

Muchos se preguntan todavía hoy cómo se pudo mirar hacia otro lado ante lo que ocurría en los campos de concentración. Tantos se preguntan también por los llamados nuevos campos de concentración de nuestra actualidad y la falta de indignación. ¿Qué le parece?
Creo que todo se sabía. Los americanos y los alemanes lo sabían. Muchos agentes judíos fueron a América, pero se les dijo que era imposible. Una verdad que, de alguna manera, se rechazó o se fingió no creer por intereses políticos o bélicos. Incluso los alemanes dijeron después de la guerra que no lo sabían. Pero así como yo los veía todos los días, ¡ellos también me veían a mí! El negacionismo comenzó después de la guerra, pero incluso los estadounidenses podrían haber bombardeado antes la línea de ferrocarril a Auschwitz. Las deportaciones continuaron incluso en febrero de 1945, en Bergen-Belsen. Los «campos de hoy» son terribles, pero no los confundiría con los campos nazis. Para mí siguen siendo otra cosa.

¿Pero ve la misma indiferencia? ¿Cree que el corazón de la gente sigue siendo demasiado duro ante la injusticia?
Los hombres no han aprendido de sus fechorías. No han aprendido de Auschwitz, ni de Vietnam. La situación es trágica, pero me gustaría separar Auschwitz de las demás páginas oscuras de la historia.

¿Qué sintió cuando vio en Italia, hace unas semanas, personas vestidas de deportados en Italia para decir no al «green pass»? ¿Una herida que se reabre?
Una cosa vergonzosa, una obscenidad. Un circo frente a millones de personas muertas. Me horroriza, como cuando veo manifestaciones con banderas nazis en Italia. Pienso en Casapound, en Forza Nuova. No debemos olvidar lo que dice la Constitución italiana. El peligro en este sentido avanza y lo hace en toda Europa, ciertamente no sólo en Italia.

La gente piensa, erróneamente, que esto no concierne a todos, porque no afecta a todos. ¡Este es el error de todos los tiempos! No me afecta sólo a mí, no afecta a nadie en particular, ¡sino a la humanidad! Nos concierne a todos lo que ocurre con los excluidos, con los últimos. Hoy no podemos decir que no lo sabemos. Hoy vemos todo y somos responsables, nos concierne a todos.

En los días más oscuros, cuando a usted la deportaron, ¿había una canción, una melodía que soñaba con volver a escuchar? ¿Uno también se refugia en las notas en los peores momentos?
Desgraciadamente sólo escuchaba, sólo conocía las canciones nazis, las que iban contra los judíos. Ninguna otra canción, sólo esas letras vergonzosas. Mucha gente en los campos había compuesto, digamos, orquestas, pero para los alemanes, no para nosotros. La única música eran gritos y llantos. Silencio, muerte y disparos.

Cómo se comunicaban, en los campos se hablaban muchos idiomas…
Los húngaros fuimos los últimos en ser deportados, nos entendíamos, pero no hablábamos. No hubo tiempo para hablar, ni siquiera para la solidaridad. Lo que importaba era no perder la vida, esa era la única urgencia. No dar un paso fuera de la línea. Hacía un frío glacial, sentíamos un hambre que nos cegaba. No había nada que decir, más que protegerse a uno mismo. Era difícil incluso pensar en la amistad en los campos de concentración.

La escritura será una de sus más fieles compañeras a lo largo de los años. ¿Por qué es tan importante escribir, incluso a los 90 años? ¿Por qué son tan significativas las páginas?
Nunca dejaré la pluma mientras pueda escribir (afirma entre risas). Después de la guerra no fuimos bienvenidos, no se nos escuchó. Como si fuéramos retazos de vida, trapos. No podía soportar eso, tener que cerrar la boca. Me llené de palabras, quería contarlo. Empecé a escribir en inglés, luego en Italia aprendí italiano y retomé la escritura del libro que empecé en Hungría en 1946. Así que publiqué el primer texto en 1959 y no he dejado de hacerlo desde entonces.

Creo que lo haré hasta el final de mis días, al igual que seguiré yendo a las escuelas. Los niños necesitan saber, quieren saber. Hay poca comunicación dentro de la familia, y aún menos con los abuelos. En cambio, escuchar es muy importante y necesario. Los niños lo quieren, pero hablamos poco o nada. Ningún país ha afrontado este gran discurso, salvo en parte, y vemos lo que está ocurriendo ahora. El racismo y el antisemitismo avanzan. Una enorme responsabilidad, de toda Europa.

¿Qué importancia tiene que haya un diálogo intergeneracional?
Mucho. Las personas mayores suelen quedar excluidas del diálogo porque no producen. Perdidos en las residencias, mueren pronto. Así, la sociedad se vuelve egoísta y sin corazón, una verdadera tragedia.

Edith Bruck con el Papa Francisco 20 de febrero de 2021

Diálogo, narración, testimonio: ¿todavía no hemos aprendido a escuchar de verdad?
Creo que escuchar es lo más importante. Los niños son más maduros de lo que imaginamos. Hablamos del acoso y la violencia, pero no de su curiosidad, de su sed de saber, de entender. Los jóvenes valen mucho más de lo que pensamos, no están vacíos, ¡sino llenos de interés! Somos nosotros los que no podemos hablar con ellos, y para ello debemos aprender a escuchar. En el último año he visto a más gente escuchando, quizá por la sensación de inquietud ligada a la pandemia. No lo sé. En el último año no he parado ni un día, he estado escribiendo y dando entrevistas. Hay mucha demanda. Tal vez el mundo quiera entender más, y eso es muy importante.

También a usted la ha escuchado el Papa el pasado mes de febrero, cuando fue a visitarla a su casa. ¿Cuál es su primer recuerdo de ese día?
No hay un primer recuerdo, sino ese abrazo, mis lágrimas en cuanto lo vi. Luego me llamó un par de veces. Los otros Papas vinieron a pedir perdón en la Sinagoga, pero Francisco vino a casa y esto tuvo un gran eco. Todos los periódicos se hicieron eco de ello e incluso hoy, después de un año, siguen hablando de ello. Un mensaje no para mí, sino para todos. Personalmente, considero que es el gesto más hermoso, este perdón, desde mi casa se ha extendido por todo el mundo. Hemos hablado en otras ocasiones, y debo decir que tenemos una relación muy especial.

Por último, ¿qué mensaje quiere dejarnos a los periodistas, a los que intentamos contar la verdad?
Me gustaría decir que debemos contar las cosas positivas, lo bueno y no sólo lo malo. En mis libros también he contado las luces de mi año de prisión. Nunca todo es negro, también hablamos de lo que es positivo. Esto también es muy importante para los niños, cuando voy a las escuelas también hablo de las sombras de luz, de esperanza. Hay muchos voluntarios, mucha gente que hace el bien. Contémoslo, no demos espacio sólo al mal.

Andrea De Angelis

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