Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Cientos de vidas salvadas gracias al helipuerto vaticano

El helipuerto de la Santa Sede se usa desde 2015 para el tránsito de helicópteros en casos de urgencias pediátricas graves o trasplantes.

30 de Septiembre 2021.- Las espectaculares imágenes de Benedicto XVI a bordo del helicóptero sobrevolando Roma con rumbo a Castel Gandolfo, tras su renuncia en febrero de 2013, están grabadas a fuego en nuestra memoria colectiva. Pero la historia del helipuerto del Vaticano, situado en los espléndidos jardines, tiene más capítulos memorables. Fue inaugurado en 1976 por Pablo VI, el primer Pontífice en viajar a los cinco continentes. Siete años antes, el flamante helicóptero militar en el que viajaba Richard Nixon en visita oficial al Papa hizo una entrada imponente en plena plaza de San Pedro. Aunque para dar con la primerísima aeronave que tocó suelo vaticano hay que remontarse a la primavera de 1959. Juan XXIII bajó de una de enormes dimensiones en el exiguo patio de San Dámaso, ante el Palacio Apostólico, tras varias maniobras arriesgadas del piloto que había intentado aterrizar minutos antes en el techo de la basílica de San Pedro, cortando la respiración a los presentes.

Más allá de los viajes por Italia, enmarcados en la agenda del Papa, el helipuerto del Vaticano acoge desde 2015 otro tipo de operaciones tan relevantes que determinan la delgada línea que separa la vida de la muerte en una emergencia. En este espacio aterrizan y despegan helicópteros y aeroambulancias medicalizadas con destino o procedentes del hospital Bambino Gesù, el centro de excelencia pediátrica conocido como el hospital del Papa. «Nuestro hospital está junto a las murallas del Vaticano. Es una zona céntrica de difícil acceso con muchísimo tráfico en las inmediaciones. Por eso, acortar los tiempos de intervención es fundamental. La primera hora después de haber sufrido un trauma o un accidente es realmente decisiva», señala Corrado Cecchetti, el responsable del área roja del Departamento de Emergencias del Hospital Pediátrico Bambino Gesù.

Es más fácil entender su explicación y lo que significa para ellos el acceso al helipuerto vaticano si le ponemos rostro. Por ejemplo, el de un niño de 10 años que se ahogó este verano en la playa de Ostia. «El socorrista lo sacó del agua, pero estaba inconsciente. Debido al fuerte viento, el helicóptero no pudo aterrizar. Lo subieron en marcha. Pudieron estabilizar las constantes vitales, pero tenía una situación cerebral particularmente comprometida. En menos de diez minutos llegó al hospital», reseña. «Lo primero que hizo al salir de la UCI fue volver a bañarse». Era imposible que una ambulancia recorriera en tan poco tiempo los 29 kilómetros que separan al hospital del litoral de Roma. O el caso de un niña a la que cayó encima un trozo de fachada desprendida en la zona cerca a la capital italiana de Castelli Romani, que «llegó gracias al helicóptero a tiempo» y «entró directamente a la sala operatoria». O el de un niño de poco más de 5 años que había sido agredido por un jabalí y al que «daban por muerto». Finalmente pudieron «operarlo en poquísimo tiempo y se salvó».

«La mayor parte de las historias terminan con final feliz», asegura Cecchetti. Aunque, por desgracia, no todas. «Un niño con una patología cardiaca falleció en el helicóptero. Estaba en condiciones muy graves y llegó muerto al Vaticano. Enseguida llamamos a un sacerdote. Uno de los gendarmes presentes puso en las manos del niño un rosario. Mientras, la familia recibía consuelo espiritual», relata. Reconoce que la muerte es parte de su trabajo, «pero es la fe la que sostiene el alma». «El peso de lo que vemos sería demasiado fuerte sin el bálsamo de la oración. Además, me ayuda a llevar la excelencia a mi día a día», asevera.

El acuerdo entre la Santa Sede y el hospital Bambino Gesù cumplirá seis años en diciembre. Desde entonces se han realizado casi 500 operaciones de rescate pediátrico. El helipuerto también se utiliza para las operaciones de trasplante de órganos neonatales. «A veces se ve a la Santa Sede como un mundo completamente blindado. Pero no es así. Se ha creado una sinergia formidable. Aterrizar con niños a bordo en estado grave sabiendo que al otro lado, en los jardines del Vaticano, van a estar los bomberos, la gendarmería vaticana y los médicos de la Santa Sede preparados nos da mucha seguridad», concluye.

En cifras
491 operaciones de rescate de niños realizadas con el helicóptero.

Seis minutos se tarda en tener todo preparado en el helicóptero para volar hacia el hospital.

Cinco años y nueve meses han pasado desde que comenzaron estas operaciones.

Tres es la media anual de operaciones de salvamento ante casos de niños ahogados.

Victoria Isabel Cardiel C.(Alfa y Omega)
Imagen: Un bombero observa el aterrizaje de un helicóptero
en el helipuerto vaticano.
(Foto: Hospital Pediátrico Bambino Gesù)

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