Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Corintios 2 4:6

Ángelus del Papa: «En nuestra debilidad, sentimos a Dios más cerca»

«Cuando experimentamos nuestra debilidad y fragilidad, es cuando podemos sentir a Dios aún más cerca, porque se nos ha presentado así, débil y frágil». Fueron las palabras del Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus, en el primer día del nuevo año 2022. El Pontífice recordó que Jesús, «nace pequeño y necesitado para que nadie deba avergonzarse jamás de sí mismo” e invitó a todos a vivir en fraternidad y trabajar en la construcción de la paz mundial.

Ciudad del Vaticano, 1 de enero 2022.- Tras haber celebrado la primera Misa del Año 2022, el sábado 1 de enero, solemnidad de María Santísima, Madre de Dios; el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

María presenta a Jesús para todos
Reflexionado sobre el Evangelio de la liturgia de hoy que habla de la Virgen, «remitiéndonos nuevamente al encanto del pesebre», el Santo Padre destacó que María, tras el nacimiento del Hijo de Dios, «no se lo guarda para ella misma, sino que nos lo presenta» y deja que los pastores que van sin demora hacia la gruta, puedan adorarlo:

«Lo deposita para invitarnos a mirarlo, a acogerlo y a adorarlo. He aquí la maternidad de María: el Hijo que ha nacido nos lo ofrece a todos nosotros», añadió el Pontífice subrayando que al colocarlo ante nuestros ojos, «sin decir ninguna palabra», nos da un mensaje estupendo:

“Dios está cerca, a nuestro alcance. No viene con el poder de quien quiere ser temido, sino con la fragilidad de quien pide ser amado; no nos juzga desde lo alto de un trono, sino que nos mira desde abajo como a un hermano, más aún, como un hijo. Nace pequeño y necesitado para que nadie deba avergonzarse jamás de sí mismo”.

Para Francisco, precisamente cuando experimentamos nuestra debilidad y fragilidad, es cuando podemos sentir a Dios aún más cerca, «porque se nos ha presentado así, débil y frágil».

«Es el Dios-niño que nace para no excluir a nadie. Para hacer que nos convirtamos todos en hermanos y hermanas».

Un pensamiento especial para las jóvenes madres
Por ello, el Papa indicó que el nuevo año empieza con Dios que, «en los brazos de su Madre y acostado en un pesebre», nos anima con ternura:

“Tenemos necesidad de este aliciente. Vivimos aún tiempos inciertos y difíciles a causa de la pandemia. Son muchos los que están atemorizados por el futuro y agobiados por las situaciones sociales, los problemas personales, los peligros que provienen de la crisis ecológica, de las injusticias y de los desequilibrios económicos planetarios”.

Y dirigiendo su mirada a María con su Hijo en brazos, el Pontífice dedicó un pensamiento especial a las jóvenes madres y en sus hijos que huyen de las guerras y de las carestías o que esperan en los campos de refugiados:

«Contemplando a María que coloca a Jesús en el pesebre, poniéndolo a disposición de todos, recordamos que el mundo cambia y la vida de todos mejora sólo si nos ponemos a disposición de los demás, sin esperar que sean ellos los que comiencen» -dijo Francisco- haciendo hincapié en que, si nos convertimos en artesanos de la fraternidad, «podremos tejer los hilos de un mundo lacerado por guerras y violencias».

La paz es un don y un compromiso
En alusión al Día Mundial de la Paz, que se celebra este 1 de enero, el Papa puntualizó que la paz «es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido» (Mensaje para la LV Jornada Mundial de la Paz, 1):

“Don de lo alto: debe ser implorada por Jesús, porque solos no somos capaces de custodiarla. Sólo podemos construir verdaderamente la paz si la tenemos en nuestro corazón, sólo si la recibimos del Príncipe de la paz. Pero la paz es también nuestro compromiso: nos pide dar el primer paso, nos pide gestos concretos. Se construye con la atención a los últimos, con la promoción de la justicia, con el valor del perdón, que apaga el fuego del odio”.

En este sentido, el Santo Padre aseveró que para lograr la paz también es necesaria una mirada positiva, es decir, que siempre se mire – en la Iglesia como en la sociedad – no el mal que nos divide, sino ¡el bien que puede unirnos!.

«No sirve abatirse y quejarse, sino arremangarse para construir la paz» -concluyó Francisco- orando para que «la Madre de Dios, Reina de la paz, al comienzo de este año obtenga la concordia para nuestros corazones y para el mundo entero».

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